La Ejecutiva.

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Capítulo O1 : Pavadas.

Agradecía tener el cabello sumamente corto. Su trabajo la obligaba a estar agachada mirando hacia el ordenador y escribiendo en el teclado.

Lluvioso era aquel día, las nubes eran grises y el cielo del mismo color. Podía ver en la ventana al frente de su ordenador las gotas de agua descender del cielo. Acomodó sus pequeños anteojos y dió punto final a su documento, a la vez que suspiraba aliviada. Si bien tenía de los mejores cargos y se le veía como una gran ejecutiva, aquel trabajo la aburría demasiado. Pero eso lo compensaba con el sueldo.

Se recostó en su silla, a punto de cerrar sus ojos y cuando pensaba que era libre, un grito se oyó por toda su oficina y probablemente el edificio.

— ¡Sheldon! ¡Venga a mi oficina, ya! — exclamó una voz masculina.

Ella suspiró con cansancio, reconocía aquella voz: su jefe. Se levantó de su asiento y cansada se dirigió a la oficina del que mandaba en el establecimiento.

Una vez estuvo en frente de la gran puerta de la oficina, frunció levemente el celo y dirigió su mano al picaporte. Entró, y su jefe, con una sonrisa orgullosa, le hizo ceña de que se sentara en frente suyo. Así pues, la chica se sentó, emanando un insuperable deje de seriedad.

— Mira, Sidney... Supongo que ya te has dado cuenta de las cosas que pasan en el bosque, ¿No es así? — la mujer asintió sin expresión alguna. — Es un tema que está generando mucha polémica, creo que ya sabes lo que eso significa. Entonces, como eres mi mejor empleada, te mandaré a recoger información. Empiezas mañana. — Sentenció.

— Está bien. Pero, ¿Tendré que ir sola? Aunque sé que son tonterías lo de los sucesos paranormales, es peligroso estar en un bosque sola. — Dijo, alzando una ceja. Su jefe, al parecer, sabía que preguntaría eso, así que mostró una pequeña sonrisa.

— Irás sola. A cambio, te daré un aumento. A demás, irás equipada con un revólver 24 y muchas provisiones para más o menos una semana. No tengo intenciones de perder a mi mejor empleada. — Respondió seguro, a lo que la mujer volvió a su expresión seria y asintió con determinación.

— Si es así, entonces me retiro. Con permiso. — Y así, salió de la oficina, tomó sus pertenencias y salió del establecimiento con un paraguas sobre ella.

A menudo la gente pensaba que Sidney no tenía sentimientos, pues tanto sus expresiones como sus palabras no mostraban emoción alguna. A demás, aquellos ojos color miel que estaban detrás de sus sofisticados lentes, parecían muertos. Y su peinado color castaño totalmente corto, mostraba total simpleza. Ella hacía caso omiso a estos comentarios debido a su ideología que la llevaba a pensar que con tal de tener dinero sería más que suficiente para vivir. Aunque, por dentro, fuera inmensamente infeliz.

(...)

Una vez se adentró a su casa, su tía la recibió con un gran abrazo siendo correspondida por su sobrina.

— ¡Hija! ¿Cómo te ha ido hoy? — preguntó su tía animada. Sólo eran ellas dos, los padres de Sidney murieron. Su madre a causa de un accidente y, dos años después, su padre se suicidó dejando a su hija a merced de su tía. La mujer castaña con acciones más que palabras agradecía tener una tía tan buena con ella. Tanto, que la consideraba la madre que nunca pudo conocer.

— Como siempre, tía. Pero hoy el jefe me dijo que a partir de mañana tendría que ir al bosque de la ciudad para investigar “sucesos extraños” — Respondió, resaltando las últimas dos palabras, a la vez que se separaba suavemente del abrazo de su tía y se sentaba en el sofá. — sinceramente creo que son niñerías. Pero por lo menos me subirán el sueldo.

— ¿¡Eh!? ¿Mañana? Pero por lo menos te mandarán con alguien ¿No? — la contraria negó.— ¿Entonces? Es peligroso ir, hija...

— Lo sé, tía. Pero por lo menos me darán un revólver y provisiones. A demás, como te dije, mi salario será aumentado considerablemente. — mostró una pequeña sonrisa, una de esas que sólo mostraba con su única fuente de apoyo moral : su tía. — No te preocupes. No tengo planeado morir.

(...)

Se acostó en su cama con el pijama puesto y el apetito satisfacido. Se dijo para sí misma que todo estaría bien, y después de ver un poco su celular, cerro poco a poco sus ojos, cayendo en manos de Morfeo.

 

 

— Beginline.



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Editado: 25.05.2019

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