La Esclava

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09 | El día esperado

La mañana de aquel día, había amanecido con tranquilidad y en silencio. Achilles fue el primero en despertarse o eso él creía.

—Buenos días —le dijo al oído.

—Buen día —le contestó abriendo los ojos y dándose vuelta para mirarlo.

—Creí que dormías —le respondió con una sonrisa.

—No he podido dormir más desde cuando comenzó a clarear —le emitió con un suspiro.

—Puedo entender el porqué —le replicó y la besó.

—Estoy muy nerviosa por todo —le comentó intranquila.

—Es normal que lo estés Selene —le acarició la mejilla.

—Sí pero no es solo por nuestra unión, es por algo más y que no me está dejando tranquila, no son nervios de una expectación agradable —le contestó y se sentó en la cama.

—¿Por qué lo dices? —preguntó sentándose él también y masajeando sus hombros para calmarla un poco.

—Lo digo porque así lo siento —articuló— y quizá tendrá algo que ver Olimpia con mis nervios.

Achilles rio ante la confesión de la joven.

—No puedes atribuirle tus nervios a alguien.

—Perdón si te ofendes pero, ¿eres tan obtuso que no miras más de tu nariz? —cuestionó con preocupación—, yo sé que aquí eres el jefe y sé el puesto que tengo pero por una vez me gustaría que me escucharas y estés atento a los cambios de humor de Olimpia, era una persona antes de comenzar lo nuestro y desde el momento en que lo supo es otra muy diferente —expresó con firmeza.

—Tienes el lugar que te mereces Selene y ese es el estar a mi lado —le confesó dándole un beso en la frente— y de acuerdo, estaré atento a ella.

—Gracias por tener en cuenta lo que te acabo de decir. —Le dijo un poco más aliviada—. Debo irme, no quiero que me vean salir de tus aposentos. No quedará bien —manifestó.

—En unas horas estaremos casados, no le veo el problema —replicó regalándole una sonrisa y besando su mejilla.

—Lo sé pero me da un poco de vergüenza por tu madre si llega a verme salir de aquí —se puso incómoda sintiendo sus mejillas arder.

—Es una mujer muy comprensible y no te dirá nada malo —le aseguró con una sonrisa al tiempo que la miraba—. ¿Has estado bien durante la noche? —quiso saberlo.

—Sí, incluso no supe cuándo me quedé completamente dormida. Supongo que es normal que suceda eso.

—Así es, más si es tu primera vez Selene —admitió dándole un beso en los labios.

—Eres muy lindo Achilles y me gusta mucho tu forma de ser, no la que le dejas ver a los demás, sino la que muestras frente a mí pero así como yo la conozco, me gustaría que no seas tan autoritario con los demás. A veces no todo se consigue con mano dura —respondió con afirmación.

—A veces lo debes ser para que no se pasen de la raya pero trato de cambiar eso, mi madre me ha dicho lo mismo, cree que con menos voz autoritaria se obtienen las cosas —declaró—, y sé que parte del cambio que estoy intentando tener hacia los demás es gracias a ti. Eres buena y maravillosa, como pocas personas he conocido. Y sé bien que las jóvenes que han llegado están muy agradecidas contigo —le confesó.

—¿Por qué lo crees así? —le cuestionó con incredulidad.

—Porque a veces me cuentan esas cosas Selene. A pesar de que a veces tengo muy mal carácter, pregunto y me cuentan. El grupo con el que viniste te tiene un gran aprecio porque si no fuera por ti, ellas habrían terminado en otro lugar y ninguna de ellas sabría lo que le deparaba —le dijo y retomó la conversación—, sé las crueldades que hay fuera de aquí, sé la clase de hombres que hay por ahí también. Si tú y las demás no llegaban al imperio, no sé lo que habría sucedido... Aquí tienen comida, vestimenta y una cama donde descansar sin pasar necesidades.

—¿Por qué eres así? Aún no lo comprendo. Eres emperador, no tendrías que fijarte en esas cosas de ver lo que el otro necesita... Te dije que no fueras tan autoritario pero no que fueras bondadoso y eso me extraña y mucho —le respondió con intriga.

—Mi madre me inculcó el respeto por lo ajeno y el tenderle una mano al prójimo. El imperio tiene muchas esclavas, guardias y empleados en general porque sé como se rigen los demás y trato de que todos estén conformes. Aquí dentro hubo muchos romances entre esclavas y guardias y terminaron uniéndose en matrimonio, y que desde ese momento ella deja de trabajar aquí porque le doblo el sueldo al guardia para que ambos puedan vivir mejor —admitió.

—No creí jamás algo así —levantó las cejas al tiempo que lo miraba.

—No es algo que se sepa tampoco porque lo que hago no está tan bien visto por las demás personas con riquezas también —le dijo sin vueltas.



Sylvie Dupuy

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En el texto hay: esclavagriega, emperador, amor

Editado: 01.08.2019

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