La chica que piensa en el viento

Tamaño de fuente: - +

Delirio

 

-Es tarde – dijo Ronan cuando la chica termino su café – debes descansar.

Ella asintió entre un bostezo.

-¿Me lo darás ahora? – pregunto con una sonrisa de esperanza en los labios.

El hombre la miro pensativo y metió la mano en uno de sus bolsillos. Saco una pequeña bolita envuelta en papel rosa y la puso en la pequeña palma de la mujer. Ella sonrió como una niña y desenvolvió el chocolate, comenzó a comerlo y por un momento se olvido del mundo.

El hombre aprovecho la distracción de la chica para mirar al tabernero pelirrojo, su mirada era seria, ni una pisca de la dulce y tierna que le acababa de dedicar a la mujer.

Deposito un talento sobre la barra, el tabernero le devolvió la mirada fría.

-Serán tres drabines por las bebidas y dos iotas por las habitaciones.

-Tómalo todo – soltó Ronan, se acerco mas al pelirrojo apoyándose en la barra – somos dos primos que pasamos por aquí camino a casa de unos familiares. Si alguien pregunta, tú no sabes nada.

El tabernero tomo el talento y devolvió un puñado de monedas al hombre moreno. Este lo vio con el ceño fruncido.

-Yo no sé nada de ustedes, excepto que son primos y viajan con unos parientes, y no es mi costumbre ir por allí hablando de mis clientes.

Ronan sonrió a la mujer quien se había terminado su chocolate y lo miraba algo asustada por el tono sombrío que había usado.

-Bien, será mejor que subamos – Ronan y la mujer subieron por la escalera hasta las habitaciones.

-¿Qué te parecen Roshi? Yo creo que son algo extraños – dijo Bast acercándose a la barra.

-No es nuestro asunto.

-Claro, pero si tuvieras que adivinar.

-Me parece que alguien los sigue.

-A mi también, ¿viste lo nerviosa que estaba cuando entro aquí?

-Mejor olvídalo Bast, espero que no se queden durante mucho tiempo.

En la mañana la chica se despertó y bajo a la taberna hambrienta. No había nadie ahí por lo que observo todo con más detenimiento, mesas y sillas, bancos, la barra, botellas de licor, lo mismo que recordaba, subió su mirada y choco contra algo curioso.

Eso no lo recordaba, miro para ambos lados y al no ver a nadie cerca rodeo la barra y se acerco frente a las botellas.

"Delirio"

Estiro su brazo para tocar la curiosa espada, estaba ahí arriba sola y fría, la mano de la chica rozo solo un poco la espada pero fue suficiente para que en su dedo quedara un herida larga y delgada hecha por el filo de esta.

-Auch – dijo llevándose el dedo a la boca en un reflejo.

Escucho fuertes pasos acercándose, quiso correr hasta el otro lado de la barra pero era muy tarde, ya estaba tras ella. Escondió su mano tras su espalda para que el hombre no viera la evidencia, se sentía como una niña descubierta husmeando en el cajón prohibido de su padre, una vez le sucedió, no era bonito.

-¿Qué haces ahí? – le pregunto el hombre de ojos verdes.

-Nada.

-¿Qué escondes? – pregunto con el ceño fruncido.

En ese momento pensó lo peor de la chica, tenía experiencia con ladrones, se le ocurrió que su fachada podía ser solo el disfraz para robar en las posadas.

-Yo... solo... quería verla – susurro la chica viendo hacia el suelo.

-¿La que?

Ella miro la espada rápidamente y él comprendió.

-No debes tocarla es peligrosa – soltó con su gruesa voz de tenor.

Ella asintió y paso por su lado para salir del pequeño espacio, cuando lo hizo el tabernero bajo la mirada y vio la sangre en sus manos.

Tomo su muñeca y la levanto rápidamente.

-Estas sangrado.

-Ah, yo, no es nada... auch, no toques.

-Ven con migo.

La llevo hasta la cocina donde limpio su herida y la vendo.

-No es tan grave, al menos no necesitaras puntos.

-Que bien – sonrió la chica aliviada – gracias amm.

- Kote.

-Kote, yo soy Emm – dijo extendiendo su mano como presentación.

-¿Emm? ¿Solo eso?

-Sí, solo eso, es diminutivo de Esmeralda.

-Ah – solo atino a decir el pelirrojo pensando que el diminutivo de esmeralda era Esm o Esme o Alda.

La chica olfateo con los ojos cerrados.

-¿Es pan?

-Sí, debes tener hambre dado que anoche no cenaste.

Ella solo asintió con la cabeza.

-Ya debe estar listo – dijo acercándose a él.

Saco la charola del fuego y la puso sobre una mesa.

-¿Tu lo hiciste? – pregunto la chica acercándose a la charola.

-Sí.

-Mmm, huele delicioso – trato de tomar uno pero el tomo su muñeca de nuevo.

-Aun está caliente. Te serviré el desayuno.

La chica comía el estofado bastante rápido pero con elegancia, resultaba obvio para el pelirrojo que era una mujer adinerada, tal vez hija de algún conde, pero no era como todas esas mujeres que solían mirar a los demás hacia abajo, ella era más como una niña que no tiene idea de los eslabones jerárquicos.

-Esta delicioso ¿tú no desayunas?



Frann Gold

Editado: 10.08.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar