La Guardiana

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Capitulo 4

Como habíamos quedado, una hora después estoy en el claro esperándolos. Los nervios y la ansiedad de averiguar qué es lo que le estaba pasado a mi abuela me está carcomiendo. Como podía ser que alguien le esté haciendo algo así mientras que ella lo único que había hecho en su vida era ayudarlos.

─ ¿Sola bombón?─ me dice una voy grave al oído haciéndome sobresaltar y darme la vuelta de un salto, para encontrarme a Kechu con cara de… ¿seductor? O algo parecido.

─ ¡Casi me matas de un susto!─ le digo llevándome la mano al pecho, como si eso pudiese hacer que el corazón deje de latir como un loco.

─No lo pude evitar… estabas tan concentrada en lo que sea que estabas pensando que no nos escuchaste acercarnos.─

─Si. No los escuche para nada…─

─Chicos ¿vamos? Si seguimos perdiendo tiempo no vamos a estar de vuelta para el anochecer.─ dijo Lamke acercándose a nosotros.

─Sí, tenés razón. Vamos.─ le contesto dejando a Kechu con la palabra en la boca.

Los cuatro nos adentramos en el bosque, uno detrás del otro, guiados por Kechu.

A pesar de todas las veces que estuve en este bosque, no pude evitar deslumbrarme por la belleza que me rodeaba. La gran variedad de verdes de las hojas de los árboles, alumbradas por finos rayos de sol. Las flores silvestres salpicadas por todos lados. El sonido del agua del arroyo golpeando las rocas del fondo del lecho y el canto de los pájaros. Y sobre todo, lo que más me moviliza son los olores, que me resultaban tan familiares y acogedores.

Caminamos por un angosto sendero marcado en el pasto, evidencia de que es muy transitado. Seguramente es el camino que hacen los chicos. Nos detenemos frente a dos grandes árboles, con sus gordos troncos entrelazados, dejando un espacio en la parte inferior, como si fuese una puerta, pero no lo suficientemente grande para que podamos pasar parados. Las copas de los árboles están llenas de diminutas flores violetas, casi no dejando nada de espacio para las hojas verdes. Nunca había visto un árbol así en el bosque. Me los quede mirando asombrada. Como podía ser que la naturaleza pudiese hacer algo tan maravilloso…

Kechu, va a la cabeza de la expedición, me mira y sin decir una palabra, me guiño un ojo y camina hasta los arboles entrelazados. Cuando está parado frente a ellos se detiene y dándose la vuelta me dice:

─Ah, me olvidaba…─ se acerca a mí buscando algo un uno de los bolsillos del pantalón, acerca una de sus manos a mi rostro, exactamente a mis orejas. Me pongo nerviosa por su cercanía, pero trato de dominarme. Entonces con un movimiento rápido me pone algo en las orejas. Lo miro frunciendo el entrecejo. Entonces me dice:

─Listo, ahora si.─

Llevándome las manos a mis orejas noto que tengo algo puntiagudo en ellas. Lo miro sin entender nada. Entonces sonriéndome, me dice:

─Con esto no te van a reconocer…─

Lo sigo mirando sin entender nada.

─Es para que no se den cuenta que sos humana. Y piensen que sos una elfo… Las orejas… puntiagudas. Bah…, no importa. Vos solo dejátelas puestas.─ me dice resignado a que entienda.

─ ¿Que te hace pensar que unas orejas puntiagudas van a hacer que nadie se dé cuenta que soy humana?─

─ ¿Cuantos seres humanos viste con orejas tan hermosas?─

─ ¿Me lo estás diciendo enserio?─ le pregunto sin poder creer que realmente no está jugando conmigo.

─Por supuesto, ¿porque no voy a estar hablando enserio?─

Cuando le estoy por contestar, Lamke me interrumpe diciendo:

─Perdón que interrumpa esta conversación tan trascendental, pero el tiempo pasa…─

Tiene razón. Pero Kechu parece que no piensa lo mismo, ya que murmura algo entre dientes mientras que hace ademanes con las manos. Luego se da vuelta y comienza a caminar y pasa agachándose por la abertura que queda entre los árboles entrelazados. Lo siguen Lamke y Chofu. Los tres se quedaron del otro lado esperándome, con una mirada ansiosa. Así que, tratando de sofocar la incertidumbre de porque pasaron por entremedio de los árboles en lugar de esquivarlos, los imito y paso yo también. No me tengo que agachar tanto como ellos, pero si lo suficiente como para no golpearme la cabeza.

─Bienvenida a nuestro mundo.─ Dice con solemnidad Kechu.

─Gracias, pero lo único que hicimos fue atravesar por entre dos árboles…─

─No son dos árboles cualquiera…─ me dice Lamke.

─Pero no fuimos a ningún lado…─ le digo sin entender que es lo que están queriendo decir.

─ ¿Estas segura? Mira a tu alrededor con atención…─ contesta Lamke con una sonrisa en sus perfectos labios.



MaCom

Editado: 10.05.2019

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