La chica del tiempo

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Capítulo VI

El evento había comenzado hacía más de tres horas y la cantidad de gente que rebosaba por las instalaciones, era más de la que se esperaba recibir. Todos y cada uno quería apreciar los sueños más descabellados y sobre todo, que uno de nosotros plasmara en un bonito dibujo o lienzo el sueño que ellos habían tenido: en su niñez o juventud.

Ya iba por el décimo en el día y sentía la desesperación correr por mi sangre.

Por mucho que quisiera tomar un relajado descanso de unos diez minutos, la cantidad de las personas que se amontonaban para que tocara su turno crecía conforme pasaba el tiempo.

Era un trabajo muy agotador; después del sexto ser que me había contado su sueño, había dejado de ver a las personas a la cara, puesto que sólo se sentaban para ver un punto fijo y comenzaban a hablar. En resumen, les importaba en lo más mínimo el autor de su dibujo.

Había terminado de hacer a blanco y negro el dibujo de dos edificios con una distancia considerable y una persona en pleno vuelo saltando por los aires de un lado a otro.

Lo observé y luego lo volteé para mostrarlo al señor de complexión delgada. Él tenía una mano en su barbilla y sus ojos brillaron.

– Tienes un gran talento, chico. – se levantó de la silla y me entregó una cantidad de dinero, llevándose el cuadro consigo.

Agradecí con la mirada y volví a colocar un lienzo en el tripié para recibir a la siguiente persona sin muchos ánimos.

Escuché cómo la persona se sentaba con ligereza en la silla de madera y permanencía en silencio.

– ¿A blanco y negro o a color? – pregunté amablemente pero ya automáticamente.

– A color. – respondió una voz muy suave que parecía provenir de una chica.

Parpadeé algunas veces y esperé con atención a que aquella melodiosa voz me indicara qué tenía que dibujar.

– Sueño con un chico... – comenzó y casi podía sentir su mirada penetrando por encima del lienzo. – con cabello café claro, ojos oscuros y su color de piel parece bronceada. – comenzó y en seguida comencé a trabajar en ello siguiendo las indicaciones de la chica. – Sus hombros son anchos y puedo agregar que tiene una complexión media. – pareció detenerse por un momento y luego aclaró su garganta para proceder. – Su nariz es respingona, sin embargo es pequeña; y tiene unos labios carnosos pero no voluminosos. – esperó a que asistiera con la cabeza y suspiró levemente. – En sus ojos tiene un brillo muy hermoso cuando aparece en mis sueños... Y sobre todo, cuando sueño con este chico, él parece buscarme.

Fruncí mi entrecejo y observé que conforme iba dibujando al chico, éste parecía tener parecido a mí.

– No sé de dónde lo conozco, pero sé que él es especial... Y un poco loco. – se rió para sus adentros. – ¿Sabes? Este chico hizo lo imposible para poder encontrarme...

Mi pincel se concentraba en poder mezclar bien los colores y agregarlos al dibujo, pero no podía evitar poner atención al relato que la chica estaba narrando.

– Él es muy especial... No te estoy aburriendo, ¿verdad? – asomó un poco su cabeza y yo sin poder desviar los ojos, negué con la cabeza. – Bien... Él ha estado muy desesperado por encontrarme últimamente, aunque sigo diciendo que no es tiempo... – suspiró pero no le presté importancia. – ¿Tú puedes creerlo? – ella suavizó su voz. – Él ha hecho de todo para encontrarse conmigo en este mundo... – la última palabra llamó mucho mi atención y mis manos parecían ansiosas por terminar el cuadro y verla directamente. – Incluso organizó una exposición en este Academia y puso una pintura de mí como atracción principal.

Mi mano se detuvo abruptamente y con cuidado observé el cuadro terminado.

Él era yo. Yo estaba en ese cuadro.

Esperé un momento para que la pintura se absorbiera con rapidez y no arruinarlo tanto.

Ella estaba hablando de mí... ¿era la chica de mis sueños la que estaba detrás?

Los nervios se apoderaron de todo mi cuerpo, no sabía cómo reaccionaría ella o cómo lo haría yo, simplemente quería verla y comprobar que era real, que realmente estaba sentada detrás del lienzo en una silla de madera.

Bajé el cuadro y lo volteé para que ella pudiera observarlo aún evitando su mirada.

– Es perfecto. – habló por fin. – Pero yo no estoy buscando al chico del cuadro.

Bajé un poco mi obra para poder observar por encima de ella.

Sus ojos fueron lo primero que apareció en mi vista.

Aquellos ojos tan excepcionales esperaban con paciencia que bajara el cuadro por completo.

Ella sonrió sin mostrar los dientes y pasó uno de sus mechones por atrás de sus orejas.

Mi boca se abrió con impresión y dejé el cuadro en el suelo para poder observarla de lleno.

Era hermosa, incluso con una ropa más normal era hermosa.

Era tal y como la había soñado la última vez.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: mitologia, amor, divinidades

Editado: 16.07.2018

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