La Esclava

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06 | Declaraciones

Ninguno de los dos hablaba en aquel momento y fue el turno de Achilles hablar por ella.

—¿Piensas matarme? —le preguntó de manera sarcástica.

Achilles tomó la espada por el mango y la tiró al suelo.

—¿Me cree capaz? —cuestionó sorprendida.

—No te atreves a matarme —le contestó mientras se levantaba del piso.

—No tenía intenciones de matarlo, señor —ella se apenó.

—Por la manera en cómo te habías puesto, parecía que sí —le dijo con diversión.

—No podría matarlo nunca, señor. Después de lo que ha hecho por mí, le estoy agradecida —le confesó.

—Eras una joven de buena familia, lo que les han hecho a las demás y a ti, no tiene nombre —declaró con algo de incomodidad.

—Me conformo con haber quedado viva de aquel incendio y de no habernos matado —admitió.

—La mayoría de las veces cuando ocurren estas cosas, a las más jóvenes las ponen en cautiverio para ser vendidas como esclavas o las usan para otros asuntos que ni siquiera es bueno nombrar —comentó con vergüenza en su voz.

—Creo suponérmelo —le dijo.

La conversación había quedado pospuesta allí mismo y Selene no se atrevía a hablar más, a menos que él hablara primero.

Achilles se acercó más a ella mientras la retenía de una de sus muñecas por miedo a que la joven escapara de él.

Selene miró con asombro aquella mano masculina alrededor de su muñeca y tragó saliva con dificultad, alzó la cabeza para mirarlo a los ojos con atención y un poco de nervios también.

—¿Creíste que luego de esta pequeña conversación te dejaría ir tranquila? —le preguntó en un susurro que solo ella escuchó.

Ambos se quedaron en silencio, viéndose a los ojos, el juego de miradas que hacían entre ellos despertaba los sentidos por ambas partes.

—¿Qué te sucede? —le preguntó él.

—Nada —afirmó.

—¿Segura? —volvió a interrogarla.

—Sí, segura —comentó enseguida.

El emperador inclinó la cabeza hacia el rostro de la muchacha y posó sus labios contra los femeninos. Selene ante aquel roce se separó un poco de él.

—¿Por qué te quieres separar de mí? —frunció el ceño con intriga y mirándola con fijeza.

—Ábrame la puerta —le contestó ella.

—Primero contéstame la pregunta —dijo con seriedad.

—No me gusta la manera que tiene en dejarme mal parada, me hace sentir incómoda y fácil, señor —le respondió casi dándole la espalda.

—¿Tú? —abrió los ojos un poco más y levantó las cejas—. ¿Fácil? —repitió con asombro—. Eres un enigma difícil de resolver y te aseguro que me estás siendo más difícil de lo que pensaba —confesó con certeza—, pero a pesar de eso, me gusta cuando te pones así —admitió con una sonrisa.

Selene quedó callada ante aquellas palabras.

—Prefiero irme de aquí, si no tiene más nada que decirme —giró en sus talones para hablarle—, me gustaría salir de aquí y seguir con los labores del imperio, señor —le dedicó una inclinación de cabeza.

—Todavía no terminamos de hablar tú y yo y por cuarta vez, deja de llamarme señor y usted cuando estamos a solas —apostilló exasperado.

—No sé de qué quiere seguir hablando conmigo, señor.

—¿Por qué eres tan terca cuando te digo las cosas? —bufó ante su respuesta.

—No sé de lo que me está hablando, señor —le volvió a decir ella.

—De eso mismo, del señor cada vez que terminas una frase —replicó con énfasis.

—No puedo evitarlo, merece mis respetos —le habló con seriedad en su voz.

—Tú te mereces los míos también —confesó con honestidad y ella se quedó de piedra ante sus palabras.

—Soy una simple esclava —refutó.

—Eres mujer ante todo —expresó con tanta franqueza que Selene se puso más nerviosa que antes.

—¿Por qué intenta ser tan amable conmigo? —cuestionó con incomodidad.

—No lo intento —le dijo—, soy amable contigo porque me gustas Selene —le dejó saber con toda la sinceridad con la que pudo.

—Es imposible que guste de mí —le comentó abriendo los ojos un poco más—. Creo que será mejor que me vaya —le dijo intranquila pero él la retuvo.

—No te irás hasta que nos digamos las cosas cara a cara —le admitió—. Sé bien la manera en cómo me miras y estoy seguro que sabes bien la forma en cómo yo te miro a ti también —le replicó para que aún no se fuera de allí.



Sylvie Dupuy

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En el texto hay: esclavagriega, emperador, amor

Editado: 01.08.2019

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