La concubina del faraón

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Capítulo 24

Recibo constantes llamadas las cuales rechazó ya que no quiero saber de nadie. Me encuentro en mi departamento mirando una película.

Cuando siento que tocan el timbre, me levanto con pereza ya que deben ser uno de los historiadores que quieren realizar investigaciones en el cadáver de mi esposa e hijos; los cuales ya hice y se la causa de sus muertes lo cual me acerca a una profunda depresión ya que no estuve hay para ellos.

Todo por hacer un trato, pero ella debe saber que si yo hubiera recibido esa carta hubiera corrido hasta ellos con tal de ver la una última vez.

Abro la puerta y me llevo la grata sorpresa de ver a Nefera al lado de Paul y esta parece muy alcolizada lo cual hace que este enojado ya que soy el único que la puede ver asi.

-Hermano, yo la encontré así- se excusa cuando ve mis intenciones.

-No dije lo contrario- susurro tratando de agárrala y esta se aferra a mí.

-Yo cumplí y ahora me largó- chilla este saliendo corriendo para que no le dé un golpe por tarado que es.

Cierro la puerta tratando de no dejarla caer en el intento, es tres duerme tan profundamente que no nota que la cargó llevándola a mi habitación; repasó como esta vestida lo cual hace que tenga una creciente erección al ver como ese vestido se le pega al cuerpo, el cuerpo que he deseado desde que tengo uso de razón.

Camino lejos de ella tratando de controlar mis instintos, giro y doy vueltas cerca de la cama donde ella duerme como la diosa que es; me acerco para quitarle los tacones y después sacarle el vestido.

Sólo los dioses saben cómo me puse al ver su ropa interior de encaje roja, corro para buscar una de mis camisas para colocársela en su pequeño cuerpo y dejarla dormir tranquilamente mientras yo peleo con una fuerte erección que lucha por ser liberada.

Toma dos baños de agua fría para sacarme esa calentura y decido dormir en el mueble de mi habitación porque no quiero que ella se asuste al ver el lugar donde amaneció.

Me despierto a la mañana siguiente con un fuerte dolor de cuello por la forma en que me dormí en ese pequeño mueble, decido ir a comprar unas pastillas para la resaca y cuando llego la encuentro durmiendo y prefiero ir a prepararle el desayuno que consiste en tostadas con jugo de manzanas; cuando termino voy a levantarla ya que me está dando pavor al ver que ella no se ha levantado.

-Nefera ¡Linda! Despierta- digo besando su cuello y ella abre un ojo para mirarme.

- ¡Hay mi cabeza! -se queja tomando su cabeza con sus manos y yo le paso las pastillas con el vaso de agua.

-Toma, te harán bien- le informo una vez le entrego todo y voy a mi closet para sacarle ropa para que se pueda ir a bañar- hay toallas limpias en el baño y cuando termines baja para desayunar- digo entregándole la ropa.

-Gracias por cuidar de mí- susurra tomando camino hasta el baño.

Al rato escucho la regadera y decido irme de ahí porque tengo la necesidad de entrar y poseerla en el baño, lo cual no estaría bien para ser su primera vez.

Me pongo a ver un poco de televisión cuando tocan el timbre y es mi provisión de leche fresca que cada semana tiene que estar en mi puerta, me tomo un poco hasta que la veo salir y por poco escupo todo al ver cómo le queda mi polera; están pequeña y en una ropa tan grande que la hace ver súper tierna.

Nefera.

Después de mi borrachera desperté en una habitación lo cual no cogí a mal porque lo vi entrar, conversamos un poco para después irme a duchar cuando termino me visto con una polera negra y un pantalón de pijamas que él me presto, cuando salgo lo encuentro tomando leche.

Y decido quitarle la botella para tomar el contenido, el me invita a tomar el desayuno, se sienta en la mesa invitándome a sentarme a la par de él, pero quiero hacer otras cosas. Me quiero vengar lo dejare con las ganas.

Me levanto la polera para sentarme en sus piernas mientras le muestro mi ropa interior, rozo mis labios con los de él, para morderle el labio inferior escapándoseme un gemido.

-no quieres hacerlo-dice colocando sus manos en mi espalda baja para acariciar mis nalgas.

-no sabes lo que quiero-dije en su oído para morder el lóbulo de su oreja.

Con esa simple acción sentí su erección en mi entrepierna pidiendo a gritos salir de ahí, me levanta para acomodarme en sus piernas. Agarra mis caderas para comenzar a rozar nuestros sexos mientras unimos nuestros labios en un necesitado beso.

Comienzo a sacarle el poloche mientras el sigue agarrando mis nalgas con una fuerte necesidad de colarse en mi piel igual que yo, cuando por fin lo dejo en bóxer decido quitarme lo que me queda de mi ropa quedando totalmente desnuda para él, le agarró la mano para ir hasta la habitación y puedo jurar que se está muriendo de los nervios algo que yo me encuentro normal porque ya lo hicimos y muchas veces para ser cierto en nuestra vida pasada.

Cuando estamos en la habitación me inclino para caer en la cama y dejar mi cuerpo expuesto para él, se inclina hacia mí, pero comienza a surgir en mí una horrible pena lo cual hace que me vibra el rostro, debo estar más roja que un tomate.

-No te apenes eres hermosa- dice hundiéndose en mí y yo tiro un grito lastimero y el para -lo lamento hermosa- dice para besarme y hacerme olvidar mi dolor el sigue con sus caricias hasta que está totalmente dentro de mí.



Melissa Cordero Lopez

Editado: 07.08.2019

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