La Guerra de Ángeles

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3. Fuente Mágica

Apenas lo conocía, no podía besarlo así como si nada, se lo hice saber alejándome de él. Agarró mis manos con mucho cuidado; como si fueran frágiles, mirándome a los ojos, preguntando si no sentía lo mismo que él. Ese sentimiento en donde éramos solo nosotros dos, como si se detuviera el tiempo y todo alrededor de nosotros se congelara. No podía negar la enorme electricidad por todo mi cuerpo al estar cerca, uno del otro.

—¡Vamos! no te hagas la difícil —coqueteó Henry—, sé que lo queres tanto al beso como yo.

Me daba ganas de decirle si pero algo en mí decía no. No pude resistirme a su hermosa mirada, esos ojos me derretían, provocándome un temblor por todo el cuerpo. Henry se acercó cada vez más a mi boca, logrando sentir su aliento a menta, nuestros labios lograron unirse como uno solo, ese beso era dulce, cada vez se iba poniendo más fogoso. Aquel chico era muy irresistible, sus besos eran deseables. Abrí mis ojos sorprendida por el beso, nuestras miradas chocaron para luego no hacerme mucho problema por lo que hacíamos, dejándonos llevar por aquel placentero y hermoso beso; con aquel chico que tanto me atraía. Duró unos cuantos minutos ese beso tan sorprendente, Henry me dio una cálida sonrisa que hizo sonrojarme, en otras palabras prenderme fuego, abrió su boca y en un sonido suave a la altura de mi oído, susurró un te amo ¿acaso no era muy apresurado un te amo?, ¡como si me conociera!

—Muchos dicen que cuando se dice muy de pronto te amo —dije apresuradamente para luego seguir diciendo:—la relación no funciona mucho tiempo.

Su te amo por alguna razón no me hizo sentir incómoda, aunque me hizo dudar mucho en lo que yo sentía realmente por él ¿acaso estaba enamorada? o ¿solamente era una ilusión?, ¿él estaba realmente enamorado? o ¿su te amo era para aprovecharse de mí? Al mirarlo sentía que todo eso era verdad pero después de ver mi situación, lo que creía verdadero terminaba siendo una farsa ¿qué se suponía que debía hacer?, ¿seguir con ese juego? Pero sin enamorarme porque sabía que cuanto más me ilusionara, más doloroso iba a ser el momento de separación.

Todo parecía hacerlo apropósito, estaba completamente confundida, él parecía estar muy a gusto con mi desorden en la cabeza. Me acerqué hacia Henry, esta vez fui yo la que le dio el beso, si ibamos a casarnos era normal darnos besos ¿no? quería alguien que me respetara por lo que era. Al parecer Henry estaba haciendo buena letra, llenándome de elogios.

—Te prometo que te voy a dar joyas, diamantes, todo lo que me pidas.

Parecía muy seguro de todo lo que decía pero yo no me sentía muy bien con lo que me estaba diciendo ¿de qué me estaba tratando?

—No importa eso, quiero que te enamores de mí —insinué algo ofendida por lo que había dicho.

Si me creía esa clase de chicas que solamente se enfocaban en el dinero, diamantes y mansiones. Estaba muy equivocado, jamás le pediría un centavo a nadie, siempre había hecho las cosas por mi misma como una chica independiente y estaba orgullosa de ello.

—Cada día te vas volviendo más perfecta —aclaró el chico de ojos sorprendentes—. No sos como todas las otras.

En ese momento me daban ganas de golpearlo con la punta de un taco aguja en la frente. ¿Qué significaban todas las otras?, ¿acaso era la número 364 o 500?, ¿quién sabía? De todas las palabras lindas que había pensado y dicho sobre él, me retractaba completamente.

—Por favor no mal intérpretes, por ser así vales oro. También noté que sos de tener carácter, eso me atrae mucho de vos.

¿Acaso él pensaba todo eso de mí? Cada vez me dejaba más confundida ¿qué estaba queriendo hacer con mi cabeza?, ¿partirla en pedacitos? Y luego dijo:

—Vos sos un ángel adorable por fuera pero con pensamientos oscuros y vengativo. Para llegar a ser aquel ángel oscuro, pensar en los que te hicieron daño te ayuda. Rápidamente te saldrán alas, es tu objeto para poder defenderte.

Por eso cuando Henry me había tomado de la mano. En ese momento tenía miedo de que me hiciera algo y como defensa salieron mis alas negras. Abrí mis ojos, eran rojos, tenía alas negras y un vestido corto de color negro.

—Esta es la chica que me encanta —aclaró Henry, en un tono desafiante.

Me encontraba fuera de control en ese momento. No sé cómo, pero lo tiré contra la pared agresivamente, depositando mis manos en los lados de su cara, dándole un beso inolvidable que provocaba piel de gallina. Al darme cuenta de lo que hacía, inmediatamente dejé de hacerlo. Podía notar algo de diversión y aventura correr por mis venas, lo pedía a gritos.

—Hen —dije en susurro, audible para él.

Él se descontroló al igual que yo, en un parpadear era la que estaba contra la pared, comenzó a besar mi cuello, a dar pequeños mordidas y depositó un beso intenso, profundo. Cuando nos quedamos sin respiración nos separamos, me aparte de él, dejándolo con ganas. Henry me iba a llevar a un lugar, vendó mis ojos, sujetándome la mano para tener seguridad. Estaba muy ansiosa por saber lo que me iba a mostrar, abrí mis ojos, enfrente de mi había una fuente de agua cristalina.

—Es hermosa —le indiqué.

—Cumple tus deseos, tenes que hacerte un tajo y mojarte con el agua.

Indicó que no dolía mucho el tajo, tenía muchas ganas de probarlo, pero también daba miedo, no me agradaba la idea de cortarme y ver mi sangre.

—¡No me cuentes más! —exclamé—, antes de que me arrepienta.

—Cada corte es un deseo y podes pedir infinitos, pero solamente las personas de buen corazón.

Tomé el cuchillo entre mis manos, comencé a hacerme un pequeño tajo en mi dedo índice, veía cómo mi sangre recorría toda mi mano, mojé el dedo en el agua cristalina, ya no tenía más sangre y el tajo ya había desaparecido. Sin que Henry me escuchara pedí el deseo de ser una buena reina. El chico de ojos claros me informó que el deseo en unos segundos se iba a cumplir, pronto comencé a estar mareada ¿yo estaba desapareciendo? Comencé a decirle a Henry que no me sentía bien, él se encontraba asustado, sujetándome de la cintura. Cada vez me sentía más débil, derrumbándome y justo antes de tocar el piso Henry me sujetó fuerte. Aún seguía con mis ojos abiertos, unos segundos después miré mi mano, estaba desapareciendo y lucía algo transparente ¿qué era lo que me estaba pasando? No entendía nada, desaparecí de las manos de él sin dejar rastros.



C.R.GRIMALDI

Editado: 21.02.2020

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