La chica del tiempo

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Capítulo XXIX

 

Hylym y Lexie habían regresado a donde sea que estos seres vivieran para así poder convencer al resto de sus hermanas de estar del lado de Zenda.

La chica de cabello oscuro parecía feliz de saber que no todas sus hermanas la odiaban, pero más aún de saber que podía contar con ellas; sin embargo, parecía más preocupada ahora, no podía dejar de pensar en el confrontamiento que podía surgir entre una "familia".

– ¿Puedo preguntarte una cosa?– me senté a su lado mientras le daba el plato de frutas picadas que me había pedido.– ¿Por qué Hylym preguntó si pelearía?

– Al parecer las intenciones de Calíope no es tener una plática pacífica... Tenemos asuntos pendientes desde que vino, pero sigo sin entender realmente cual es la razón que la llevó a tomar una decisión así...– observó su comida.– Si Calíope baja a buscarme, lo cual no le llevará tiempo, significa que quiere adelantar el proceso de todo esto... Tengo una que otra teoría.

– ¿Cuál?

– Calíope puede venir a "matarme" junto a las que están con ella... Lo cual produciría una alteración en el tiempo y las Moiras darían por hecho que estoy muerta, por tanto, tu hoja se despegaría aún más del Árbol de la Vida...

– ¿Cómo que a "matarte"? – no terminaba de comprenderlo.

– Evidentemente no puede matarme puesto que si altera mi vida Cronos se daría cuenta, pero Calíope tiene muy buenos dones...– observó mis ojos con preocupación.– Si te mata antes... Yo no seré nada... Incluso creo que mi alma o espíritu simplemente se despegará de mi cuerpo e irá contigo por donde sea que vayas... No sé, todo esto es muy confuso.

– Si termina conmigo, tú morirías de tristeza, ¿no?– recordé las palabras de Cronos respecto a lo que Zenda se refería.

– Exacto... no tiene caso... Pero ella es muy capaz de hacer todo.– observó por la ventana.– Es la que tiene más sentido. El hecho de que sólo venga a pelear por el amor de Cronos me suena muy ridículo, mejor dicho, quiere venganza.

– Voy a estar contigo siempre, Zenda.– tomé su mano y la coloqué en mi corazón.

– Tienes que prometerme algo, Dagon.– sus ojos viajaron a mi pecho.

– ¿Qué cosa?– sonreí.

– Si algo pasa, si lo que ellas buscan es pelea y estás indefenso por una u otra razón, quiero que te vayas.– rogó con su mirada.– No soportaría que algo te pasara y murieras antes de tiempo porque todo esto sería en vano.

Sonreí para darle tranquilidad.

– Lo prometo.




 

Las cosas estaban así:

Calíope bajaría en un día para evitar que el lapso que Cronos nos había dado se cumpliera, en pocas palabras, Calíope y sus hermanas acelerarían el proceso y así surgiría el enfrentamiento entre Zenda y ella tratando de atentar o salvar mi vida.

Lexie parecía poder comunicarse con Zenda sin necesidad de bajar y había escuchado un poco de su plan.

Si Zenda accedía a dejar el plan, Calíope hablaría con todos los Dioses involucrados y los convencería de que todo quedara tal y como estaba y que mi vida siguiera su curso, o sea, cuando tuviera que morir, moriría.

Sin embargo, Hylym le había dicho a Lexie que Calíope no era muy del agrado de los Dioses y crearía una catástrofe.

Era todo un drama, pero Zenda tenía bien en claro lo que haría y sus planes no suponían rendirse.

Me había dicho que no quería pelear contra sus hermanas, pero que si era necesario, lo haría.

Justo ahora Zenda se encontraba observando las estrellas mientras sostenía mi mano.

A pesar de que le había prometido que si algo le pasaba me iría, no pensaba cumplirlo del todo, no soportaría huir como cobarde, pero por lo menos quería quedarme con ella hasta mi último aliento o hasta que Cronos viniera y decidiera dar por hecho que no habíamos cumplido con nuestro cometido.

– Lexie me dijo lo que pasaría si Calíope hubiera dejado correr todo.– me sonrió.– Cronos iba a darnos un poco más de tiempo, pero con lo que está pasando, dudo mucho que quiera considerarlo... Supongamos que la mitad de sus tesoros te odian, él no podría perdonar de cierto modo eso...

– Entonces, pase lo que pase, es casi el mismo destino, ¿no?– pregunté.

– Parece que sí... – Zenda suspiró y tomó un mechón de su cabello.– Lo siento mucho... No quería ponerte en todo este problema, ahora mis hermanas quieren terminar contigo.

– Supongo que eso pasa más o menos en mi mundo cuando dañan a su hermana.– traté de animarla.

– Pero ellas no vienen porque voy a morir, vienen por el hecho de que prácticamente voy a morir por ti... ¿ya entiendes?

– Lo entendí desde el principio, pero ya no quiero que te preocupes por eso, Zenda.– me puse en pie y ella me siguió con la mirada, extendí mi mano hacia ella y la levanté. 



Berenice Belmonte

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En el texto hay: mitologia, amor, divinidades

Editado: 16.07.2018

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