La falta de orden en la vida del Doctor Calder

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Plan

Rembrandt se acomodó sobre el diván, muy incómoda. Había sido una tarde muy extraña.

Estaba ahora en un pequeño sótano que Calder había alquilado, en el callejón tres en el área de los muelles. Era un sitio minúsculo, con una pequeña ventana —aunque un nombre más adecuado sería respiradero— hacia la calle. Olía a salitre y a cosas guardadas.

Calder salió de una puerta plegable de madera, y se apresuró a cerrarla.

—¿Te sientes mejor?

—Creo que sí… ya no me siento mareada.

—¿Quieres comer algo?

—Tal vez más tarde ¿tienes hambre?

—Mucha… ¿A dónde vas?

—A tu baño.

—Dale una patada a la puerta para que cierre bien.

Calder se sentó frente a una peinadora muy vieja, con un espejo pequeño y con una esquina rota, y sacó sus materiales mientras intentaba recordar lo que había pasado esa tarde. Había sido la más rara de su vida.

Peter nada más al llegar al sótano sacó una jeringa minúscula y se la puso a Rembrandt en el brazo. Ella saltó por el dolor, y fue adormeciéndose mientras Peter le explicaba, notablemente temeroso de que Calder le disparase.

—Es una droga inofensiva, simplemente no recordará mucho de lo que hablaremos ahora.

—¿Por qué lo haces?

—Porque mientras menos sepa, mejor. Te aseguro que es inofensiva, mira. —Peter procedió a inyectarse la misma jeringa, ahora vacía. Apenas hizo una leve mueca de incomodidad, la retiró y la guardó en su bolsillo.

—No le haría daño —aseguró.

—No parecía así ese día que fuiste a buscarla en mi apartamento…

—Eso es otro tema que no te incumbe, Calder.

Era la primera vez que lo tuteaba. Calder no le apartó la mirada.

—Debo imaginar que tu nombre no es Petyr Peverell.

—No. Mi nombre es Creont. Muchos de nuestros nombres fueron tomados por tu raza y adaptados según los idiomas. Es lo único que realmente admiro de ustedes, la cantidad de formas de comunicar la misma cosa.

—Me estás generando más preguntas que respuestas, Creont.

—No es la intención. ¿Podemos sentarnos?

Calder se sintió insensible dejando a Rembrandt por fuera de toda la conversación. Parecía escuchar de a ratos, pero muchas veces la notaba con la mirada perdida.

Pero al intentar recordar la conversación se dio cuenta de la pesada amnesia que estaba sufriendo. No lograba sino recordar algunas sensaciones.

El borrón de saber que se había molestado por algo, pero Creont lo había tranquilizado. Y luego, cierta satisfacción ¿Por qué? ¿Qué había pasado? ¿Le había pinchado a él también?

Miró sus brazos, y vio un pequeño puntito de sangre en el antebrazo. Se sintió muy molesto consigo mismo.

¿Cómo pudo haberlo permitido? ¿Cómo confiar en esa segunda lagartija de mierda? ¿Cómo verificar que era alguien en quien confiar, y no otro enviado de Kasalis?

¡Kasalis! Una frase le llegó a la cabeza, pero no lograba precisarla… más bien sentía que se difuminaba cada vez más. Algo sobre la familia… Kasalis, miembro de la familia... ¿Creont y él eran parientes?

Miró a todas partes buscando dónde escribir, cuando vio en la mesa una hoja con una pluma. El papel tenía varias anotaciones.

Nunca se había asustado tanto de no recordar nada. Cuando pasaba, solía estar en casa, consciente de que había tenido una noche divertida de putas y licor… No en ese pequeño sótano donde se escondía. Así que cualquier pista sobre lo que acababa de pasar le urgía entenderla. Reconoció su propia caligrafía.

 

Darle una copia de las llaves a Rembrandt de tu departamento, y manda a tumbar alguna pared. Ella dirá que te has mudado y le has vendido el sitio, pero no sabe dónde te encuentras.

 

Recordó vagamente su propia mano andando sobre el papel. Notó un manchón pequeño y embarrado de tinta en su mano izquierda, producto de escribir. ¿Por qué se escribiría a sí mismo una lista de instrucciones?

 

Mantén a Rembrandt allí, que no te visite aquí. Estará segura.

 

Luego había un tachón grande, y otra frase que respondía la duda que acababa de asaltarle.

 

No la molestarán de nuevo mientras no se deje ver contigo. Procura que ella tenga como mínimo cuatro días allí en el apartamento, para dar la sensación de rutina, antes de dejarte ver.

 

¿Dejarse ver?

 

Dejarte ver en el callejón 6. Pronto. En Febrero no tendrás oportunidad.

Hay un depósito en el callejón ocho, donde hay material inflamable. Podría serte bastante útil. Nos hace mucho daño ese material. Tienes la llave.



Ali Bracamonte

Editado: 18.02.2018

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