La chica que domo al domador

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Despertar

 

Entró a la enorme carpa, el espectáculo estaba comenzando, los trapecistas volaban y Marcok desde abajo los miraba con orgullo. Todo era normal, tan normal como puede ser un circo. Pero algo había más... lúgubre que antes.

Se acercó hasta quedar al lado de Marcok. Este no se volvió, continuó mirando a los trapecistas volar.

Víctor no recordaba cómo había llegado hasta ahí.

-Marcok... creo... creo que algo malo me sucede...

El dueño del circo continuó mirando el espectáculo, con su frac blanco y su sombrero de copa del mismo color, su bastón que le servía puramente de adorno danzaba entre sus manos dando vueltas y vueltas.

-Marcok – trato de llamar su atención pero el hombre no se volvió.

Se dio la vuelta molesto y encaró al público. Todos y cada uno de ellos lucían una sombra oscura donde deberían de estar sus rostros.

Dio un paso atrás.

-Marcok – volvió a llamar.

El hombre al fin se volvió con una sonrisa típica en sus labios cada vez que una función terminaba como era debido.

Víctor vio como subió al escenario sin prestarle la más mínima atención.

-Ahora con ustedes, la joya de nuestra corona, la más hermosa bailarina aérea del circo D'etoiles.

Los tambores resonaron, el público esperó a la expectativa, el corazón de Víctor se detuvo.

-¡Layla!

Los aplausos resonaron y Leyla salió con su hermosa sonrisa y su pequeño traje azul. Su cabello indomable atado en un ajustado moño y lo miro, lo miro como siempre hacía al subir al escenario.

Él sonrió, jamás lo hacía, pero esta vez, no pudo evitarlo.

La chica subió a los listones que colgaban del techo para su acto y comenzó a escalar, bailaba en el aire como un hada y el casi podía sentir la magia desprendiéndose de ella y flotar hasta él.

Metió las manos a sus bolsillos tratando de alejar las lágrimas. Dentro de su chaqueta encontró una pequeña flor. La miro, azul, tan pequeña como un brote con el centro rojo.

-No me olvides...

Levantó la mirada, sobre el escenario estaba Leyla mirándolo con sus grandes y hermosos ojos castaños. Lo único que estaba alumbrado en todo el circo era el lugar en donde ella se encontraba, la música había parado, todo. Estaban suspendidos en el tiempo.

-No me olvides, por favor.

-No, no, por supuesto que no... Leyla... no te vayas.

Ella lo miró con esa sonrisa triste que le daba siempre.

-Leyla... por favor... no te vayas.

-No me olvides.

Todo quedó en penumbras, ella se fue. De nuevo.

Cayo de rodillas mientras empuñaba su cabello desesperado. Sintió que alguien lo miraba y levantó la vista esperando verla otra vez. Quedó de piedra la verlo.

-Leonel – susurro.

-Amigo... - su mirada era tan triste, llena de culpa – todo esto es culpa mía...

-¿Estoy... muerto? – pregunto sin encontrar otra explicación.

Leonel dio un paso al frente pero se devolvió a su sitio tras un instante.

-Por favor... por favor Víctor... despierta.

Todo se volvió blanco. La oscuridad se esfumó, como si jamás hubiese estado ahí. Escucho un bip que iba y venía.

Abrió los ojos de a poco, tanta luz, lastimaba sus pupilas.

-¿Víctor? ¿Estás despierto? – escucho en una mezcla de pánico y alegría.

Escucho un enorme alboroto por parte del dueño de esa voz que parecía tan lejana.

-¡Despertó, despertó, está despierto!

Trato de hablar, de levantarse, siquiera de pensar pero no lo logró.

Estaba desorientado, cegado por tanta luz y tan confuso.

-¿Qué sucede? – trato de preguntar a las personas que comenzaron a rodearlo.

-Esto es increíble yo... había perdido todo esperanza – escucho la voz de un hombre.

-Es un milagro – dijo una mujer.

-Por favor, déjeme hablar con él – de nuevo esa voz amiga.

-Ahora no.

Pasó un rato antes de que él fuese tomado en cuenta.

El hombre de blanco se le acerco y con una mirada amable y una sonrisa cínica le dijo:

-Bien Víctor. Eres un milagro. Has despertado después de tres años de encontrarte en un coma profundo.

-¿Coma? – trato de decir pero su garganta estaba seca y moverse le resultaba tan difícil como cargar el peso del mundo sobre sus hombros.

-Víctor amigo... todo esto fue mi culpa... yo... yo...

-Leonel.

Debió tornarse tan pálido como pensó porque su amigo de inmediato comenzó a escupir palabras con rapidez.

-No, no... lo lamento, no te haré daño, no... eso paso... hace mucho y... no... lo lamento mucho... todo fue mi culpa.

No entendía nada de lo que ocurría.

-Leyla... Leyla...

No entendía nada, pero necesitaba ver a la joven de cabello rebelde.

-¿Leyla? – Dijo su amigo - ¿Quién es Leyla?

-Leyla... ¿Dónde... Leyla?

-Yo... no se dé hablas... yo... no conozco a ninguna Leyla... llamare a Katty, tal vez ella... y a Ivanna. No lo podrá creer.



Frann Gold

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En el texto hay: circo, domador de leones, baile aéreo

Editado: 30.05.2018

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