La Esclava

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14 | Reconciliación

Una semana faltaba para que a Olimpia la colgaran y con ello, Selene y Achilles no estaban muy bien como pareja porque el emperador quería continuar con la ejecución de la esclava.

En la cena fue donde transcurrió la pequeña discusión que tuvieron en presencia de su madre.

―Entiendo bien que ha sido la única persona que desde el momento en que llegaste aquí te ofreció ayuda y ser tu amiga, pero las cosas cambiaron mucho desde el instante en que decidí anunciar al pueblo que iba a casarme contigo ―replicó con algo de enojo Achilles.

―Lo ha estado desde mucho antes ―comentó la joven.

―Con más razón entonces debe ser ejecutada ―admitió y la joven se removió en la silla.

―¿No crees que es demasiado drástico lo que dices? ―preguntó.

―No me parece, intentó matarte y a mí también, no puedo pasar por alto esto Selene y debes entenderlo.

―Siendo tú el emperador, podrías hacer a un lado esto y perdonarle la vida ―contestó mirándolo con atención a los ojos―. ¿Qué es lo que perderías si le perdonas la vida?

―Me verán como un emperador débil y que estoy influenciado por alguien más.

―Ya veo...

La muchacha no le dijo más nada porque sabía bien que no iba a poder hacerlo entrar en razones, por un lado entendía a Achilles y por el otro quería hacer algo bueno porque quería de alguna manera hacerle saber a Olimpia que no se había olvidado de lo buena persona que fue cuando ella apenas había entrado al imperio. Por compromiso o no, lo que había hecho para Selene valía.

Cuando el imperio quedó en silencio y todos estaban durmiendo, Selene salió de sus aposentos para dirigirse hacia los calabozos donde se encontraba Olimpia. Uno de los guardias se encontraba por los pasillos y la joven se escondió hasta esperar para que se fuera de allí. Apenas lo vio irse, se escabulló con ligereza hacia el subsuelo donde estaba encerrada la esclava.

―Hola Selene ―dijo el guardia al verla.

―Hola, ¿serías tan amable en dejarnos a solas? Quiero hablar con ella, por favor ―respondió sin darle más detalles.

El hombre la miró con atención a los ojos, sabía que la muchacha algo se traía y aunque no quiso, dejó que hablaran a solas.

―Te dejaré cinco minutos con ella, luego volveré y deberás irte Selene, tengo la órden del emperador de que no estés aquí, no es un lugar para una mujer y te pido disculpas si sueno tajante con lo que te digo ―afirmó.

―Te entiendo, no te preocupes. Cinco minutos, te lo agradezco.

Cuando el guardia se alejó de allí, ambas quedaron mirándose.

―¿Por qué viniste? ¿Para burlarte de mí y ver que estoy entre rejas? ―cuestionó abrazándose las rodillas.

―Te equivocas demasiado Olimpia, jamás me burlaría de ti, si vine es para avisarte que en una semana Achilles piensa ejecutarte ―manifestó y la mujer abrió los ojos sorprendida.

―No me sorprende, era de esperarse, hice mucho daño y me lo merezco ―comentó sin ánimos en su voz.

―Si vine aquí es para avisarte eso y para hacer algo por ti, después de todo lo que has hecho por mí al principio debo hacer algo, nunca supe si lo hiciste porque quisiste o por compromiso pero no me importa, no puedo quedarme de brazos cruzados y dejar pasar las cosas.

―Me acerqué a ti de buena voluntad, porque quise y porque sabía por lo que habías pasado, algo parecido me sucedió y esas cosas deben pasarse en compañía de alguien más para por lo menos quitar de a poco la angustia que se siente en momentos así ―confesó―, pero cuando supe que Achilles estaba interesado en ti, no lo pude soportar y hice todo lo que hice por celos y porque creí que en algún momento él se fijaría en mí ―habló con congoja―, sin embargo no fue así, él nunca me dijo cosas para interpretarlas como algo sentimental, así que yo sola me creé la ilusión en donde no había nada de eso ―lloró con desconsuelo.

Selene quedó devastada al escucharla como lloraba, no pudo mirarla y giró la cabeza hacia la derecha encontrándose el manojo de llaves sobre una pequeña mesa de madera. No lo pensó mucho y tomó las llaves para abrir la reja, probó todas hasta dar con la indicada y abrió la reja.

―Vete... antes que llegue el guardia, vete de aquí.

―No puedes hacer esto Selene, Achilles se disgustará contigo, merezco lo que me tocó y voy a enfrentarlo.

―No insistas con eso, vete y no vuelvas más, si lo hago es porque todavía me acuerdo lo que fuiste conmigo cuando llegué, por eso lo hago, sé que Achilles se enojará conmigo pero por lo menos sé que hice lo correcto y no me quedé de brazos cruzados ―expresó con sinceridad―. Ya sal de aquí y trata de irte del imperio, será lo mejor, por lo menos comenzarás otra vida.

―¿Por qué sigues siendo así aún cuando yo me porté mal contigo y con Achilles? ―formuló con intriga y sorprendida.

―Ya te dije el porqué. No lo pienses más Olimpia, vete y listo.

―Te lo agradezco mucho, no sabes cuánto te lo agradezco ―dijo y la abrazó.



Sylvie Dupuy

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En el texto hay: esclavagriega, emperador, amor

Editado: 01.08.2019

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