La guerrera durmiente: la maldición © [completa]

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Capítulo 13 | Filtrando pesadillas

La mañana siguiente fue inaugurada por el grito de Aurora, que se despertó por una pesadilla antes que el sol se asomara por el horizonte.

Nairi no fue la única que se despertó, sobresaltada, por el grito de la chica, pues al menos tres o cuatro tiendas a la redonda oyeron el grito y salieron, pensando que estaban siendo atacados.

Caelina fue una de los que llegaron corriendo a la tienda de las chicas y abrió la puerta. Nairi ya estaba hablando con Aurora, dándole un poco de agua y ayudándole con el sudor. Al ver la situación, Caelina calmó a los demás, diciéndoles que podían volver a dormir pues no era nada grave.

—¿Qué soñabas? —preguntó Nairi.

Aurora se encogió de hombros.

—Siempre sueño cosas parecidas, casi todo es sobre mi casa, sobre el hechizo. Los primeros días, las pesadillas eran soportables; ahora casi no puedo descansar. Se siente como si me cortaran la piel, aunque no sueñe con eso —contó Aurora, gruñendo con dolor.

—¿Crees que el hechizo sea lo que lo causa? ¿Crees que sea algo mágico?

—No lo sé, pero cada vez son más intensas, más horribles. No creo que sea natural.

Nairi asintió.

—Entiendo. Espera.

Caminó hacia su mochila, donde sacó un collar y se lo dio.

—Es un atrapasueños mágico. Fue elaborado por una bruja, así que funciona. Te ayudará a dormir —aseguró.

Aurora lo observó, indecisa, pues no entendía lo que estaba pasando. Nairi lo interpretó como que no podía ponérselo sola, así que lo tomó de sus manos y, bajo su mirada confundida, se puso atrás de ella. Aurora entendió y levantó su largo cabello.

—Filtra las pesadillas —intervino Caelina, que observaba callada la escena desde la entrada—. Bueno, filtra lo que sueñas, dejando pasar las pesadillas y quedándose con los sueños.

Aurora comprendió y sonrió.

—Gracias.

—Cuando quieras. Iré por más agua —anunció Nairi, tomando el vaso vacío—. Duerme un rato más, falta mucho para el desayuno.

Aurora no necesitó más para volverse a meter en el saco y dormirse, sintiéndose mejor desde el primer segundo.

Caelina siguió a Nairi hasta la tienda de cocina, donde se sirvió agua. Había observado la escena anterior con detalle, viendo cómo se había preocupado Nairi por Aurora, y cómo la había tratado con cuidado y cariño. No entendía muy bien qué significaba eso, pero esperaba que no fuera para tanto.

—Le diste el atrapasueños —dijo Caelina.

—Ajá —murmuró Nairi—. ¿Su grito sonó tan fuerte? No estás tan cerca de mi tienda.

—No, no lo estoy, pero tengo el sueño ligero y sí, fue ensordecedor —bromeó—. La verdad, las personas se preocuparon, no me sorprendería que por la mañana la gente estuviera hablando de eso, ni que se le quedaran viendo todo el tiempo.

Nairi se encogió de hombros.

—No es como que haga mucha diferencia. Todos hablan de ella ahora.

—Qué te digo, es la novedad. No siempre llegan misteriosas exprometidas del rey, rescatadas por la resistencia, más hermosas que ninguna otra mujer. ¿Cómo no llamaría la atención?

—Ya lo sé, no los culpo. Llama mucho la atención.

Caminaron hacia la tienda de Nairi, sin hablar más, y Caelina se despidió a regañadientes, lamentando tener que retirarse tan pronto.

—Nos vemos al rato —dijo, y arrastró los pies hasta su tienda.

Aurora estaba durmiendo, su cara muy diferente a hace rato: pacífica, serena. No había sudor en su cara, así que Nairi cerró la tienda por completo y se durmió viendo la cara tranquila de su amiga.

***

—¿Sí está bien que vengamos a ver a Gyneth, de nuevo?

—Por supuesto. Se quedó preocupada por ti, no ha sabido nada de nosotras desde que vinimos el otro día. Le aliviará saber que estamos bien —aseguró Nairi, justo antes de llegar a la puerta de la cabaña donde habitaba la bruja.

Tocó un par de veces y Gyneth salió. Sus cejas se dispararon hacia arriba, y su boca se abrió en una gran «o» al verlas.

—¡Niñas! —chilló—. ¡Cómo me alegro de verlas, estaba tan preocupada!

Abrazó a Nairi y luego, con el doble de fuerza, abrazó a Aurora.

—¡Pero niña, qué susto nos diste! Nairi estaba súper preocupada cuando no llegaste. ¿En dónde te habías metido?

—Me atraparon —confesó Aurora, sonriendo de lado—. No soy tan hábil como creí.

Gyneth rio.

—Lo bueno es que estás aquí, cariño. Vengan, entren. Están en su casa.

Las chicas se sentaron en los mullidos sofás mientras que Gyneth desaparecía en la cocina. Regresó con una bandeja con galletas y prístinas tazas de té con grabados en dorado. Cuidaba mucho su vajilla.



Leire Cortés

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En el texto hay: retelling, magia, labelladurmiente

Editado: 16.09.2019

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