La concubina del faraón

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Capítulo 8

Hoy se celebra un banquete como todas las pero este es diferente se celebra en mi honor y la unión del faraón con su segunda concubina conocida antes los dioses y los simples mortales como Nefera, cuando las esclavas terminan de guiarme hasta el templo de los dioses el cual está bañado en oro y tiene pilares los cuales tenían los rostros de los dioses tallados, hay lo veo a él, al rey de todo Egipto y el dueño de mi corazón el cual me espera con los sacerdotes cuando al fin a su lado me hacen sentarme en su regazo lo cual ya no me incomoda.

-Pueblo de Egipto hoy celebraremos la culminación de los 60 días a las plegarias al río Nilo, para que en nuestra tierra siga habiendo prosperidad y con él, la unión de nuestro faraón con su segunda concubina Nefera- dice el más anciano de los sacerdotes mientras levanta un bastón de bronce.

-Poneos de pie! -ordena el más joven haciendo que nosotros y todos los presentes se pongan de pie.

-Por los dioses Amón y su esposa Miet quiero presentar la unión del faraón con una hermosa joya enviada por ustedes mismos- dice un esclavo refiriéndose a los dioses.

-Ra que los protejan para que en poco tiempo nos entreguen un hermoso heredero- dice una mujer ahora.

-Representen sus votos a el dios Amón- agrega el más joven.

Inclinamos nuestras cabezas para rezarles a nuestro dios Amón para pedirle una vida de plenitud y virtud al lado del faraón para que yo le pueda dar muchos hijos tantos como esta nación, cuando terminamos volvemos a ponernos de pie para esperar que los sacerdotes terminen de hablar con los dioses para que bendigan nuestra unión, después de rato ellos se levantan y tienden a rociarnos con unos perfumes de rosa.

-Los dioses bendicen su unión -gritan todos los sacerdotes haciendo que casi muera del susto.

-Que vivan el rey y la reina de Egipto! - gritan todas las personas presentes.

-Desde ahora eres y siempre serás la reina de Egipto- me susurra en el oído haciendo que gire mi rostro y reciba sus labios.

-Viva el faraón y su hermosa consorte- dicen mis padres cerca del lugar donde me encuentro y noto cuanto los extraño.

-Mi rey te imploro que me dejes saludar, aunque sea a mis padres- le susurró en el oído el cual asiente dándome un casto beso en mis labios.

-Pase, madre- chilla emocionada cuando estoy a su lado, los abrazos mientras las personas que los acompañan se inclinan- por favor levántense- les exijo a esas personas lo cual ellos cumplen de una vez.

-Mi amada hija, ¿qué te sucede? estás demasiada pálida es que no comes bien en el palacio- dice mi madre acariciando mi rostro.

-Estoy perfecta, su majestad a si do muy bueno conmigo y me consiente mucho- digo sincera ganándome una que otra sonrisa de parte de mis padres.

Ante el tacto de mi madre me acurruco más a su cuerpo hasta que caigo en un profundo sueño tan cálido y alegre, de pronto me encuentro en una superficie blanda y caigo en cuenta que me trajeron al palacio recorro la alcoba con mi vista hasta que lo veo en el balcón admirando la fina noche con sus hermosas estrellas, me levanto de la cama admirando que ya no poseo todas las joyas que adornaban mi cuerpo yo decido caminar hasta él.

- ¿Que me sucedió? -le pregunto besando su espalda y él se gira dándome una sonrisa.

-Hay final los dioses me escucharon y esperas un hijo mío- dice riendo como un infante para después regalarme un inocente beso.

-Un bebé, ¿Cuánto tiempo tengo? - pregunto al saber que hemos estado muchos tiempos juntos.

-Los sacerdotes me confirmaron que más de un mes- me informa caminado conmigo hasta llegar a la cama.

El me deposita en está llevándose consigo una única túnica que me cubría, dejándome totalmente desnuda y a su merced admirando mi cuerpo, el sin exigencia baja su cabeza hasta mi vientre para besarlo lo cual conmueve mi corazón y quitó el poco de vergüenza que sentía, lo arrastró hacia mi tomando la iniciativa y queriendo que él me ame tanto como yo a él, hoy les ruego a mis dioses que si vuelvo a nacer en otra vida solo lo encuentre a él para que me ame y me quiera más de lo que lo quiero yo, hoy pido por mi hijo.

En la mañana siguiente me despierto por los rayos del sol, lo veo a mi lado y sin pensar le acarició el caballo haciendo que un poco se enrede en mis manos lo dejo dormir y decido tomar un baño, mientras me recuesto del borde de la bañera siento como masajean mis hombros para después ser remplazados por finos besos en esta hasta que veo que el ingresa en la misma atrayendo me a su cuerpo.

-Esta pequeña luz algún día será el Faraón de Egipto-e dice sobando mi vientre y besando cada parte de mi cuello.

-El será amado con todo mi corazón-le digo posando mi mano sobre la suya la cual acaricia mi vientre sin abultar.

-Por todos! -afirma mientras toma posesión de mis labios, subiendo su mano hasta mi seno el cual acaricia sin pudor.

Repetimos todo lo que hicimos en la noche solo con una gran diferencia en el aire, era el amor que anhelaba, esto es el tan anhelaba amor del que todos siempre me hablaban, tendré una gran descendencia con el faraón lo cual me llena de esperanza.



Melissa Cordero Lopez

Editado: 07.08.2019

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