La Córdoba Muerta

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P1C2: Durmiendo en un auto

Cuando no hay electricidad, las noches en una ciudad se vuelven insoportablemente largas. La visibilidad está reducida a cero. Si llega a haber luna, es poco lo que ésta puede iluminar entre los árboles y edificios. Jorge sabía eso y evitaba andar de noche. Los humanos luego de miles y miles de años de evolución perdimos nuestra capacidad para sobrevivir sin las herramientas modernas, así que lo mejor que se puede hacer es esperar al amanecer.

En su vida anterior al desastre, Jorge de 35 años, era un joven pero prolífero comerciante del rubro textil. Se enorgullecía de tener una cadena de negocios repartidos por la ciudad y algunos pueblos del interior que crecía cada vez más. La ayuda de su hermano en esta tarea fue fundamental. Lamentablemente ya no estaba para acompañarlo en estos momentos.

Escondido dentro de un auto abandonado con vidrios polarizados, Jorge luchaba contra el agobiante calor. No podía arriesgarse a abrir las ventanas por miedo a ser descubierto. La oscuridad de la noche y de las ventanas del auto, le proporcionaban el resguardo necesario, tanto contra los muertos vivientes como contra los saqueadores que se aprovechan de la ocasión.

No recuerda cuando fue la última vez que durmió de corrido y sin tener el cerebro en estado de alerta permanente toda la noche; de hecho, sonreía cada vez que recordaba todas las cosas que nunca antes hizo y ahora se obliga a soportar, sin embargo se sentía orgulloso de sí mismo. Estaba vivo, algo de lo que la mayoría no podía presumir. Él estuvo en el momento exacto en que todo se desmadró, hace casi exactamente dos meses, lo recuerda porque era principios de octubre y esa siempre fue una época intensa en su negocio por el cambio de temporada.

Ese día, Jorge y su hermano habían vuelto del banco luego de hacer unas transacciones para un nuevo pedido de telas a China. Nunca fue de darle mucha importancia a la TV y mucho menos a las noticias, pero hacía ya varias semanas que no podía dejar de prestarle atención a boletines informativos que llegaban desde el exterior: extraños casos de violencia en un pueblo de Pensilvania en EE.UU, una matanza en un pueblo del sur de Francia, un extraño ataque terrorista con cientos de muertos en Brasil. Todo parecía acercarse.

En los programas televisivos del “prime-time” había expertos de todo tipo hablando del nuevo caos mundial. En nuestro país no se había producido ningún incidente aún, pero ya empezaba a aclararse el panorama de lo que sucedía en el resto del mundo. Gobiernos que caían en Asia, la OTAN movilizada en Europa, caos absoluto en Medio Oriente, etc.

Al principio, los gobiernos mantenían la cuestión en el más absoluto secreto, pero en internet comenzaban a filtrarse videos caseros que escapaban de las garras estatales. Algo raro estaba sucediendo en el mundo y ningún gobierno daba alguna explicación razonable.

Una matanza en un escondido pueblo de Liberia, fue explicada como luchas tribales por un territorio en disputa, pero las imágenes tomadas con un teléfono móvil por parte de un médico sin frontera que se encontraba en la zona mostraron un extraño caso de canibalismo y cientos de cuerpos totalmente mutilados que aún se movían en el suelo donde habían muerto.

Días después se conoció la noticia de como una ciudad entera de Bulgaria había sido vallada por el ejército impidiendo la entrada o salida de persona alguna de la misma. La explicación en ese momento fue un extraño brote de influenza extremadamente contagioso.

Esa noticia fue casi superpuesta con otro hecho extraño que sucedió en Panamá, donde unos tripulantes de un barco contenedor de bandera Holandesa comenzaron a atacar a sus compañeros mientras el buque transitaba el canal. Las autoridades tomaron carta en el asunto y aislaron el barco en el muelle. Al día siguiente, los hechos de violencia se trasladaron a la superficie del país centroamericano.

El silencio de los grandes medios de comunicación era alarmante, creyendo y apoyando cualquier explicación que viniera de los organismos gubernamentales e internacionales, por más ridículas que estas fueran. Consultado el Presidente argentino sobre una serie de asesinatos perpetrados en un puesto de frontera entre Argentina y Paraguay, éste sólo se limitó a responder con evasivas y a prometer un comunicado de prensa luego de que las fuerzas de Gendarmería entregaran el informe oficial.

Mauricio, el hermano de Jorge, estaba al día con esas novedades. En días anteriores le mostró a la familia unos videos donde se veía lo que parecía ser un pueblo en algún lugar de Medio Oriente. La gente gritaba y corría, las imágenes se veían movidas pero podía distinguirse claramente un grupo de personas semi desnudas que parecían sacados de una película de terror clase B de los años 80. Muchos tenían heridas abiertas, pero corrían como si estuvieran en perfecto estado físico, sus ojos estaban fuera de las órbitas, miraban sin ver, como si fuera al infinito. Sus bocas…. Eso fue lo que más impresionó a todos. Sus bocas siempre abiertas, como esperando para morder algo, todas manchadas de sangre seca en algunos casos y fresca en otros. El video terminaba con un grupo de estos monstruos atacando a varias personas que intentaban escapar. Los agarraban con sus manos y los mordían.

  • ¡Jajaja!, no seas ridículo Mauri – le decía Jorge – Con internet todas las cosas son públicas. En África siempre se mataron entre ellos, en Europa están todos locos y el problema en Puerto Iguazú, debe haber sido por contrabando, como siempre.



Fernando Ortiz

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En el texto hay: zombies, infección, argentina

Editado: 19.06.2018

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