La filosofía de Asthon

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II. Refugio

Refugio

Raquel Iglesias

 

Ha pasado siete días desde las jornadas antibullying, una semana desde que conocí el estudiante misterioso llamado Asthon y el cual por cierto no he vuelto ha ver desde entonces.

 

Asi que tengo dos teorías respecto a ello; la primera, fue una ilusion creada por las bajadas y subidas que estaba experimentando, o la segunda, era un estudiante que buscaba lo mismo que mis habituales acosadores, burlarse por el discurso que había emitido. La primera tiene sentido pues literalmente parece haber desaparecido de la faz de la tierra, no obstante y teniendo encuenta que tengo poca imaginación creo que la segunda es la más acertada.

 

Asthon parecía rondar los diecisiete años, eso significa que debe estar cursando el bachillerato, así que su aula se encuentra en un edificio paralelo al nuestro que no he tenido nunca la curiosidad de visitar, esa sería una razón lógica ante su ausencia y aprobaria mi segunda teoría.

 

La sirena suena interrumpiendo mis pensamientos, ha llegado el momento de tomar un pequeño descanso. Cierro el libro y lo guardo apurada, tengo intención de ir directa a mi refugio antes de que alguno de mis acosadores  interrumpan mi camino.

 

Por mi desgracia la suerte me tiene abandonada y un pie intercepta el mio haciendo que termine en el suelo mientras escuchó la risa de una hiena.

 

—Al fin encontraste tu sitio, ahora podras besar mis pies sin ningun problema —alzo la vista dando con un destello azul de superioridad —¿No es fantastico?

 

—No —digo tajante mientras me pongo de pie enfrente de Judit.

 

Observo su alrededor y no encuentro a ninguno más de mis habituales acosadores haciendo que me relaje un poco.

 

—Que contestona, ¿acaso te crees alguien?

 

—Al menos no soy la perra de nadie, ¿que se siente al pasar de una cama a otra?

 

La reacción no se hace esperar, con un sonoro ruido su mano impacta en mi mejilla izquierda haciendo que esta empieza a arder como mil demonios.

 

—¡Te vas a arrepentir de esto!

 

Se le nota, quiere más, la bofetada no la aliviado para nada. Me doy cuenta que he herido su orgullo, como diria mi abuela que en paz descanse, las verdades escuecen.

 

Su mirada furtiva me acecha, a nuestro alrededor se ha formado un circulo que como si fueran un coro repiten una y otra vez la misma palabra, pelea, pelea. No quiero pelearme, no creo en la violencia, hubiera sido mejor que mantuviera mis labios sellados, no obstante, he tenido que hablar de más.

 

Tengo miedo de lo que una desquiciada quinceañera puede hacerme. Siin aviso se tira a por mi y con cierto instinto de supervivencia logro esquivarla. Una y otra vez intenta herirme mientras yo busco alguna brecha en el circulo de los estudiantes para poder huir, ¿por qué a los adolescentes les gusta tanto el morbo de una pelea?, ¿es que nadie va a frenar esta locura?

 

—¿Qué es todo este ruido?

 

El tiempo parece detenerse con una simple pregunta, el cantico juvenil a cesado, el circulo se disuelve con la misma facilidad con la que se creo. Parece ser que por una vez mis suplicas han tenido efecto haciendo que lo inevitable sea evitable.

 

—Estoy esperando una respuesta chicas antes de que tome acciones sobre lo que me parece que estaba pasando aquí.

 

El profesor de historia se mantiene con los brazos cruzados esperando una respuesta, aunque es más que evidente que hasta la persona más necia sabría perfectamente lo que estaba pasando. No me importa que castigo nos imponga pues nada puede ser más terrible que recibir golpe tras golpes de una loca.

 

—Profesor César —miro hacía Judit la cual parece estar adoptando una actitud de inocencia mientras sus pestañas no paran de revolotear —Ella solo tropezó y yo le ayude a levantarse.

 

—¿Es eso cierto?

 

Los ojos verdosos del profesor me observan esperando una respuesta, afirmativa o negativa, es hora de escoger. Si digo que no, recibire un castigo y puedo correr la fortuna que la sed de venganza de mi enemiga aumente. Si digo que si, me librare del castigo, sere libre de huir mientras Judit sigue haciendose la niña buena y con un poco de suerte su rabia desaparecera.

 

—Totalmente cierto, ¿qué otra cosa debería estar pasando aquí?

 

—Bien, pueden retirarse. Pero recuerden una cosa, las estare vigilando.



Mikaela Wolff

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En el texto hay: amistades, primer amor, acoso escolar

Editado: 09.04.2019

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