La Gema de la Reina

Tamaño de fuente: - +

Capítulo II. "La tienda Misteriosa"

La mañana estaba nublada y el sol oculto tras ello. Llego el día del baile, y los nervios me comían. Me levanté con mucha pesadez. Estaba muy cansada. Durante las tres semanas, estuve sin parar de ensayar, más los trabajos de clases, no dormía casi, por lo que se me formaron bolsas debajo de los ojos por la falta de sueño.

Desde mi cumpleaños he tenido sueños desconcertantes, y repetitivos, estaba en una cabina de avión, viajando a Nuevo Orleans, cuando una mujer sombría de ojos rojos, me ataca sin ningún motivo, cuando unos de los motores, falla, y el avión desploma estrellándose en una isla virgen. Despertándome a mitad de la noche empapada de sudor con el corazón y la respiración a millón. Cuando recupero de nuevo el sueño, retomo la misma escena, pero con una… muerte diferente, creo. Supongo que es así. Sin embargo, cuando esta mi último aliento por escapar, escucho un nombre, como en un susurro como si fuera un secreto; Elizabeth. Durante algunas horas de clases dormía un poco, para recuperar las horas de sueño y recargar un poco de las energías. Con una pizca de suerte, ningún profesor me vio dormir, o si no habría tenido un castigo.

Después de aquella cena con Brian, todo fue extraño. Si nos saludábamos en los pasillos, y si debes en cuando intercambiábamos palabras, pero era… extraño. Casi no entraba en las clases, y no es que lo estaba vigilando ni nada parecido, solo que me llamaba la atención esas cosas. En la semana me pasaba por la biblioteca en busca de información para los ensayos de profesor Tanner, y él estaba ahí, observándome. Hice caso o miso sobre ello, dejándolo pasar.

En los entrenamientos, me dio tiempo para conocer un poco más a la nueva profesora, Karen nos contó que fue amiga de ella y que aparte de dar clases aquí en el Instituto, da clases en Juilliard, lo que me animo a esforzarme más de lo que pensaba. Ella es muy estricta en las practicas, estiramientos y calentamientos, nos exigían el triple cada día más, y con mi falta de sueño rematada más el estrés y cansancio. He tenido que tomar anti-inflamatorio para los dolores de los músculos fatigados por el constante entrenamiento. El fin de semana pasado, fue ensayo desde las nueve de la mañana hasta las cuatro y media de la tarde, con solo una hora al medio día para descansar y comer algo. Fue un almuerzo muy agradable; de hecho, en el instituto estábamos solo el grupo y la profesora, así que, fue el momento para integrarnos y conocernos más, ya que al igual que mis amigas, nos habíamos unido el año pasado y nosotras no somos muy sociables como Math.

Me levanto de la cama al baño, tomo un vaso de agua, acompañados de las pastillas para el dolor muscular que estaba en mi mesita de noche. Luego bajo a la cocina, y me encuentro con mi nana arreglando los estantes y Orina limpiando el piso, saludo a la chica de servicio con un silencioso “buenos días”, y a mi nana con un abrazo y un beso en la frente. Tomo una taza de café y un plato de tostadas con un poco de queso, y subo a mi habitación, me siento en mi escritorio a terminar el trabajo de historia que era para el lunes mientras desayuno. Vi de reojo a Luna que dormir en su seta acurrucada en las cobijas que yo misma compré en la tienda de mascotas. “Que vida tan dura”, ironicé.

Después de unos minutos con la vista en la pantalla de la lapto, leyendo una página sobre la cultura mesopotámica, mire de reojos a mi lado derecho, donde estaba mi móvil cargándose, al ver la hora exclamo un “¡demonios!”. El tiempo había trascurrido velozmente si percatarme de ello. Lo desconecto y marque a Vicky, para en quito repique, por fin contesta.

-hola – saluda Vicky con una pesadez contagiosa, hasta para mí que estaba del otro lado del móvil, muy alejada de su posición.

-hola dormilona – saludo con burla – ¿qué tienes?

-estoy que me destrozo, mis extremidades están que se cae – se queja – ¡ay no! muero amiga... – dice con voz casi rota,

Que dramática”, sonrió.

-deberías levantarte ya, tenemos la cita con el estilista a la una, recuerda que, si la perdemos, no nos darán el reembolso – le recuerdo con seriedad.

-lo sé... – dice aun quejándose por el dolor – dame treinta minutos para levantarme.

-mejor ahora, son las once y cuarto, ya – le miento.

- ¡¿qué?! – grita del otro lado del celular dejándome sorda, al escuchar la risa comprimida de mis labios, dijo – ¡ja!, muy graciosa Tay. En quince minutos, te paso buscando.

-hahahaha… vale señorita Smith – bromeo, burlándome de ella por enésima vez por la presentación con la nueva profesora – y tranquila, le avisare a Hela.

- ¡está bien! bye.



B. B. Muria.

Editado: 13.08.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar