La concubina del faraón

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Capítulo 22

Estoy sufriendo esto de verdad duele, demasiado tanto tiempo creí que nunca fui esa chica que esos sueños, eran una estúpida historia que creo mi mente a ser abandonada a orillas del rio Nilo cuando solo tenía 3 años y solo decía una palabra repetidas veces "Nef" creo que siempre quise decir que me llamaba Nefera, pero al ser tan pequeña solo me salían esas pequeñas silabas.

Ahora veo todo a color, si nosotros reencarnamos aquí debe estar Isis y ella no dudara de volverme a hacer lo de esa vez, cuando dejo de llorar como una cría reviso mi alrededor buscando una salida y comienzo a gritar como loca, pero nadie me escucha.

ya cansada me siento en el piso a pensar en cómo hubiera sido mi vida si él no me hubiera encontrado, de lo más seguro me hubiera casado con uno de los tantos hombres que me querían y hubiéramos tenidos hijos. Una vida tan simple para aquella mujer que había vivido en el corazón de un faraón.

- ¿Puedes dejar de llorar? -me pregunta una figura negra saliendo de una pintura, me paralizó del miedo.

- ¡¿Quien... ¡¿Eres?!  -pregunto tartamudeando pero esa figura solo me observa.

- No puedes reconocer a un Dios, cuando esta antes tus ojos humana o debería llamarte Nefera- se muestra en la luz una hermosa mujer con dos hermosas trenzas totalmente a negras cubriendo su desnudes, unos ojos marrones claro y una muy bonita silueta.

-D... I... O... S... -sigo tartamudeando con miedo a como reaccione en un segundo.

-Fui quien te doy tu segunda oportunidad para reunirte con el hombre que tanto añoras te, te envié hacia el más grande faraón que haya tenido Egipto- cambia su forma para parecerse a mí, pero más oscura y de la sorpresa caigo desmayada.

Cuando me levanto, no encuentro rastro del supuesto Dios y confirme que mi mente me jugo una mala jugada, pero si encuentro un viejo ataúd de madera y la misma figura hace acto de presencia.

-Cuando veas lo que hay dentro, por fin creerás lo que te digo- susurra está abriendo esa tumba.

Su contenido hace que mi corazón se rompa en mil pedazos al ver ese cadáver con sus hijos en brazos, eran tan pequeños y yo tan frágil sin poder para defenderlos.

-Por tu culpa, por dejar a tus hijos Egipto perdió toda su gloria- me grita haciendo que yo caiga encima de mi propia momia.

- ¡Comprende! Yo nunca los quise dejar, ella me obligó a elegir y prefiero morir mil veces antes de que les hagan daño a mis hijos- grito sacando todo mi dolor.

-De que te salvo tu sacrificio si al final los mataron, Ramsés III fue el último gran faraón que parió Egipto y tus hijos serían los siguientes- grita agarrándome del cuello.

-Lo intenté todo por ellos, pero él nunca apareció yo le mandé a informar sobre el nacimiento de los niños- chillo tirándole una patada- pero él nunca fue, o morir de dolor y rabia ¡Te odio Ramsés! Por no haber protegidos a nuestros hijos- grito.

-Te daré un mes para que quedes embaraza otra vez, esos niños deben de nacer- me grita y desaparece dejándome sola al lado de mi tumba.

Comienzo a escuchar murmullos a lo lejos y cuando por fin abro mis ojos me encuentro en una suave cama y todo a mi alrededor es blanco, trato de moverme, pero veo que tengo una máscara de respirar y varios cables conectados a mi cuerpo.

Me quito todas esas cosas y cuando casi doy un paso fuera de la cama, aparece el dándome una sonrisa sancarona la cual odió.

- ¿Qué sucede? Te duele algo, mejor busco al doctor- corre de un lado a otro de la habitación.

-Quédate -le pido antes de que abandone la estancia.

-Creía que te perdería haya abajo- me dice acercándose a mí para darme un beso en los labios el cual rechazo.

- ¡¿Los viste?! -grito de rabia dejando salir mi dolor -viste en que se convirtió lo mejor que hicimos los dos- sigo gritando hasta que comienzo a llorar.

-Nunca supe que lo que les sucedió, siempre creí que nunca me amaste, por eso hago todo lo posible para que me ames- susurra mientras llora.

-Ellos no habrían muerto si tú hubieras ido cuando te envié el mensaje- sollozo sabiendo que nunca me quiso buscar.

-Nunca me llegó tal mensaje- grita haciendo que levanté mi cabeza para mirarlo.

¿Puede ser? O Por mis Dioses ¡La perra de Isis! -me cubro la boca con mis manos porque para la concubina Isis era mejor que él nunca se enterará de nada.

-Yo de verdad lo lamento, su hubiera sabido dejaba todo lo que estaba haciendo- dice abrazando mi cuerpo mientras yo trato de alejarlo.

-Suéltame!!! Nunca nos lloraste ni buscaste- sigo dándole golpes hasta que me suelta.

-Siempre te busqué, te amé tanto que al final morí solo por amarte- suelta colérico y veo como varios guardias entran a la habitación.

-Señor se calma o lo tendremos que sacar- le informa uno y el solo asiente para después retirarse con los guardias.

Al rato aparece con una bandeja de comida, no me dirige la palabra y yo ni ganas tengo de hablar con él. El doctor entra para revisarme y cuando termina se va dejándonos de nuevo solos.



Melissa Cordero Lopez

Editado: 07.08.2019

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