La chica que domo al domador

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Aniversario

 

-Gracias – dijo Leyla con una mirada dulce.

-¿Por qué? – preguntó él sin verla.

-Por todo, de no ser por ti hubiese muerto.

-Claro que no - soltó con su gruesa voz.

-Claro que si, tal vez, aplastada por el tren al seguir sus vías hasta el pueblo más cercano o tal vez, de hambre, o, tal vez por el frío en el invierno...

-Basta, no digas eso – soltó molesto. Le costaba siquiera imaginarlo, le dolía.

-Me salvaste Víctor. Jamás te lo podré pagar.

-No tienes que hacerlo... no lo hice por ti – termino su frase en un susurro.

-¿Qué?

-Digo que... - se levanto y dio un par de pasos en el diminuto vagón – has progresado tanto desde entonces.

-Es también gracias a ti.

-No.

-Sí. De no ser por ti, no tendría nada.

-Serias la misma que eres ahora – dijo tomando su rostro dulcemente.

El tacto de Víctor quemaba en su cuerpo, siempre había sido así, aunque fuera solo un roce sin afán o un empujón juguetón, Leyla sentía fuego proveniente del cuerpo de aquel hermoso hombre.

Ella abrió los ojos, no había notado cuando los había cerrado.

Al levantar la vista a sus mares de plata se dio cuenta de su tristeza.

-¿Sucede algo? - pregunto preocupada.

-No – forzó una sonrisa, pero ella lo conocía demasiado bien, o eso creía.

-¿Qué sucede?

-Nada – le dio la espalda y salió del vagón.

Ella lo detuvo del brazo cuando él ya había bajado los tres pequeños escalones, ella seguía en el vagón por lo que podía ver sus ojos sin tener que estirar el cuello como una tortuga, aunque aún debía mirar hacia arriba.

Él la miró con lágrimas en los ojos pero al hablar su voz sonó incluso más potente.

-Me alegra que estés aquí Leyla.

Se soltó de su agarre y camino hacia la carpa roja y amarilla.

Ella se quedo llena de dudas y un enorme vacío en su pecho. Lo que hubiese dado por poder estrecharlo entre sus brazos y calmar su pena, pero era imposible.

Vanessa se acerco hasta ella con una sonrisa.

-¿Y bien?

-¿Qué? – pregunto Leyla.

-¿Qué hacían?

Leyla la miro con los ojos entrecerrados y un gesto molesto.

-Nada.

-¿Nada?

-Nada – soltó exasperada.

La rubia sonrió, el amor que Leyla sentía por Víctor era imposible de ignorar, a ella le parecía muy tierno, aunque Víctor era un ogro cruel, al parecer la castaña lograba sacar su lado blando, al menos hacia la vida del grandulón más amena y ella lo agradecía, todos en el circo lo agradecían.

-Es lindo.

-¿Qué cosa?

- Lo que sea que tengas con Víctor. Es lindo.

-No hay nada, ya te lo he dicho.

-¿Ah no? no es lo que parece.

Leyla la miro fastidiada, Vanessa siempre le hacía tener falsas esperanzas en Víctor con sus comentarios y solo resultaba herida. Por lo que había decidido no escucharla más.

Porque aunque era cierto el que Víctor no era tan gruñón con ella cerca, porque aunque le sonreía con cierta ternura, ella no podía aceptarlo, ella necesitaba más. No podía conformarse solo con que la insultara menos que al resto o que le hablara más. Ella lo amaba y necesitaba amor también.

Esa noche salió a dar su actuación con el rostro de Víctor en su cabeza, pensando en su sonrisa en su suave cabello, en su entrecejo fruncido en concentración.

Deba vueltas en el aire de una manera hermosa, parecía una muñeca con su ajustado traje azul pastel y su piel llena de brillos. Subía por la tela dorada bailando como si fuera un ángel.

Víctor la observaba embelesado con la mandíbula tensa y los brazos cruzados sobre su pecho. No había red, sabía que una caída de esa altura seria mortal y en cada actuación de la chica no podía evitar sentirse tan aterrado como cautivado.

Markoc la veía también a un lado de Víctor. Sonreía al ver la expectación del público, como los niños se asombraban, los hombres se enamoraban y las mujeres admiraban.

-Es buena, parece volar en el aire.

-Sí - si dijo Víctor sin dejar de ver a Leyla.

-Fue buena idea la tuya, la verdad, pensé que estabas loco cuando llegaste con esa chiquilla flacucha y sucia hasta mi vagón esa noche. Realmente loco.

-Tal vez lo estaba – susurro Víctor con la mirada clavada en la danza aérea de Leyla.

-Pero fue un increíble hallazgo – continuo Markoc – dime la verdad. ¿Sabías que se volvería una de nosotros? ¿Te imaginaste que se volvería tan buena?

-No.

-¿Entonces?

-Yo... solo quería salvarla.

Markoc cambio su mirada de felicidad por una de inmensa pena.

-Hoy es el aniversario de...

-Sí – lo cortó Víctor de inmediato.

-Curioso, también se cumplen tres años de que la pequeña Leyla llegara con nosotros.



Frann Gold

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En el texto hay: circo, domador de leones, baile aéreo

Editado: 30.05.2018

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