La espera

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Capítulo II

La puerta se cerró con un golpe seco. Y alguien entró a la habitación acaloradamente. 

—Li. —El desconocido que acababa de entrar en mi habitación pronunció mi nombre de forma extraña, aunque familiar. Estaba desconcertada, ¿Qué hacía aquel chico moreno de ojos rasgados entrando en una habitación de motel con una chica herida de bala? —He ido a la farmacia y... —El moreno con una bolsa de plástico, metió la mano en esta mientras yo le interrumpía. —¿Quién cojones eres tú? 

Estaba flipando. Literalmente mis ojos estaban mucho más abiertos de lo normal, me quedé allí, en la cama, sin hacer nada, en shock.

—Li ¿Qué te pasa? —Preguntó el asiático acercándose en un par de pasos a mi cama. Por instinto mis piernas me lanzaron para atrás, y al hacer el movimiento un grito desgarrador salió de mí. —Deja que vea tu herida. 

—No. 

—Te estás desangrando. 

—No me estoy desangrando. Hace horas que duermo ya me hubiera muerto. —Dije tocando por encima mi herida. —Pero ¿Quién eres tú y por qué parece que me conozcas?

El chico se quedó observando mi cara, analizando cada pequeño gesto que hacía, y después de unos segundos de incómodo silencio decidí hablar. 

—¿Me vas a responder en algún momento?

—Ya lo entiendo. —Dijo sentándose a mi lado, con la confianza que yo no le había dado.

—Oye tienes que irte de aquí. —Me intenté incorporar para poder echar a ese desconocido de la habitación y poder curarme la herida, pero él no tenía el mismo pensamiento que yo, cuando me iba a levantar me paró en seco. 

—¿A dónde crees que vas? ¿Acaso no ves que no puedes andar por la calle con una bala incrustada en tu pierna derecha? —Y aunque no quisiera, el moreno tenía razón. 

Le observé con desconfianza. Analizando su rostro, intentando pensar si me sonaba de algo o si tenía cierto parecido con alguien.

—¿El qué entiendes? 

—El golpe que te diste te debió causar amnesia. 

—¿Amnesia? ¿Golpe? ¿Qué golpe?—Mi cabeza iba a explotar de un momento a otro, notaba como la sangre dejaba de ir hacia mi cerebro y solo salía y salía por mi pierna. —¿Son eso medicamentos? —Observé la bolsa que llevaba colgando de un brazo, el chico se dió cuenta de lo que había venido hacer y comenzó a sacar cajas de la bolsa. 

—Túmbate. 

—Por supuesto que no. —Dije ofendida. —Dame esos malditos medicamentos y vete de aquí. 

—Claro como quieras. —Y por un momento casi sonreí, sin entender su ironía. —¿Te vas a quitar tú solita la bala sin tener ni idea de primeros auxilios? —La cara se me descompuso y sin hacer ningún tipo de ruido me tumbé y dejé que mi pierna fuera útil de nuevo. 

—¿Me conoces? 

—Li. —Dijo entre risas. —Va a ser verdad lo de la amnesia. 

—¿De qué coño me conoces? —La sangre me hervía por dentro, y aunque me estuviera salvando la vida, tenía ganas de huir de él. 

—Todo comenzó un 12 de octubre del año 1997, estaba planificado que naciera en septiembre pero ya sabes, en el útero se estaba muy bien. 

—¿Me estás tomando el pelo? 

—¿No es obvio?

—Mira ¿Sabes qué? No necesito tu ayuda, ni tus medicamentos, ni nada que tenga que ver contigo, me la suda de qué me conozcas o cuando hayas nacido y el por qué coño lo has hecho, así que ahora, por favor sal de mi puta habitación. —Conseguí reunir la poca paciencia que tenía para hablarle lo más tranquila que pude.

—No.

—No era una pregunta.

—Si me voy de esta habitación morirás. —Me pilló por sorpresa su insinuación, habían pasado muchas horas, ya hubiera muerto.

—No voy a morir, está parando de sangrar.

—Está bien te explicaré de qué nos conocemos.

—No. De qué me conoces tú, porque yo no te conozco ni lo pienso hacer.

El asiático limpiaba la sangre de mi pierna mientras echaba un líquido transparente, que supuse que sería alcohol. 

—Siempre has sido tan irritante. —Hablaba mientras comenzaba la peor parte, extraer la bala. —Soy Caín. Pero siempre me llamas K, y yo siempre te llamo Li aunque tu verdadero nombre sea Lillian. 

—¿Puedes ir con un poco más de cuidado, joder? —Le interrumpí, casi no le estaba escuchando. No quería gritar, pero era imposible no soltar algún que otro quejido de dolor.

—Lo siento. 

—Continúa hablando.

—Yo soy el... —La puerta se abrió de par en par y esta vez, una chica de inmensos ojos azules entró corriendo a la habitación para ponerse a mi lado y cogerme la mano.



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En el texto hay: amnesia, amor, suspense

Editado: 17.07.2018

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