La Conspiración del Espiral - Libro 4 de la Saga del Círculo

Tamaño de fuente: - +

QUINTA PARTE: Reunidos - CAPÍTULO 87

Llewelyn observaba la cúpula, fascinado. La energía que emanaba parecía adormilarlo, seducirlo, ¿o era la Perla la que estaba produciendo ese efecto? Al verla brillar, escondió instintivamente la mano en el bolsillo de su pantalón para ocultarla, para protegerla.

Escuchaba la discusión acalorada de su madre con Ana y Juliana, pero las voces le sonaban distantes, las palabras ininteligibles. La voz de Augusto, parado a su lado, le preguntó algo, pero tampoco pudo distinguir qué era. No le importaba. Flotaba como en una nube, invadido por una sensación de bienestar. Sonreía sin saber por qué.

Poco a poco, su visión fue desenfocándose también, y se encontró en un mundo propio, envuelto en una burbuja nebulosa. Su cuerpo se relajó, y apenas se dio cuenta de que sus piernas se movían, haciéndolo caminar hacia adelante.

En un estado hipnótico de deleite, Llewelyn caminó sin conciencia hacia el campo de energía, hacia la mortal cúpula. Sintió una mano que lo tomaba del brazo para detenerlo, pero la sensación fue lejana y breve. La mano que trataba de sostenerlo se deslizó de su brazo sin que él hiciera ningún esfuerzo por liberarse. Escuchó un zumbido lejano de voces nerviosas, pero ya ni siquiera pudo identificarlas como voces.

Siguió hacia adelante, como flotando en el aire, la respiración tranquila, los ojos entrecerrados, la mente cada vez más adormilada. El aire a su alrededor se volvió más denso, y le pareció como si traspasara una especie de nube. Sintió un hormigueo intenso en todo el cuerpo. Sintió que los vellos del cuerpo se le ponían de punta. Sintió un escalofrío en la columna vertebral. Y por un breve momento, tuvo miedo. Trató de detenerse, pero sus piernas no le obedecieron. Vio sus pies dando un paso tras otro, un paso tras otro. Algo estaba mal. ¿Por qué sus pies se movían sin su consentimiento?

Se dio cuenta de pronto que estaba perdiendo el control de su cuerpo, el control de su propia mente. Trató de sacudir la cabeza para aclarar sus pensamientos, pero no pudo moverla. Notó que no podía concentrarse, que su mente se obnubilaba, aletargándose más y más. Hizo un nuevo intento de despertar, de recuperar su estado de alerta, pero la fuerza que lo había adormecido y lo había hecho moverse en contra de su voluntad, tomó las riendas de la situación de forma brusca. Llewelyn perdió la conciencia por completo y no pudo recordar nada más.

Aun con la mente de Llewelyn en estado de inconsciencia, su cuerpo permaneció erguido, parado en medio del interior de la poderosa cúpula. Sus ojos se abrieron y vieron la luz que envolvía el recinto circular. El cuerpo de Llewelyn observó con nuevos ojos en derredor. Respiró hondo, como si fuera su primera respiración en muchos años, y sonrió. Estudió su propio cuerpo por un largo momento, admirando sus manos, recorriendo con ellas su rostro joven, su cabello enmarañado. ¡Qué bien se sentía tener un cuerpo! Aunque fuera uno provisorio como aquél. Su brazo izquierdo rozó el pomo de una espada. Con su mano derecha la desenvainó lentamente y sonrió con satisfacción al ver la firma de Govannon en la hoja.

Volvió a enfundar la espada y dirigió su mirada al mismísimo centro del círculo que formaba la cúpula. Vio el magnífico cristal gigantesco que concentraba y mantenía estable la ingente energía de la cúpula. Sus prístinas facetas brillaban en una secuencia armónica, perfecta, casi hipnótica.

—Lo hiciste bien, Avannon— dijo en voz alta, y sonrió también ante el tranquilo tono de su nueva voz.

Pero Avannon no estaba allí. Estaba solo, ¿o tal vez no? Su mirada se posó en una burbuja que flotaba del otro lado de la cúpula. Rodeó el cristal con cuidado, maravillándose de la fuerza y agilidad de sus nuevas piernas. Se acercó a la burbuja y vio que adentro había un cuerpo humano. El súper cristal estaba generando un campo de energía que mantenía a aquel cuerpo en un estado perfecto de conservación, flotando, como dormido, esperando. Recorrió con la mirada las exquisitas formas de aquel cuerpo. Sí, era un cuerpo digno para su propósito.

—Pronto— dijo, acercando la mano al cabello del humano durmiente, pero luego lo pensó mejor y la retiró antes de tocar el cuerpo. No quería arruinar las cosas en un momento de impaciencia. Había esperado tanto… podía esperar un poco más… solo un poco más…

—Pronto— volvió a decir.

Y ahora, el siguiente paso. Si Avannon no estaba en la cúpula, debía encontrarlo. Cerró los ojos y evocó sus antiguas memorias del sur. Recorrió en su mente los distintos lugares que alguna vez le habían resultado tan conocidos. Eligió el que le pareció más probable como actual paradero de Avannon. Usurpó y amplificó la habilidad de Llewelyn y desapareció sin más.



Adriana Wiegand

#387 en Fantasía
#268 en Personajes sobrenaturales
#435 en Otros
#35 en Aventura

En el texto hay: mundosparalelos, fantasia épica

Editado: 12.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar