La Guardiana del Tiempo

Tamaño de fuente: - +

Parte 1

El pueblo Star, desde el principio del Universo, habían cuidado de los planetas en estado primitivo para darle tiempo a sus habitantes de lograr el desarrollo total de sus capacidades.

En el caso de la Tierra varias veces se han producido cataclismos como inundaciones, erupciones volcánicas, la era glacial, pero por ellos el planeta no se había destruido, además de cuidar a los pocos humanos que sobrevivían, para que pudieran evolucionar, por eso a quienes se les destinaba a esta labor en su planeta se les llamaba los Guardianes del tiempo.

Una helada mañana de 1990, en un sector del monte Everest.

— Hija ¿Seguro estarás bien hasta que llegue tu pareja?

— Sí mamá, vayan tranquilos, se ganaron su descanso.

Parwayu se quedaría sola en la Tierra, sus padres solicitaron permiso y se les autorizó para volver a su hogar ancestral, su madre llegó de Star para ser la pareja del Guardián de la Tierra, por eso quería retornar a su mundo. En cambio el padre, al igual que su hija, nació en el planeta que protegían sus padres, ahora que su misión pasaría a la siguiente generación, el matrimonio podrían separarse, pero se habían acostumbrado tanto uno al otro que decidieron seguir juntos.

Hicieron las peticiones correspondientes, y su hija fue nombrada Guardiana oficial de la Tierra, así seguiría con la labor de su familia. En su raza los sentimientos no eran importantes, los dirigentes se encargaban de designar a las parejas. A la joven extraterrestre le enviarían en breve a la suya para que le ayudará en su misión. No les estaba permitido mezclarse con las demás razas, ya que aunque tenían poderes mentales inmensos, y vivían más de un milenio, si alguien que no era de su pueblo los tocaba perdían todos sus inmensas facultades.

Parwayu al ser un miembro muy joven de su raza no había desarrollado todo su potencial, recién había cumplido 100 años, aunque aparentaba 20, la característica más llamativa físicamente de todos ellos era la marca de una estrella en su frente.

— Pronto tendrás a quien te ayude, recuerda que tu deber está primero que todo.

— Lo sé, mamá — respondió ella firme.

— Estamos muy orgullosos de ti, serás una excelente protectora del planeta, y seguirás con la tradición de tus antepasados.

— Gracias papá, los extrañaré, pero ya soy adulta. Vayan sin preocupación.

Subieron a una nave semi circular, pequeña, que muy rapido se perdió en el cielo estrellado.

— Seré fuerte lo juro — entró rápidamente y las puertas se cerraron.

Luego de un mes, una tormenta azotó el lugar haciendo que el mecanismo de la entrada principal fallará, se abrieron un par de centímetros las puertas, ella tuvo que abandonar el hangar e irse a las instalaciones del fondo, para evitar congelarse. Cuando todo estuvo calmo, la muchacha envío al autómata de servicio para que arreglará el desperfecto, pero al terminar descubrió que había alguien.

— Hay un humano en la entrada — anunció con su voz metálica.

— ¿Está muerto?

Hasta ese momento ella solo había visto humanos fallecidos, ya que ninguno lograba sobrevivir el clima tan extremo que siempre había en el lugar.

— Según mis sensores, está vivo, aunque con principio de hipotermia.

"¿Qué debo hacer? Papá lo dejaría morir fuera, así no hay riesgo para la misión".

— Sácalo fue.... — no pudo terminar la frase - llévalo a la habitación de mis padres, quédate con él y dale la atención que necesite para que mejore.

"No puedo acercarme, si me toca perderé mis poderes, pero no puedo dejarlo morir — sacudió la cabeza molesta consigo misma — como siempre me dijeron mis padres soy demasiado blanda para este trabajo, deberé hacerme más dura".

Al otro día el joven despertó, al ver el lugar pensó al principio que había sido encontrado por alguien que vivía en la alta montaña, pero se llevó un gran susto al abrir los ojos y ver al robot.

— ¿Quién... o qué eres...? - se notaba que el ser era un autómata, pero muy bien hecho, parecía un humano pero la falta de vida en sus ojos delataba su naturaleza.

Desde un micrófono en la pared del cuarto, se escuchó la voz de la encargada.

— Es un androide, te cuida desde ayer.

— ¿Quién eres? ¿Dónde estás? — miró todo el lugar, bastante aséptico, la cama era amplia, con sábanas y cubrecamas celeste claro, el resto de muebles eran varias mesas, y un par de gabinetes, había una puerta que al parecer daba a un baño, o algo por el estilo.

— Eso no importa, debes descansar para que puedas volver con los humanos.

— ¿Con los humanos? ¿Qué eres entonces tú?

— Descansa — cortó la comunicación.

"Que tonta soy, ahora sabe que no está con los suyos".

A la semana, Luis, que así se llamaba el hombre, ya estaba recuperado, pero el clima no le permitía bajar de la montaña, así que Parwayu dejó que se quedará un tiempo más, siempre y cuando no saliera de la habitación donde despertó.



Izbet Supay

#1990 en Fantasía
#4276 en Novela romántica

En el texto hay: romance imposible, lucha, sacrificio

Editado: 18.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar