La Gema de la Reina

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Capítulo XI. "Mi secreto mejor guardado".

Vicky.

Dos horas antes de la media noche…

 

Tanto mis amigas como los amigos de Math, nos habían abandonado en la pista de baile, en cuestión de segundos. Ambos nos encogemos de hombros e ignoramos el hecho de que nuestro grupo se dispersó.

Al final estamos en una fiesta.

El Dj cambian la canción, y suena Jaira Burns con su sencillo de Burn Slow. Exclamé un alarido de emoción y Math se ríe de mí. Comencé a bailar con más entusiasmo dejándome llevar por la canción, mientras Math me sigue la corriente moviéndose conmigo al compás de la música. Colocó sus manos alrededor en mis caderas, y yo pongo las mías alrededor de su cuello. Nos aproximamos más acortando la mínima distancias que nos dividía. Movía mis caderas de un lado a otro rosando de vez en cuanto mi vientre con su pelvi. Un ligero cosquilleo emerge dentro de mí, su se distribuye por mi cuerpo. Emoción. Sentía una increíble emoción al tenerlo tan cerca que podía olor su cálido aliento que tenía una mezcla de alcohol mezclado con mental. Mi blusa se elevó un poco permitiendo el tacto de sus dedos en mi piel, erizándose, como una chispa en un solitario bosque. Fue como si se encendiera un faro a mitad de una penumbra. Fue la primera vez que lo vi con otros ojos.

Sus orbes verdes me observaron con una intensidad, mientras que su mano derecha rozando mi costado, acariciándome con tan ligereza que aumentaba más mis sentidos. Mi respiración se entre corto, cuando su mano me tomó el cuello y por un segundo sus labios casi tocan los míos. Lo aparte de mí con brusquedad, diciendo.

-está haciendo calor, ¿no crees?

-si... si... mmm... – asintió sorprendido y avergonzado, enrojeciéndose – iré por dos submarinos, no te muevas de aquí.

-bien.

Se retira apartando a las personas que bailaban a nuestro alrededor, disculpándose de por medio. Al perderlo de vista, respiro hondo presionando mi pecho sintiendo las pulsaciones de mi ritmo cardiaco para calmarlas. No sabía que pesar de tal gesto. Nunca había pasado nada parecido con él. Nos tratábamos como los mejores amigos, prácticamente hermanos, pero… esa mirada, esa caricia, ese gesto. Son esas acciones que rompe una amistad. Y temí por ello. Por esta amistad que ha perdurada por más de una década. Todo lo que hemos pasado juntos, todos los secretos contados, (bueno… no todos), pero sí que las experiencias vividas. Se tanto de él que me asusta un poco y…

Basta Victoria”, me reprendo a mí misma, sacándome de aquella angustia que tanto insistía en sumergirme.

Opto por ignorar lo sucedido, diciéndome a mí misma, de que sus caricias era solo un gesto amistoso, y como estábamos un poco emotivo por la reciente escena con los obsequios en la sala de lavados, que expresamos acciones fuera de nuestro dominio.

Sin embargo, mis sentimientos hacia Math, estaban empezando a cambiar, y eso no podía permitirlo.

La fiesta seguía su curso. En la sala muchos bailaban, pocos eran los que estaban apartados bebiendo y charlando.

La canción estaba por terminar, cuando el Dj la cambia colocando otra mezcla. Esta vez, era otro género. Me encogí de hombro, decidida a bailar para olvidar los angustiosos pensamientos que rondaban mi mente como mosca sobre la basura. Todo estaba por irse a la mierda después de la segundaria. Math y yo tomaríamos caminos separados. El de seguro a una universidad, o quizás vaya primero a una aventura por el mundo, aun no lo ha decidido, pero de igual forma sé que así será. En tanto a mí… es complicado.

Suelto una profunda exhalación, pensando en un escenario donde me despido de todos y me centro en el destino, en el que mi plan fracasa.

El aire del ambiente se extinguió poco a poco, mientras el vapor crecía. Recogí mi cabello en una cola de caballo, retirando todos los mechones que obstaculizaban mi vista para concentrarme en el aire exterior. Frote mis dedos y pongo toda mi concentración en ello. Aquella sensación de energía, cosquilleo las yemas de mis dedos en un efecto de descarga eléctrica que chisporroteo un poco una chispa de luz de plateada. “Demasiado Victoria”, me dije. Empiezo a bailar, tapando con disimulo lo que acababa de hacer. La mirar de reojos, me percato que todos estaban estaba en su mundo, que nadie me había visto. Eleve la comisura de mi labio en un gesto de astucia y continuo, esta vez con cautela. Hago uso de mi poder, y aquel frio agradable surge en mis manos. El habiente dentro de la sala se refresco un poco. Cerré los ojos, soltando un suspiro de alivio, sintiendo a la vez un agradable alivio y éxtasis de satisfacción. el ambiente se refrescó. En otra época, usar mi poder causaba un fuerte desgaste de mi energía, que con el paso tiempo ese dolor se volvió placentero.



B. B. Muria.

Editado: 13.08.2019

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