La chica del tiempo

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Capítulo XXIII

Fue cuando la tormenta cesó que Zenda y yo tuvimos que regresar a casa.

No sabía cuánto tiempo había pasado, pero al parecer era suficiente para que ni mi padre ni Angélica estuvieran esperándonos. Ninguna de las luces estaban encendidas y su puerta estaba cerrada.

Subimos las escaleras y nos quedamos en la habitación en completo silencio.

– ¿Veintitrés?– pregunté simplemente para romper el hielo y me dio gusto que Zenda reaccionara con un risa muy breve pero sincera.

– Creo que se me olvidó tocar ese tema.– una sonrisa se había quedado plasmada en su cara.

– Entonces, ella era Nara...– me senté en la cama y ella me imitó.– Me gusta su cabello, parece demasiado natural.– dije y Zenda me observó con las cejas levantadas.– Cierto, en tu mundo sí existe eso...– reí y ella también.– ¿Lo notaste?– pregunté mientras tomaba un mechón de su cabello y lo ponía visible para ambos.

– Casi como si me recorriera el cuerpo.– dijo con tristeza observando su piel ahora un poco más blanca que antes.

– No sabía que podías hacer eso...– observé la ventana y sentí su mirada en tono de duda.– Ya sabes, eso de poder atacar con las luces que produces...

– Yo tampoco.– rió.

– ¿Estás bromeando?– reclamé ofendido.

– No, ni un poco.– su sonrisa no se borraba.– Es la primera vez que sucede, raramente podíamos mostrar ese tipo de cosas allá... Pero esta noche fue diferente... Fue como si ambas supiéramos que podíamos hacer eso, y más aún, perjudicar a la otra...

– Bien, Zenda.– me puse frente a ella y la tomé de sus manos para que pudiéramos salir al balcón que en mi recámara se posaba.– Ven acá.

Una vez salimos por el ventanal, nos sentamos en el sofá que mi padre me había regalado.

– ¿Qué pasa, Dagon?– me observó a los ojos y una sonrisa se asomaba entre sus comisuras.

– Hay algunas cosas que me gustaría preguntarte antes de que pasen más cosas como: una de tus hermanas manejando la naturaleza o apareciendo después de un relámpago. – la risa de Zenda inundó mis oídos como si fuera un sonido tan grato que escucharía todos los días. 

– No pudiste ser más específico. – rió y me miró con una de sus bellas sonrisas. – Habla.

– Hace no mucho tu hermana mencionó algo sobre el tiempo que nos daba Cronos... Lo cual me llevó a preguntarme qué pasaría si nada de esto se cumple a final de cuentas... Es decir, todo por lo que hemos estado luchando, al final no pueda cumplirse... ¿cuál serían las repercusiones? – pregunté con cuidado para que Zenda no lo pudiera mal interpretar.

– Dagon... Estamos más cerca de lo que piensas. – contestó con miedo en su voz.

– No es eso... sino que, me dio curiosidad pues la advertencia de tu hermana se veía muy seria...

– Bueno. – Zenda se acomodó y observó el bosque inundado de la capa de la noche, en medio de todo su drama, suspiró. – Simplemente regresaría.

Me quedé un momento en silencio, pero al ver que sería la explicación final de Zenda mi corazón dio un vuelco.

– ¿No es estupendo? – mis ojos brillaron y las cejas de Zenda se juntaron. – Por lo menos seguirías con vida...

– ¿Qué? – podía ver las esperanzas de Zenda caer por los suelos y me dolía, pero prefería eso a que ella diera su vida por mí. – No, Dagon, eso no es bueno... 

– ¡Claro que sí! – repuse en su contra.

– Baja la voz. – me regañó ella y se acercó para poder susurrar. – El regresar con ellas y él no significa que todo siga su curso... Tus recuerdos acerca de mí se borrarán por completo, sin contar que tu vida tendrá un curso muy diferente a este... Dios, Dagon, ni siquiera te imaginas todo el desastre que eso podría causar... – su rostro se veía realmente afligido.

– Zenda, no es el fin del mundo... – traté de tranquilizarla, pero no funcionó muy bien.

– No lo entiendes. – se puso en pie y ahora era ella quien no moderaba su tono de voz. – Yo estuve presente por lo que parece cada segundo de tu vida, cada día y cada año. – sus cejas se fruncieron. – Si yo fuera borrada de tu memoria, no sólo sería eso, ¿recuerdas que Cronos es el dios del tiempo? – señaló el cielo como si él estuviera presente. – Si por eso fuera, tú ya no existirías...

Se dejó caer en el sofá con la mirada perdida como muchas veces.

Realmente le dolía tocar el tema... Era en esos momentos cuando me daba cuenta que Zenda daría todo por mí aunque eso significara dejarme en mundo tan devaluado. Era en ese instante donde me podía dar cuenta que el dolor que los ojos de la chica que robó mi corazón era tan verídico y palpable sólo por mí.

– Es que no tienes ni la menor idea de lo que ocasionaría... – Zenda me miró a los ojos. – El tiempo que has vivido no se lo debes a Cronos... fui yo la que te mantuvo con vida todo este tiempo... Es por eso que el tiempo es tan importante para nosotros... – tomó mis manos y casi podía proyectar el amor que por mí sentía. – No estás obligado a amarme... Es una cosa muy diferente...



Berenice Belmonte

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En el texto hay: mitologia, amor, divinidades

Editado: 16.07.2018

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