La chica del tiempo

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Capítulo XVIII

Una vez dentro del departamento Zenda evitó mi mirada y mis palabras como lo venía haciendo desde el camino de regreso de la Academia.

– Creo que ya es hora de que comiences a darme explicaciones. – cerré su paso mientras se dirigía a la cocina por un vaso de agua probablemente. Sus ojos ni siquiera me querían ver, simplemente agachaba la cabeza y temía que estuviera llorando desde que habíamos regresado de la Academia. – Y quiero explicaciones completas, Zenda. – alcé su barbilla con un ligero roce para no atormentarla. – Si me llegas a ocultar una cosa más, siempre habrá algo o alguien que lo destape o que simplemente plante más dudas en mí y por consecuencia, el confiar en ti y amarte no será del todo fácil.

Los ojos de la chica se cabello cobrizo al fin se habían enfocado en los míos, su contorno rojizo y de irritación era lo que ponía mi estómago a revolotear.

Tal vez, por alguna razón que desconocía, Zenda me ocultaba todo lo que me tenía que ocultar; pero si quería ser sincero conmigo mismo, me mataba que ese algo pudiera dañarla más a ella que a mí.

– ¿Quieres la historia completa? – preguntó con la barbilla temblándole.

– Quiero las partes que omitiste... Todas las partes que Cronos y tus hermanas (o qué sé yo) me han estado ocultando. – tomé su mano y la puse en mi pecho. – No ocultes nada, prometo que no dejaré de luchar por nuestro objetivo...

Zenda me observó con miedo y después suspiró cerrando sus ojos con unas bolsas notorias de su constante llorar.

– Te mentí acerca del reloj de arena... Sabía perfectamente lo que significaba, pero no tenía idea de que Cronos te lo estaba mostrando...

» Cronos ya te ha dejado con dudas porque cree que si te explico la situación al final termines por dejar todo esto... Dagon, las cosas ya no son tan simples como antes, ahora que amenazan con contarte todo tengo que apresurar a decirte lo que sé... Ahora es mi obligación hacerlo.

– Entonces empieza ya. – insistí un poco irritado por sus rodeos.

– Tal vez pienses que Cronos es un ser retorcido porque me creó de esta forma... Aquello que dijo Calíope: "alguien por quien llorar"... Pero no, Cronos no es el único que tiene alguien como yo... Hay muchos más iguales a mí, todos y cada uno destinados a morir siendo creados por Dioses y negándoles el regalo de la inmortalidad.

» Es extraño, los que fuimos creados así tenemos una cosa en común... Nos enamoramos de mortales; no sé porqué Cronos creyó que sería la excepción.

» Tal vez el hecho de sentir que somos como ustedes de alguna manera es que sucumbimos a amarlos.

» Seguramente has oído de alguna persona que ha estado al borde de la muerte y por un "milagro" vive... No en todos los casos es igual, pero no es casualidad.

» Cuando esto pasaba en la antigüedad, las personas agradecían a los Dioses por su consideración de mantenerlos con vida y a cambio los alababan; pero llegó un tiempo en el que a ellos les dolía sacrificar algo tan bello y puro por los mortales tan avariciosos... Y los humanos los repudiaron de sus creencias.

» Y con sacrificar me refiero a que los que son como yo tenían el mismo destino... Y es por eso que los Dioses ya no lo hacen, porque ahora que los humanos no los toman en cuenta, no se ven en la obligación de darles algo a cambio...

» Por eso a Cronos le duele tanto que yo haya seguido este camino...

» Aunque los demás seres con la vida contada estén enamorados de un mortal, sus creadores les hacen reprimir sus sentimientos y después de eso, sólo andan como almas en pena sin objetivo en la vida... Y Cronos no quería que fuera igual a ellos, tan vacía... Así que permitió que te siguiera, aunque eso tuviera como consecuencia mi muerte... Él me ama lo suficiente como para dejarme morir por alguien a quien amo no por defecto... Si no por elección propia...

» Cuando él te dijo que yo tampoco elegí a quién amar, no se refería a que yo tuve que amarte, sino que, mi amor por los mortales tenía que surgir porque así era la costumbre...

Zenda paró su explicación y se sentó en el sillón de la sala. La seguí con un nudo en la garganta, pues parecía que ahora mi cerebro estaba procesando a la par que ella hablaba y no podía evitar sentir una tristeza profunda por el triste destino de la chica frente a mí.

– Zenda... – traté de que mi voz no se quebrara.

– Aún no termino... Respecto a mi condena, aquella que Cronos te recitó en mi jardín... – observó a la nada. –
"Cuando tu corazón lata con desesperación, cuando sientas mariposas en tu estómago y sientas a ese ser como el núcleo de tu vida; es ahí cuando sentirás la sensación de amar... Y tal será el único ser que puedas amar. Si éste desaparece, tú morirás de tristeza... – paró justo en donde Cronos había parado, pero sus labios volvieron a agarrar aire y continuó. – Y si lo amas, entonces tu vida pasará a ser la de él; tu ser le pertenece y a nadie más, si él sufre, tú sufrirás... Y sólo vivirás por él y para él hasta que llegue el día en que el amor les consuma y la más triste de las partidas llegue a esa pareja. Sin embargo, a pesar de que te volverás polvo, él continuará el ciclo normal de la vida" – me observó a los ojos. – Dagon, no quería que lo supieras... Pero no hay un futuro para nosotros, de verdad lo siento muchísimo... Porque estoy segura que no habrá nadie en el mundo que te ame más que yo...



Berenice Belmonte

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En el texto hay: mitologia, amor, divinidades

Editado: 16.07.2018

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