La elegida

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El poder de la luz

Me sentía como una completa inútil, no había pasado ni un día que llegue y ya me estaban secuestrando. ¿Como se suponía que iba a salvar los reinos, si ni siquiera podia salvarme sola?, ¿que era ese extraño brillo?

Me encontraba en mi habitación sin poder dormir. Se suponía que iba a empezar con mi entrenamiento, pero no sabia que poderes tenia para ayudarme a salvar los reinos. El sonido de una trompeta me saco de mis pensamientos.

-¡Es hora de despertar elegida-Grito Eusudrin entrando en mi habitación.

-Casi provocas que me sangren los oídos.

-Discúlpame, pero ya es hora de tu entrenamiento.

-¿Eres el único que quiso entrenarme?

-Por el momento entrenaras conmigo, tengo algo para ti-El caballero azul salio un rato al pasillo, y luego volvió con un paquete en sus manos.

-¿Para mi?

-Ábrelo-me lo entrego.

Lo abrí emocionada y me sorprendí al ver una armadura brillante de color dorado.

-¿Esto era de mi madre?

-Si, lo usaba para luchar. Aparte de gobernar también era muy buena en las batallas.

-Soy tan distinta a ella.

-Se que estas asustada, pero te prometo que todo saldrá bien.

-¿Porque estas tan seguro?

-No te preocupes, te estaré ayudando siempre que lo necesites.

-Gracias Eusudrin, eres un buen amigo.

Me alegraba tanto haber conocido a Eusudrin, si el no hubiera estado, le hubiera hecho caso a la anciana. Eusudrin me guió a un enorme jardín que con tan solo pisarlo me trasmitió mucha paz. Era muy parecido a un jardín budista, pero sin estatuas del buda.

-¿Que hacemos aquí?, ¿no iba a entrenar?

-Para eso estas aquí.

-¿Que se supone que haga ahora?

-Primero tenemos que despertar tus poderes dormidos.

-Yo no tengo ningún poder.

-¿A no?

Eusudrin empuño su espada, y se acerco a mi intentando herirme, pero logre evadirla justo a tiempo.

-¡¿Que pasa contigo?!, ¡¿tratas de matarme?!

-Defiéndete.

-¿Eh?

Volvió a intentar clavarme su espada, pero me agache evitándolo.

-¡Usa tus poderes!

-¡Ya te dije que no tengo ningún poder!

Como si estuviera poseído, seguía atacándome con su espada. Lo único que podía hacer, era evadir los ataques con dificultad. Su agilidad se hacia mas rápida, y cada vez me resultaba mas difícil evadir los ataques. Sus ataques se volvieron mucho mas fuertes y comenzaban a provocarme rasguños en la piel.

-¡Defiéndete!

-¡No puedo!

Por mas que me atacara con la espada, no reaccionaba de ninguna manera. Finalmente termine agotada y caí al suelo sin poder moverme. Las heridas sangraban sin parar.

-¡¿Que se supone que tratas de hacer?!

-Tus poderes aun no despiertan, trataremos con otra cosa, ¿quieres descansar?

-No...

-Para empezar tu entrenamiento, quiero que te sientes encima de esa roca.

Fui a sentarme en la enorme roca que me señalo.

-Cierra los ojos y piensa en una luz plateada.

-¿Luz plateada?

-Cierra los ojos y concéntrate en una luz plateada, en piedras preciosas, en alguna luz que brille en la oscuridad.

-¿Bien?, ¿por cuanto tiempo debo hacer eso?

-Por dos días.

-¡¿Dos días?!

-Espero que sea suficiente para que tus poderes despierten.

-Pero...

-Vendré a verte pronto-se fue antes de que pudiera reprocharle algo.

-Mierda...

A partir de ese momento, mi entrenamiento comenzó. Permanecí varias horas sentada en esa roca pensando en la luz. Y todavía me faltaban mas horas. Ya estaba oscureciendo y mi trasero me molestaba de tanto estar sentada. Como vi que Eusudrin no regresaba, decidí dejar la meditación para ir al pueblo a curiosear.

El reino de la luna, era diferente al reino Cristal. Tenia muchas variedades de fauna, y sus habitantes estaban tranquilos y despreocupados. Pase por una taberna e inmediatamente lo relacione con películas de la época medieval. Ese mundo era como una mezcla entre la época medieval y la victoriana.

Estaba apunto de entrar en una tienda de ropa, cuando de repente oí un grito. Una vendedora de frutas estaba siendo asaltada por tres maleantes. Uno de ellos era mitad humano y mitad murciélago, el segundo era mitad humano y mitad gato, y el tercero era una mezcla de humano con un cuervo.

Al no conformarse con el puesto de frutas, comenzaron a saquear los demás puestos. Alguien debía ayudar a esa pobre gente. ¿Que se suponía que les iba a hacer?

-¡Alto!-grite de la nada, sin saber porque.

-Miren es la elegida-dijo el chico murciélago.

-¿Porque no la raptamos y la vendemos, nos darían mucho por ella-dijo el chico gato.

El chico cuervo y el chico gato me agarraron por detrás mientras que el chico gato rasguñaba mi rostro. De repente el anillo volvió brillar y los tres chicos se apartaron de mi. Retrocedían tapándose los ojos. Acaso, ¿era este el poder del que hablaba Eusudrin?. Todo mi cuerpo comenzó a brillar y la luz se expandía cada vez mas. Una esfera de luz se formo sobre mi cabeza, y de ella salio una especie de barita mágica con un cristal en la punta.



Alexandra Storm

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#150 en Magia

En el texto hay: amor y magia, hechiceras, fantasia magia

Editado: 02.05.2018

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