La concubina del faraón

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Capitulo 16

Nef

Cuando salgo de ducharme no veo a sept por ninguna parte lo cual agradezco, pero me asusto cuando escucha su voz gritarle desde el baño decirme algo, lo cual agradezco porque no lleve ropa conmigo antes de bañarme, veo hacia la cama una caja blanca con un lazo dorado y me sorprenda al ver un hermoso vestido verde manzana con escote en forma de v el cual me queda hasta el tobillo y unas plataformas negras a juego, cuando terminó de vestirme procedo a ponerme un poco de labial para después hacer un recogido de amante dejando mi pelo suelto.

Cuando me giro veo a Sept parado detrás de mí solo con una diminuta toalla alrededor de esa espléndida cintura, me quedo como boba viendo su marcado abdomen y esos brazos bien trabajados dándome ganas de morder cada uno, tiro un pequeño grito al sentir mis mejillas arder y rojas como un tomate y salgo corriendo al pasillo, me recuesto en la pared pensando en esto que el despertó en mí, mi corazón está por salirse me del pecho por ese sentimiento y tenerlo tan cerca, ahora hasta me imagino un millón de cosas que pudiéramos hacer en esas cuatro paredes aunque no conozco muchas cosas sólo lo que leo en los libros porque soy una virgen forever pero si sigo cerca de él creo que eso puede cambiar, aunque también se bastante de sexo.

Me trató de calmar antes de subir al ascensor y bajar al lobby camino distraída hasta que chocó con los chicos pero al ver a Isabel recuerdo las palabra de Sept y por eso decidí seguir mi camino desviando me para poder entrar al restaurante para pedir pasta blanca con mucho queso amarillo y un poco de vino tinto cuando tome asiento en un lugar apartado, veo al rato a Sept entrar al lugar y mis mejillas se tornan de rojo veo como él toma asiento a mi lado mientras yo me concentro en lo mío para olvidar que esta aquí y dejar mi nerviosismo por su presencia, el pide lo mismo yo espero que el terminé porque me debe un tour por la ciudad, él se encarga de pagar por la cena para después agarrar mi mano y salir de ese lugar; subimos al auto para ponernos en marcha.

-Comenzaremos aquí- me señala una pequeña iglesia con escritura egipcia antigua muy bella, pero sé que para esa época ellos preferían ir al templo de los dioses- aquí es donde se reunían los cristianos cuando Jesús predicaba antes de que comenzará a buscar a sus discípulos- admiro bien un pequeño templo construido de cerámica y arcilla más adelante de donde nos encontramos.

-Es linda, ¡¿pero Jesús vivió en Jerusalén?! -en vez de pregunta afirmó.

-Documentos oficiales afirman que Jesús pasó una temporada aquí- me sonríe y la verdad es que casi no se de la Biblia para ser arqueóloga.

-Está es una biblioteca creada por Ramsés IV, porque su concubina Aliah una mujer muy hermosa para la época le encantaba pasar su tiempo leyendo y enseñando a los niños a leer- dice mientras conduce por la ciudad mostrándome ese gran edificio que tiene una estatua de una mujer de gran cuerpo.

-Ella era ¿Aliah? -pregunto cuando veo la estatua.

-Mi hijo por haber prohibido conocer la historia de mi mujer, los dioses lo condenaron a conocer a esa chica y no ser feliz con la que tuvo sus hijos- dice confiado mirándome directamente en los ojos.

-Sabes que no creo nada de eso- digo sincera.

- ¡Créeme algún día creerás! - me besa una vez se quitó el sí Turón para seguir mostrándome los edificios antiguos.

-Gracias por regalarme está magnífica noche y nuevos recuerdos que atesoraré siempre- le digo sincera una vez parques en la entrada del hotel, caminamos de regreso a la habitación una vez el sale del auto.

- ¡No gracias a ti! Por hacerme feliz está noche y creo que el resto de mi vida- lo último lo susurra abriendo la puerta de la habitación- me iré a cambiar al baño, cualquier cosa solo llámame- me informa cogiendo su bulto.

Yo trato de bajarme la cremallera del vestido sin poder lograrlo decido ir a buscar algo que ponerme cuando caigo en cuenta que no empaque un pijama y me tocará dormir en ropa interior lo cual no es una opción teniendo en cuenta que dormir con Sept, escucho como se abre la puerta del baño y el aparece sólo con un pantalón de pijama negro.

-Me podrías ayudar -le señaló la cremallera del vestido y él se acerca para bajarla rozando sus dedos con mis hombros, siento como el traga saliva y ese acto me pone nerviosa.

-Eres mi amada- dice mientras acaricia mi glúteo derecho más específico sobre mi lunar.

- No me toques hay- susurré cuando siento su boca en mi cuello.

- ¡No quería! Pero tú me lo pones difícil- susurra besando mi cuello y caigo en cuenta que no llevo brasier por el tipo de vestido.

Me alejo un poco de él cuándo siento unas de sus mano introducirse en mi ropa interior acariciando esa zona en específico mientras la otra acaricia uno de mis senos, sin poder negarme de mi se escaparon varios gemidos lo que está haciendo es muy placentero hasta que giro un poco mi rostro y el reclama mis labios haciendo que me giré totalmente para poder verlo, caminamos hasta chocar con la cama el sigue con su labor de introducir un dedo en mi interior por la sorpresa de esa nueva sensación se me escapa un gemido lastimoso lo cual hace que él se aleje un poco de mí.



Melissa Cordero Lopez

Editado: 07.08.2019

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