La estatua

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La estatua

A los costados de la plaza principal se encontraban unas bancas, las cuales eran ocupadas por algunos de los ancianos del pueblo. Más allá se apreciaban arbustos y uno que otro árbol. En medio de esto, cerca de aquella fuente de la que nunca vi brotar agua, estaba una plataforma. La gente del pueblo solía reunirse ahí cuando el presidente municipal hablaba de algo importante. Y esa era una de aquellas ocasiones.

 

El presidente municipal dijo aquel día un discurso que puedo estar seguro, aquellos que aplaudieron cada una de sus frases lo hicieron por mero compromiso. Yo, siendo joven aún, mi vi forzado a imitar esos aplausos cargados de hipocresía. Pero eso no me impidió notar que al lado de nuestro presidente municipal se encontraba un objeto – una estatua – cubierta con una manta. En realidad el maldito discurso se enfocó en aquella estatua, la cual fue colocada ahí para conmemorar el fallecimiento de su hermano. El tamaño de aquella cosa cubierta con la manta era aproximadamente la de un hombre promedio. Y por lo que nuestro presidente municipal había dicho, sería la efigie exacta de su hermano.

 

Yo no conocí al hermano fallecido del presidente municipal, pero mis padres sí. Así que cuando se dijo que la estatua sería idéntica al hermano muerto del presidente municipal, pude ver la incomodidad en el rostro de mis padres, así como en todos los ahí reunidos. Eso me pareció de lo más estúpido, pues sólo se trataba de una estatua.

 

No obstante, por lo que mi padre me contó un día, aquel hermano finado no había sido precisamente alguien amado por la gente del pueblo. Y por lo que me dijo, cierto día algunas personas del lugar se reunieron para acabar con él. Lo mataron de la manera más cruel que podría uno imaginarse. Vaya; Me lo contó con todo lujo de detalles.

 

Como es obvio, aquellos que mataron al hermano del presidente municipal huyeron del pueblo. Aquel lo vio ahí tirado. Había sido masacrado y sus intestinos adornaron el pavimento aquel día, según me contó mi padre. El presidente municipal lloró amargamente durante algún tiempo.

 

Aunque había dejado de llorar, aquel hombre seguía recordando a su hermano. Pasaron varios años hasta ese día en que se decidió hacer fabricar aquella estatua y por lo que se comentó, la mandó a hacer con el mejor escultor que encontró, pues quería que esta fuera la imagen exacta de su hermano muerto.

 

El presidente municipal retiró la manta que cubría aquella cosa. Al hacerlo, vi cómo la gente tuvo que hacer grandes esfuerzos para no gritar. Hubo desconcierto. Miedo en sus miradas.

 

  • Es idéntica a él, dijo uno de los ahí presentes.

  • Es verdad. Dijo alguien más. Esa cosa nos recordará aquellos días malditos en los que el hermano del presidente municipal se paseaba libremente por todo el pueblo.

 

Vaya estupidez. Era sólo una estatua.

 

Aunque no entendí por qué esta tenía ocho brazos y cinco piernas.

 

 

Fin

 

 

 

 



Beto Vázquez

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En el texto hay: traumas

Editado: 11.01.2019

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