La Cueva

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Noviembre 21

A la Mañana siguiente, nos despertamos muy temprano, iban a ser apenas las ocho de la mañana cuando el sol entro fuertemente por la cueva, todos entusiasmados se pusieron de pie y rápidamente se cambiaron y se dirigieron a sus puestos, Marco y Miguel eran los únicos que sabían marcar mejor las lecturas de los monitores y se alegraban de ello, ya que no les gustaba sumergirse a explorar, así que solo Pedro; Mayra, Diana y yo, estábamos vestidos con los trajes de buzo, nos alistamos y nos llevamos cada quien un foco grande que estaban conectados a las extensiones que teníamos desde el senote hasta la entrada, esas lámparas las colocaríamos en cada extremo del fondo del cenote, solo para saber en donde estaba la entrada y de ahí partir a nuestra exploración.

Teníamos intercomunicadores para comunicarnos entre los que estábamos adentro y también con los que estaban afuera, Mayra llevaba su cámara y Pedro y Diana llevaban la pluma y las pizarras especiales para dibujar bajo el agua, descendimos alrededor de cincuenta metros bajo el agua que se veía clara y muy limpia, al profundizarnos lo primero que notamos fueron los cientos de estalactitas y estalagmitas que había en aquella caverna inundada, y además se veía uno que otro pececillo nadando por ahí, el agua estaba fría, helada diría yo, pero conforme bajábamos el agua se iba poniendo mas y mas tibia, bajamos alrededor de doscientos metros, al llegar al fondo, lo primero que hicimos fue localizar puntos estratégicos para colocar las lámparas, y de ahí partir hacia algún rumbo de la cueva.

- Mayra, fotografía esa área, parece que hacia allá es adonde nos dirigiremos.

- Esta bien Andrés, apártense, dejen que la fotógrafa trabaje.

Comenzamos a indagar mas dentro de aquel cenote, al adentrarnos a lo que parecía un pasillo, comenzamos a ver huesos humanos, al parecer pertenecientes a lo que serian alguna vez unas piernas, y brazos, las ideas iban tomando forma, en realidad aquel si había sido un lugar sagrado donde los Mayas habían llevado acabo sus famosos sacrificios, mas adelante encontramos mas restos humanos, entre ellos cráneos y torsos, parecía como si alguien los hubiera separado y colocado en aquella profundidad de manera artística, mientras Mayra fotografiaba cada hallazgo, Pedro y Diana dibujaban y marcaban los lugares donde se habían encontrado los restos, mientras tanto yo me encargaba de la cuerda que estaba atada a la camioneta que estaba en la superficie y casi en la entrada de la cueva.

El entusiasmo se notaba entre nosotros, avanzamos en línea recta y no dábamos ni un paso atrás, entre mas nos adentrábamos más y mas hallazgos se dejaban ver, las lámparas que traíamos nos daban una perspectiva un poco abrumadora y tenebrosa, pero ese es el fin, no esperábamos encontrar apagadores bajo del agua.

En el primer día solo habíamos propuesto avanzar trescientos metros y regresar con dibujos y fotografías, así que nuestra jornada seria corta, al día siguiente teníamos planeado avanzar más allá de los trescientos metros y ver mas a fondo aquella caverna subterránea.

Regresamos a la superficie cerca de las ocho de la noche, Mayra había tomado suficientes fotografías y todos estábamos exhaustos, comenzamos a checar la información obtenida, estudiamos los dibujos, las fotografías, y las imágenes que habían quedado grabadas en nuestra mente, además de los videos que habíamos filmado con las cámaras instaladas en la parte superior del traje de buzo, dialogamos al respecto mientras cenamos y comenzamos a notar que no en una sino en varias de las fotografías salía un extraño resplandor, como si algo de oro estuviera ahí, pero todos sabíamos perfectamente que no había habido nada de metal o algo parecido en lo que fue la expedición, la deducción fue sencilla, la cámara debía haber sufrido algún error y es que la tecnología aunque avanzada y sencilla de manejar no deja de ser susceptible a golpes o laceraciones durante el brusco trayecto.

La duda se incremento mas, cuando en los videos se veían sombras extrañas y resplandores de algo incrustado en el suelo de aquella fosa de agua, observamos instante tras instante aquellas grabaciones, los cuatro habíamos estado en diferentes posiciones y en los cuatro videos salía el mismo error, la probabilidad de que estuvieran dañadas las cuatro cámaras era de uno contra mil, por un instante nos dieron ganas de regresar a aquella fosa, pero el cansancio se hacia presente y los ojos ya comenzaban a cerrarse por si solos, la idea nos había entusiasmado a todos menos a Miguel y Marco ya habían comenzado a preocuparse, un extraño estremecimiento les rondaba por el cuerpo y de un momento a otro hasta a mi se me puso la sangre de gallina, preferimos ya no hablar al respecto y nos mentimos diciendo que era causa de cansancio y la fatiga, nos dirigimos a la casa de acampar y nos quedamos profundamente dormidos.

No se si fue la fatiga, pero al recostarme me quede profundamente dormido, instantáneamente comencé a soñar, me encontraba dentro de la casa de acampar, solo, pero las cosas de todos estaban ahí, salí de la misma y me encontré con todos los aparatos, destrozados, había neblina en toda la cueva, distinguía las orillas por las luces que habíamos colocado a los lados de la misma, aun y cuando estas no estaban fijas, sino mas bien parpadeaban, la neblina provenía del cenote, el agua lucia verde y por lo que alcanzaba a distinguir afuera era de noche, saltaban chispas por todos lados, no había rastros de nadie, a lo lejos escuchaba música prehispánica, alguien tocaba instrumentos de viento, al parecer a base de caña o troncos, se oía mas bien como una danza, de pronto el agua comenzó a burbujear, parecía un enorme sartén, me acerque para ver que sucedía, una silueta negra y enorme danzaba bajo el agua, unos ojos afilados y amarillos se dejaban ver en la criatura, justo cuando la cosa iba a salir del agua, me desperté.



Orlando G

Editado: 06.10.2019

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