La chica del tiempo

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Epílogo

Ya habían pasado por lo menos 5 días desde que ella ya no estaba con nosotros.

Me sentía vacío pero a la vez me sentía feliz pues sabía que por lo menos Zenda estaría en un lugar mejor disfrutando de cualquier maravilla que estuviera deleitando sus ojos ahora mismo.

Realmente no sentía pesadumbre como pensaba ni tampoco presencié algo como fortaleza recorriendo mi cuerpo o algo que me diera indicios de que mi vida se había alargado.

Pero no importaba pues ahora ya no sabía qué hacer con lo que quedaba de mi vida, ahora que lo pensaba sí estaba solo pero jamás lo había notado o le había dado importancia pero en fin no es importante ahora.

Las hermanas de Zenda habían prometido visitarme a veces antes de que muriera pero se negaban a decirme cuál era mi lapso de vida sin embargo respecto a Calíope no había despertado en la tierra pero estaba seguro de que recibiría un castigo muy severo de parte de Cronos.

Mi padre aún había regresado y daba gracias puesto que no quería que viera la cabaña en donde había nacido y me había creado junto a mi madre destrozada, seguramente me re prendería mucho pero después querría sacar a luz el tema tan delicado de mi madre y era lo que menos quería ahora con lo que Calíope me había recordado.

Justo ahora me encontraba recogiendo la madera que se había esparcido por la montaña gracias a los destrozos que los tesoros de Cronos habían causado.

Aunque las hermanas divinas habían prometido visitarme en los últimos días ni siquiera había rastros de ellas. Me había quedado con la esperanza de no sentirme tan solo después de la partida de Zenda, pero a quién engañaba los tesoros de Cronos seguramente tenían cosas mejores que hacer que venir a visitar a un simple mortal.

Era raro que ahora tuviera esta mentalidad puesto que pensé que la partida de Zenda me haría un poco más positivo respecto a cómo veía las cosas y también me enseñaría a agradecer lo que tenía y lo que no.

Realmente la extrañaba no negaba que por las noches la cama se sentía realmente sola sin ella, sin sus ojos o su cabello o simplemente su cuerpo junto al mío.

No sabía cuándo había empezado a aferrarme a las personas, tal vez será porque no había conocido a nadie que valiera la pena.

Por fin había acabado de sacar la madera dañada y había pagado con dinero de mi padre lo que costaría la reconstrucción de la cabaña.

Solté un suspiro y me acerqué a la orilla de la montaña recordando como la chica de cabello oscuro se había quedado levitando antes de siquiera tocar el suelo y me alegraba aún más saber que por lo menos puede salvar su vida una vez.

Tal vez aún se habían quedado muchas dudas cómo cuál era su color favorito o cuál había sido su mejor experiencia en la tierra pero incluso con eso podía vivir. Lo que no entendía o mejor dicho lo que no terminaba de entender era porque alguna de sus hermanas le había dicho que se iría a otra vida.

Incluso sus hermanas me habían dejado con muchas dudas pero lo poco que me contaran de ellas me sirvió mucho para saber que ya formaba parte de su familia porque Zenda así lo quería.

Bajé de la montaña pertenencias y las de Zenda, las cuales no habían desaparecido y por lo menos físicamente me había quedado con un pedazo de ella lo cual realmente me confortaba y me animaba a seguir adelante con mi promesa puesto que ella había sido de las personas que realmente se quedan en tu corazón qué no puedes defraudar porque simplemente no se lo merecen.

Hay muchas cosas sobre ella que me gustaría decir pero justo ahora no encuentro palabras para describir cómo fue la experiencia al vivir con ella o prácticamente a su lado.

Si era verdad lo que habían dicho sus hermanas entonces rogaba los dioses que su vida siguiente fuera como inmortal porque simplemente su alma merecía ser digna y vivir por siempre y para siempre.

A Zenda no se le podía llamar Diosa del tiempo puesto que las diosas del tiempo se reconocen como Nona por el simple hecho de personificar el destino de mortales e inmortales y también por controlar el hilo de la vida.

Ella era como Dios por amar tanto el hombre y encarnar en un cuerpo humano para estar cerca de sus súbditos o mejor dicho de los que amaba.

Lo de Zenda era teriomorfismo mitológico o espiritual pero ella no fue un animal.

Su nombre era Zenda y era una mujer sagrada enviada por Cronos que se dejó llevar por su corazón y desafío a su creador para cambiar el futuro de la persona que cautivó su corazón.

Ella solía decir que sólo lo perfecto inmortal y que mi hoja ya se había separado del árbol de la vida que para mí no llegaría la primavera que me diera la vida eterna.

Era por eso que Zenda debía evitar que mi vida terminara a toda costa.

Su amor y mi muerte se frenaban por el deseo, un anhelo, decía que si yo faltaba en este universo ella moriría de dolor de tristeza pero en cambio que si nos culminábamos podríamos ascender a los cielos después de morir.

Ella mintió en lo último pero incluso con eso seguía siendo sincera puesto que ella no había especificado como subiríamos.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: mitologia, amor, divinidades

Editado: 16.07.2018

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