La gente de la sombra

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4.Estatuas

Se oyó un ruido. Todos nos giramos. Parecía como si alguien se moviera, pero no vimos nada. Volvimos a seguir nuestro camino sin ningún destino. Notaba que algo o alguien nos observaba bien de cerca, era cómo si un ente invisible nos acechara. Me preguntaba si alguien de nosotros sabía a dónde íbamos, porque hacía rato que me sentía perdida. Desde que Elisabeth nos había dicho que la gente de la sombra vigilaba todos nuestros movimientos empezó a reinar una tensión en el ambiente, aparte del problema que tenían Samantha y Brian. A ratos, sentía cómo si la cabeza me fuera a estallar y temía perder la cordura.

Con cada paso que dábamos se escuchaban el ruido de las pisadas. Las huellas del camino que recorríamos quedaban marcadas en la espuma nevada. Esta, parecía que nos quería comer los pies, por momentos desaparecían. Era cada vez más difícil avanzar, la tormenta de nieve aumentaba poco a poco. La temperatura había bajado y cada respiración salía en forma de vapor. Se podía percibir una ligera niebla en lo bajo de los árboles. El silencio reinaba por todo el lugar. El único sonido que se escuchaba era el del viento empujando las hojas de los árboles. Al ser de noche, no se podía ver más allá de dónde estábamos.

Desde que habíamos empezado a mover, ninguno se atrevía a ser el primero en hablar que no fuera de lo que podría tramar la gente de la sombra. En los últimos días, habían sucedido acontecimientos que habían hecho que, aunque a simple vista todo seguía igual, todos teníamos un problema en común y directamente o indirectamente, todos teníamos un problema individual, ya fuera por uno ocasionado a otras personas o cómo podría cambiar la relación en los que no tenían nada que ver. Cada uno estábamos con unos sentimientos que se habían generado a raíz de la aparición de Werner y estos generaban unos pensamientos y una forma de actuar, luchábamos nuestra batalla personal para poder sobrellevar la situación y que afectara lo menos posible al resto de nosotros. Por ahora, había un problema entre Samantha y Brian. Desde que Werner le dijo que su madre sabía que "no había muerto" y no le había dicho nada a Brian, no supo cómo encajar el golpe. Sinceramente, no creía en las palabras de Werner. Sabía que había logrado lo que quería hacer. Crear un conflicto en el grupo. ¿Para qué? ¿Cuál era su propósito? Brian, ahora tenía dudas sobre su madre, se sentía perdido y confuso. Le conocía desde hacía tiempo.

De repente, oí cómo si algo se hubiera movido entre la niebla. Todos menos Brian, nos pareció ver una sombra a alrededor de los árboles. Brian por instinto, se giró hacia donde mirábamos todos. Nos quedamos así un rato, pero no vimos nada.

-Será mejor que nos demos prisa -informó Samantha lo más bajo que pudo-.

-Habría que encontrar un lugar para poder hablar tranquilamente-propuso Ángel. Asentimos-.

-Es un buen plan -sonreí ligeramente-.

En cuánto nos dimos la vuelta, vimos que entre los árboles aparecieron diferentes tipos de fantasmas. Se les veía preocupados, otros alterados. Sobre todo, había de "los perdidos" y "los olvidados". Brian miró hacia dónde observábamos. ¿Estaban enfrentándose unos a otros? Preferimos mantenernos en silencio para no interrumpir. No sentamos detrás de unos árboles. Por suerte, la poca hierba que había serviría para escondernos. Cogí a Brian para que se sentara también.

-Ellos no nos van a ayudar en nada-gritó un chico con el aura negro claro. Perteneciente a "Los olvidados"-.

-Es lo único que nos queda para tener esperanza. No es que me fie mucho, pero no hay otra-respondió una chica de mediana edad con el aura gris. De la categoría "Los perdidos"-.

-No me gustan. Solo presumen de lo que tienen, sabiendo que hay gente que no está, cómo si nos olvidaran. Cómo si no existiéramos -grito el chico-. Ni siquiera se ayudan entre ellos -se burló-. ¿Para qué tenderles la mano? -miró a la chica con frialdad-.

-No todos son así. Es cierto que hay muchos que lo único que hacen es hacer daño -suspiró-. Pero hay otros que harían lo que sea por ayudar, cómo "los amigables" -sonrió. El chico dudaba-.

-Ayudan...-se quedó pensando el chico-. Quieren que piensen que te ayudan, pero lo hacen por interés propio -se defendió-.

- ¿Te han hecho daño los que están por aquí? -lanzó la chica la pregunta al aire-. ¿No quieres acordarte de quién eras? -murmuró-.

-No...-se quedó pensativo-. No lo sé -cruzó los brazos-.

Se hizo silencio.

- ¿Qué pasa? -dijo Brian que no veía nada. Levantó la voz. Lo mandamos a callar poniendo un dedo en los labios-.

-Te lo contamos cuándo esté más tranquilo todo -le prometí susurrando-.

Sin querer se le resbaló un pie y una rama crujió. Los dos fantasmas se giraron hacia dónde estábamos. Con un dedo Ángel nos pidió que no hiciéramos ni un movimiento, ni una respiración. Teníamos que ser estatuas completamente.



S.R.J.

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En el texto hay: paranormal y poderes

Editado: 02.03.2019

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