La Esclava

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05 | Charlas

Olimpia pronto le tendió su telaraña en contarle cosas falsas sobre Achilles.

—Te cuento algo, si bien te besó, no debes confiar en él del todo —sugirió—. Es hombre y emperador, ya te podrás imaginar la clase de mujeres que le gustan, nosotras somos un entretenimiento para él —afirmó—. Antes que vinieras, hubo dos esclavas más, ellas tuvieron algo con él pero cuando la madre se enteró, las terminó echando —confesó sin que aquello fuera verdad.

—No creí que fuera tan así el señor —le dijo abriendo los ojos sorprendida.

—De los hombres como él puedes esperarte cualquier cosa —emitió—, solo nos quiere para servirle, no porque nos tenga cariño o aprecio —confirmó con falsedad absoluta.

Selene ante aquellas palabras, comenzó a dudar de la mujer que tenía frente a ella y del hombre que acababa de besarla.

A pocos centímetros de allí, dentro de la alcoba del emperador, éste recordaba lo ocurrido dentro de la sala de masajes.

De a poco, comienzas a cautivarme Selene, ninguna mujer lo ha hecho como tú lo estás haciendo y ni siquiera te das cuenta de lo que me haces —pensó con felicidad.

Un momento posterior, alguien llamó a la puerta.

—Pase —habló.

—¿Se puede? —preguntó asomándose.

—Para ti, siempre madre —le respondió con una encantadora sonrisa.

—¿Aún no puedes dormir la siesta? —inquirió con curiosidad.

—Así es, me es imposible —confesó.

—¿Y eso? ¿Por qué? —le preguntó su madre con interés.

—Hay algo que me quita el sueño —afirmó.

—¿Puedo saber que es? —sonrió ante su intriga.

—Si te digo que creo que estoy enamorado, ¿me creerías? —la miró a los ojos con atención.

—Diría que es demasiado pronto pero conociéndote, sí, lo creo —comentó su madre con otra sonrisa.

—No sé, simplemente te lo pregunto —acotó él.

—Me encantaría que lo estuvieras, creo que ya es hora de que sientes cabeza y encuentres a alguien que te quiera y te cases —sentenció con alegría—. Y sé que estás demasiado raro desde el momento en que Selene arribó aquí —expresó con certeza.

—¿Cómo lo sabes? —le formuló sorprendido.

—No es tan difícil deducirlo. Has cambiado mucho desde que pisó aquí —le dejó saber.

—Sí, creo que estoy enamorándome de ella, madre —confirmó la respuesta—. Pero me supongo que tú no la vas a querer, por lo tanto me casaré con la que tú quieras, si eso te hace feliz —apostilló con algo de tristeza.

—Achilles no quiero que te cases con alguien que yo elija, tu mismo puedes elegirla —le afirmó—. ¿Y que es eso que te supones que yo no la voy a querer? —frunció el ceño ante la pregunta—. Selene es encantadora, deberías conocerla más y si estás decidido en que ella es la indicada, pues contraes matrimonio con la joven —declaró.

—No puedo creer que mi propia madre me diga éstas cosas —abrió los ojos al tiempo que se lo decía.

—Claro que sí. Aparte, no es nada disimulada la manera en cómo la miras —sonrió cuando se lo dijo—, quiero tu bien y creo que esa joven lo será. Solo demuéstrale que no eres insensible —le aconsejó acariciando su mejilla masculina.

—Sí, sé que se lo tengo que demostrar pero por otra parte, pensé que no estarías de acuerdo en que una esclava se case conmigo —le contestó asombrado.

—Achilles, en el amor no hay clase, solo hay bondad, comprensión, pasión y amor —le confesó—. Si la quieres y si te quiere, que es lo más importante los apoyaré. Si no, mírame a mí —le dijo dando por sentado su vida de joven, una vida que su hijo sabía también—. Ella es una niña muy dulce, que necesita el cariño y el amor de un hombre como tú y estoy segura que Selene, con el tiempo te querrá y te amará como tú te lo mereces —le admitió contenta.

—Muchas gracias por charlar conmigo —le dijo su hijo.

—Eres mi hijo, siempre estaré para ti. Te quiero, Achilles y mereces ser feliz, como yo lo fui con tu padre, ahora duerme una siesta —le respondió besando su frente y salió de la alcoba.

Pasaron los días en los cuales Achilles se preocupaba un poco más por Selene, sus conversaciones dentro de la sala de masajes eran muy privadas y la joven, cada vez se sentía un poco más confiada en él y el sentimiento era recíproco por parte del hombre.
Un día como cualquier otro, Selene salió a caminar por el imperio a pesar de lo inmenso que creía que era y le parecía un laberinto sinfín, tenía pasillos, los cuáles conducían a las habitaciones de los guardias y a otros rincones que la joven no estaba dispuesta a indagar más de lo debido. En uno de los pasillos se encontró ante uno que seguía recto hasta dar de frente con una sala de combate. Apenas oyó ruidos, espió por el resquicio de la puerta entornada y allí lo vio. Achilles practicando con su espada. Tenía el torso desnudo y una falda corta que cubría sus caderas.



Sylvie Dupuy

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En el texto hay: esclavagriega, emperador, amor

Editado: 01.08.2019

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