La concubina del faraón

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Capítulo 1

Hoy por fin cumplo los 17 y me estoy preparando con dos de mis esclavas para escapar de casa y conocer lo que hay afuera, espero poder encontrar algo hermoso mientras espero que mi padre se valla a su trabajo como arquitecto del faraón y mi madre se valla de compras con las esclavas, cuando por fin nos quedamos nosotras en la habitación ellas se encargan de llenar mi cuerpo con olores de primavera y colocarme uno que otro tónico para oscurecer mi piel dándome un aspecto un poco quemado, por ultimo recogen mi melena rubia que me da hasta las piernas para colocarme una peluca negra con el mismo largo.

Mientras me visten con una túnica blanca con cadenas de oro y plata, me colocan mis zapatillas dorada dándome un aspecto divino, cuando estoy lista me voy con las dos esclavas a conocer el rio Nilo y agradecerle al dios Aton por mi nacimiento, depuse de medio día de caminar a pie llegamos a la parte más baja de este y me quitaron la túnica quedando solo en las finas cadenas que rodean cada parte de mi cuerpo, miro todo el panorama y quedo maravillada 'por la belleza de este.

- Dioses de Egipto gracias por bendecir la vida de nuestra señora- dice una de las mujeres y la otra la sigue con la misma palabra - para que nuestra señora siga disfrutando de su vida te entregamos su cuerpo y alma a su disposición- dicho lo último me quitaron la peluca dejando mi pelo en una fina trenza.

Yo procedí a sumergirme en el agua dejando que sacara los tónicos y cada olor de mi piel, cuando estoy limpia decido arrastrarme hasta la orilla cuando de pronto veo a muchas personas mirándome como algo sumamente raro, reviso con mis ojos el alrededor sin salir del agua mirando a mis esclavas inclinándose a alguien, cuando salgo mi cabello cubre mis pechos desnudos y las personas se ponen de espalda menos una el cual me mira sin descaro alguno.

. ¿Quién eres tú? que mis esclavas se inclinan- pregunto a ese hombre caminado hacia el con pasos cortos y decididos.

-Soy tu Rey Ramsés III- me dice esta vez caminando hacia mí.

- Levántense y vístanme- le digo a mis esclavas las cuales me cubren con las túnicas, agarrando mi cabello para colocarme la peluca.

- Lista vámonos a mi palacio en Tebas - me ofrece dirigiéndose a mí.

- Eres su Rey, pero no el mío- digo sincera pasando por su lado.

- Todo lo que está en Egipto me pertenece- me arrastra hasta su carro ceremonial y este se pone en marcha hacia donde no se.

- Mas yo no te pertenezco- le reclamo y él me toma de las caderas asiendo que quede encima de él.

- ¡Tu más! ya que he decidido tener mi segunda concubina- reclama y sella sus labios con los míos.

- Nunca forzaras a una hija de Aton- digo cuando me separo de él.

- Esto es poco para lo que haremos- dice sincero mientras vuelve a reclamar mis labios y yo lucho para que me suelte.

- Mi Rey ya llegamos al palacio- nos informan y el me deja tranquila para después bajar del carro, mientras caminamos al interior de esta la cual tiene su estructura bien diseñada y puedo jurar por los dioses que mi padre la hizo.

- Alístenla para el banquete de hoy- dice a una línea de esclavas las cuales no me dejan admirar el lugar y me llevan a una gigantesca habitación.

Me desprenden de las túnicas y la peluca que traía puesta, me limpian el cuerpo con esponjas de jabón de oliva para darme un olor tropical a hiervas del bosque, cuando terminan me dejan sumergirme en la gran bañera que está en la habitación; mientras me sumerjo recuerdo su color de piel quemado y esos ojos marrones oscuro con su larga melena negra con su corona de oro y las túnicas verde con anillos de oro, me encanto ver los brazaletes que portaba los cuales están hechos de rubí y los tiene en cada mano, su cuerpo es musculoso y con una estatura perfecta.

Cuando salgo del agua estoy roja como la pintura de labios tradicional, me secan e impregnan mi cuerpo con perfume de rosas para después colocarme una túnica blanca con bordados de oro, me recogen el pelo en una trenzas las cuales adornan con flores para después colocarme collares de rubí y ponerme pintura tradicional egipcia, cuando terminan de arreglarme me colocan las zapatillas doradas para caminar por un largo pasillo guiada por las esclavas sin darme tiempo a reaccionar se abren unas puertas gigantesca de mármol rojo y todas las personas callan por mi apariencia.

- Totalmente bella- escucho murmullos.

- Les presento a mi próxima concubina- habla el rey y todos se quedan asombrados.

- Un diamante, es perfecta, enviada por los dioses- sigue el murmuro.



Melissa Cordero Lopez

Editado: 07.08.2019

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