La Guerra de Ángeles

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10. ¿Sueño o Realidad?

Sonrío en forma de alivio, me tomó en sus brazos reconfortantes para luego besarme delicadamente.

—La boda se va a hacer pasado mañana —dijo contento—. Espero que no sea un problema.

Era la mejor noticia que me habían dado. Henry había notado lo nerviosa que estaba por el casamiento, a decir verdad estaba muy asustada. Temía de ser reina, pero con Henry a mi lado ese miedo se iba como por arte de magia, reemplazándolo con seguridad. No lo sentía desde hacía mucho esa seguridad y me gustaba mucho sentirme así.

Le agradecí a Henry por entenderme, me estaba comprendiendo más de lo que yo me comprendía. Su apoyo me daba fortalezas desde algún punto de vista, saber que hasta un futuro cercano iba a estar a su lado como reina, se formó una sonrisa en mi rostro. Cada vez pensaba más en pasar una vida junto a él. Al terminar ese momento feliz, en mi cabeza las cosas malas llegaban en segundos, borrando esa cara de feliz a una cara infeliz. Pensar que en alguna parte de mi vida todo lo que tenía, siempre lo había deseado, e iba a destruirse en solo una semanas cuando el secreto saliera a la luz. 

En ese momento traté de enfocarme en mi boda. Paulo tenía que traer mi vestido, cuanto más antes lo tenía, mejor era para mi. Me estresaba mucho la boda, aunque era lo único que me sacaba los malos pensamientos de mi cabeza, la mayor parte del tiempo. Mientras Paulo llegaba, Henry trataba de tranquilizarme haciéndome unos masajes muy dulces.

Quedaban como unas 6 horas para que Paulo llegara, así que solo me recosté con Henry, pero no exactamente para dormir. Henry besaba mi cuello tentativamente, impulsándome a hacer mis más atrevidos deseos. Amaba la idea de que fuera mio tanto como él deseaba que fuera suya. Sus manos tocaban mi piel desnuda, sentía unos pequeños cosquilleos en mi panza, se sentía bien, quería congelar ese momento. Tomé sus manos entrelazándolas con las mías, encajando perfectamente como piezas de rompecabezas. Nos encontrabamos recostados en las suaves sábanas blancas; mientras nuestros cuerpos se movian al mismo ritmo, al principio lento y luego más rápido.

Desperté eran las 6 de la mañana pero Henry no se encontraba, estaba completamente vestida <<parecía tan real lo que había ocurrido la noche anterior>>, supuse haberlo soñado.

—Hola mi niña —saludó Paulo—. Tienes que levantarte —advirtió Paulo.

—Te tengo buenas noticias, mañana es el casamiento —le dije a Paulo con alivio.

—Quiero que esté todo perfecto —expresó Paulo.

—¿Es necesario que me levante a las seis de la mañana? —pregunté con flojera.

Me probé el vestido negro con lindos bordados de flores, era más lindo de lo que me lo había imaginado, se veía completamente hermoso y me quedaba perfecto o eso es lo que había dicho Paulo. Eran las 10 am, habían pasado varias horas. Henry estaba por llegar, así que solo pasamos al tema del vestido para la fiesta de disfraces en nuestra boda.

Henry tocó la puerta más rápido de lo que pensábamos.

—¡No espera no abras Henry, estoy con el vestido del casamiento! No quiero que me veas.

—Chau niño ella está haciendo los preparativos —dijo Paulo algo alterado—. ¡Sal niño, sal!

Ni bien me despedí de Paulo bajé hacia la sala para desayunar. Estaban Des y Henry hablando sobre la boda, decidí entrar antes de escuchar alguna cosa más de la que me pudiera arrepentir. Con Des también hablé sobre los preparativos de la boda, evitando el vestido junto con la idea del disfraz. Terminé el desayuno bastante rápido para evitar tener una charla larga con Des, todavía me seguía cayendo mal, la verdad tenía razón en hacerlo.

Fui hacia mi habitación donde el vestido de bodas estaba sobre la cama. Vi a Paulo con varias telas en sus manos y sus ayudantes organizando las cosas. Paulo me dio a escoger algunas telas, una era blanca, otra negra, otra plateada, no me decía, todas eran muy lindaas. Terminé escogiendo una negra con un antifaz que hacía juego, como peinado de bodas quería un rodete. Yo le agradecí a Paulo y a sus ayudantes por todo, por el vestido de bodas que era hermoso.

La idea de ir a visitar a Diana con todos los preparativos estaba buena, me había olvidado completamente de ella. Ni bien la vi a Diana la llevé a escondidas hasta la habitación. Diana se emocionó mucho por el vestido. Pidió que le mostrara el maquillaje para la boda, pero cuando abrí el maquillaje una mancha de color blanca se veía en el vestido negro de la boda. Traté de mojarlo con agua para que saliera pero nada funcionaba, la mancha cada vez se hacía más grande; el casamiento era al día siguiente. Estaba completamente nerviosa por el vestido, hasta que Diana me dio la idea de usar mis poderes. Agarré el vestido dejándolo arriba de la cama, moví mis manos; el vestido en un parpadear de ojos desapareció, dejándome más nerviosa de lo común. 

Pasó media hora hasta que Diana me dio otra idea. Tomé un cuchillo y frente a la fuente de deseos me hice un tajo en el dedo índice, <<deseo que el vestido de mi casamiento esté como antes de sacarlo del placar>>, dije desesperada. Cuando llegué a mi habitación, mi dedo sangraba, pero el vestido estaba en su lugar; justo en el placar, sin la mancha, por arte de magia.

Tomé el vestido aliviada, los malos pensamientos se esfumaron, y luego escuché cómo Henry llamaba por mi nombre, a unos pasos de abrir la puerta. Advertí que no entrara, ya que, si él veía el vestido antes de la boda podía provocar un mal augurio pero llegó a abrirla antes de que terminara mi oración y tenía el vestido en mis manos.



C.R.GRIMALDI

Editado: 21.02.2020

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