La Guerra de Ángeles

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8. Collar de Esmeralda

El rostro de la chica no estaba, pero parecía yo. Comencé a pensar en Henry, la mamá tenía el poder para saber el futuro y el tiempo. Cuando ella había estado en el cuarto todas las cosas que se imaginaba las pintaba, poniendo detrás número a los cuadros; como si fuera una historia sólo con imagines. Henry ni bien se dio cuenta, hace unos años atrás, empezó a ordenarlos pero faltaban cuadros. Estaba segura, ese cuadro frente a mi, colgado cerca del espejo, era uno de los cuadros faltantes. Esa misma imagen la tenía en mi mente de una pesadilla donde estaba usando el collar de esmeralda. El cuadro estaba siempre frente a mí, solo que nunca me había dado cuenta ¿ahora cómo hacía para sacar el collar del cuadro? Gracias a Diana que se le ocurrió meternos adentro del cuadro, con la ayuda de algún espejo, lo logramos.

El lugar era muy oscuro, el cielo se tornaba de un color azul y violeta. El cielo se encontraba lleno de estrellas color naranja, llamaban mucho la atención.

Parecía que estaba ocurriendo una guerra. Junto con Diana nos escondimos detrás de un puesto. Todas personas místicas desde hadas, duendes, dragones; se encontraban asustados, escondidos o corriendo por todos lados. En ese momento vi alrededor de mi cuello el collar de esmeralda. Diana se encontraba sorprendida al igual que yo, tenía una cadenita brillante y de plata, justo en el medio de la cadena llevaba un dije en forma de corazón con la piedra dentro, medía unos 5 cm y pesaba más de lo normal. Inmediatamente salimos de ese lugar yendo hacia nuestra antigua casa en la Tierra, extrañaba tanto estar ahí pero solo pude disfrutar ese momento unos segundos ya que Henry se iba a dar cuenta. Cerré mis ojos concentrándome, logrando llegar a la habitación del castillo, acompañada de Diana, cuando golpes en la puerta se escucharon.

Era Henry, había encontrado algo, quería mostrármelo, aún seguía teniendo el hermoso collar de esmeraldas en mi mano y Diana seguía dentro de la habitación. Miré a Diana algo preocupada hasta que rápidamente se metió dentro del ropero junto con el collar de esmeraldas. Dejé que pasara Henry, él llevaba un cuadro en su mano con una hermosa mariposa de color verde manzana y azul, en la parte de atrás no había nada, y justamente era esa la parte que me mostraba pero al verlo tras la luz se encontraba el número 23 <<¿por qué ocultar el número?>> cuestioné.

—Para que nadie descubriera lo que pasara —agregó Hen.

Hablando con Hen, algo raro ocurrió. Me sentía con ganas de beber sangre, quería tomar sangre, sangre y sangre como si fuera un vampiro ¿acaso me estaba volviendo loca? Según Henry mi pelo había cambiado de color, a negro, mis labios se encontraban pálidos y mis ojos eran rojos, saqué mis alas negras hacia fuera abalanzándome hacia él, tirándolo al piso. Él parecía algo asustado y sorprendido de verme así, salió corriendo, miré hacia el espejo, estaba muy pálida, asustada de verme por aparentar ser maléfica, mis ojos eran rojos.

Regresó con una botella llena de sangre que con mucho gusto y sin desperdiciar nada, la tomé. Con toda la boca llena de sangré, lavé la cara para luego salir por la ventana. Llegué hacia el bosque, donde vi un conejo saltando, clavé una uña en su pequeño cuerpo, puse mi boca sobre aquel animal muerto para absorber la sangre, todavía seguía sedienta. Cada vez me sentía más ágil y poderosa. Estaba incontrolable, vi otro conejo ese era más grande que el anterior, logrando tomarle toda la sangre. Henry de repente apareció detrás de mí con unas dos botellas más de sangre que tomé para saciar todo el hambre, la sangre era como tomar agua con azúcar, deliciosa.

—¿Estas bien? —preguntó el chico de ojos verdes esmeraldas.

—Ammm... si mejor —levantándome del piso—. Gracias por haberme traído la sangre.

—No pasa nada es normal, a veces pasa. Hay a algunos que les pasa más que a otros —sonrió—. Bueno mejor te dejo que descanses un poco, igual seguro no vas a tener sueño con todo lo que tomaste.

Ni bien se fue Henry. Junto con Diana fui a donde se encontraba mi madre para entregarle el collar de esmeraldas. Estaba algo sorprendida cuando me dijo que fuera al palacio y tuviera todo el tiempo el collar de esmeraldas puesto ¿qué estaba queriendo decir con el collar mi mamá? Seguro si le preguntaba me iba a decir:

—Averígualo por vos misma.

Sin que yo le preguntara nada dijo:

—Es muy importante que lo uses porque tenes que estar linda para cuando te haga la pregunta.

¿Qué pregunta? No entendía nada. Regresé al palacio más confundida de lo que me había ido pero ¿qué era esa pregunta?, y ¿de quién? Estaba segura que Diana sabía todo pero no me iba a querer decir nada. Estaba en mi cama pensando lo que podría llegar a ser pero nada pasaba por la cabeza, la tenía en blanco, mientras Diana quitaba ropa del mueble. Sacó un vestido muy provocativo de un color verde, hacía juego con el collar de esmeraldas, era corto por sobre arriba de las rodillas, no tenía breteles, estaba descubierta la espalda en forma de corazón y por supuesto acompañado de unos hermosos zapatos que hacían juego. Mientras me cambiaba, seguía pensando en aquella pregunta, carcomía toda por adentro.

—¿Puedo pasar? —preguntó Henry.

—Sí pasa Henry —dije entusiasmada.

¿Acaso él iba a hacerme la pregunta? Nerviosa, era poco, con tantas vueltas ¿acaso era grave? Muchos minutos estuvimos sentados sobre mi cama. Creí que Diana en cualquier momento se iba a quedar sin aire, de tanto estar dentro del ropero.

Henry no paraba de mirarme, no decía palabra alguna, tenía una cara de serio: llevaba una camisa blanca, un pantalón de jean negro y sus famosos zapatos color beige.

¿Qué era lo que me quería decir tan importante? Estaba pálido, sus manos sudaban, podía ver su cara de miedo. En otro momento hubiera sacudido a aquel chico hasta que me dijera lo que pasara pero no era bueno hacer eso, aunque ganas no me faltaban.



C.R.GRIMALDI

Editado: 21.02.2020

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