La chica del tiempo

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Capítulo VII

Regresé a casa después de una muy larga jornada en la que no paraba de pensar en lo que realmente había ocurrido.

Después de la aparición de la chica, mis ganas por seguir plasmando los sueños de otros se esfumó por completo y aunque sonaba algo egoísta, me daba lástima escuchar cómo todos y cada uno relataba lo que pasaba por su imaginación con añoranza.

– Tienes que dejar de verlos con esa cara cuando ven tu obra final. – había dicho Diana apretando mi hombro mientras ordenábamos las estancias. – No todos tienen la misma suerte que tú de poder encontrar o de alguna forma, hacer realidad a su sueño. – sonrió como siempre lo hacía y se marchó a dejar las butacas en el lugar adecuado.

Dejé mi mochila en una de las sillas del comedor y despeiné mi cabello un poco para después ir a la cocina y tomar un aperitivo.

Llegué por fin a mi habitación dispuesto a darme una larga y tranquila ducha, sin embargo lo que descansaba en el escritorio había captado toda mi atención.

Era el dibujo de un chico con el cabello alborotado mas no se veía su rostro, y a juzgar por su postura, el chico volteaba hacia otro lado sólo un poco para poder dirigirse a otra persona.

Una sonrisa creció en mi rostro al leer la nota del final.

¿Cuánto más vas a acelerar las cosas, Dagon? – Z.

Parpadeé un momento y después acerqué la hoja mis ojos para verla mucho mejor. Y sí, efectivamente era la última letra del abecedario.

Por un momento demasiado corto había pensado que Diana era la autora del dibujo puesto que a ella le fascinaba muchísimo dejar sus modelos sin el rostro claro; pero la perspectiva desde donde se veía el chico era de otra persona y la letra que lo firmaba no era la de mi profesora.

La imagen de mi rostro girándose para ver a Diana parada en la grava vino a mi mente. La chica de mis sueños era la que había hecho el dibujo, de eso no me quedaba duda.

Comenzaba a aterrarme la idea de que pudiera ser alguna acosadora y estuviera jugando con mi mente o algo por el estilo. Pero por mucho que me diera miedo el que entrara a mi casa, algo me decía que no usurpaba nada ni husmeaba siquiera.

Extrañamente confiaba en ella.

Dejé el dibujo entre un cuaderno y retomé mi acción principal de ir al baño.

Como me había recomendado Diana, era muy pesado darle vueltas y vueltas a las cosas; y si tenía razón en algo (o al menos eso quería creer) era que "Z" había aparecido por algo en ese instante.

Quería pensar que un buen momento iba a pasar cuando amaneciera mañana.

Salí de ducharme y observé mi móvil vibrar sobre la mesita de noche.

Cuando lo tomé vi la insistencia que tenía Diana al marcar más de cinco veces en tan poco tiempo.

Atendí la llamada y ella ni siquiera dejó que diera la primer palabra porque ya estaba como loca vociferando:

– ¡La chica ha regresado para pedir informes de la Academia! – gritó con emoción.

Por mucho que me gustara celebrar con ella, mi mente no acababa de digerir la información.

– ¿Qué? – pregunté de vuelta rogando que repitiera lo mismo y no fuera una broma.

– ¡La chica de la exposición ha regresado para pedir informes de la maldita Academia! – Diana rió con triunfo detrás de la bocina. – ¿No es genial, Dagon? – dijo con demasiada euforia. – ¡Te lo dije! ¡Soy brillante! Ella regresó para ver si había lugares, ¡Dios, Dagon! Es que no puedo creer que realmente funcionara. – podía sentir cómo su emoción se transmitía con rapidez.

– Diana, te debo una. – dije con la misma alegría que tenía ella aunque lo mío sonaba más a alivio que nada.

– ¡¿Una?! ¡Me debes la vida entera! – rió. – Mañana te quiero temprano aquí, por lo que me dijo Melissa estaba tan convencida de querer entrar que prometió venir al día siguiente.

– Ahí estaré, no lo dudes. – sonreí y después de despedirme y darle las gracias, colgué el teléfono.

Demasiado bueno para ser real, pero muy real como para tomarlo como algo perfecto.

Me recosté en la cama y observé el techo, aún no era hora de dormir pero sin duda no sabía de qué otra manera matar las ansias que me comían vivo porque el tiempo pasar más rápido.

Tenía fe en que al cerrar los ojos podría ver los suyos.
 

 

Aunque no había dormido del todo bien, tenía la energía suficiente para rendir un nuevo día porque estaba entusiasmado por ver a la chica entrando en nuestras instalaciones.

Tomé un desayuno bastante ligero y tomé mi mochila habitual para cerrar la puerta de mi departamento, bajar las escaleras y salir a la muy acogedora acera que me esperaba.

Si tendría algo de suerte, encontraría a la chica por ahí de camino al establecimiento.

Una brisa sopló levemente detrás de mi nuca y al volver mi vista atrás simplemente no había nadie.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: mitologia, amor, divinidades

Editado: 16.07.2018

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