La guerrera durmiente: la maldición © [completa]

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Capítulo 24 | La imprudencia del amor

Cuando el día de volver a encontrarse con Aurora llegó, Nairi sacó la carta que le había escrito a Aurora en respuesta a la suya y tomó el sobre con la información que había alcanzado a escuchar esos días sobre Megaira y los planes de Athanaric contra Durga.

No había encontrado mucho, pues apenas había tenido tiempo de escabullirse. Después de todo, tenía que mantener las apariencias haciendo todos los trabajos que le dejaban que, al final del día, la hacían caer exhausta en la cama.

Checó el perímetro, asegurándose que no hubiera ningún guardia por los pasillos y se escabulló por la puerta de servicio, una puerta bastante bien escondida que nadie parecía vigilar. Según supo, era una puerta con una pésima ubicación, cerrada con una reja de la que sólo los sirvientes del castillo tenían la llave.

Ella no tenía una propia, pues no era de confianza, pero la tomaba prestada de otro sirviente del castillo, un chico bastante despistado, que devolvía todos los días al volver.

Esperó a Aurora por un par de minutos hasta que vio su cabellera dorada. Verla caminar hacia ella le producía un sentimiento algo mágico y bastante divertido. No sabía qué era con exactitud, pero no podía despegar su mirada de ella.

Se saludaron con un abrazo. Nairi estaba muy nerviosa de repente, parecía que, sin importar lo ansiosa que estaba por que ese día llegara, ahora quería evitarlo. Quería evitar que algo malo pasara, como incomodarla o ir tan deprisa que Aurora se negara. Quería hacerlo bien.

—Aquí está la información —le dijo Nairi. Le dio el largo sobre café y la observó mientras lo tomaba entre sus manos, viéndolo como si fuera algo muy preciado—. Y aquí está algo para ti.

Le dio la pequeña hoja doblada donde había escrito su carta y se deleitó con la sonrisa y los ojos pelones que le puso. Estaba sorprendida, y Nairi no podía disfrutarlo más.

—¿Qué es esto?

—Mi respuesta. Yo también tengo mucho que decirte.

Ambas se sonrieron.

—¿Hoy no te acompaña Nanaia?

Aurora negó.

—Convenció a Yamin que ya sé qué debo de hacer y que podré hacer todo sola. Creo que sólo nos quería dejar solas.

—Dale las gracias de mi parte.

Nairi no veía con mucha claridad a Aurora, pero alcanzó a ver su cabeza colorearse de rojo. Nadie, nunca, se había visto tan bien así.

—¿Qué tal la misión? ¿Todo bien? —preguntó Aurora.

—Si te preocupa que me descubran, tranquila. No sospechan nada. —Aurora sonrió y suspiró, aliviada. A Nairi la pareció muy tierno que luciera tan preocupada—. Pero no te preocupes por mí, si quieres saber más sobre cómo me ha ido, en mi carta también te cuento. Ahora no quiero desperdiciar más tiempo.

Ni quería ni podía. ¿Cómo concentrarse en hablar cuando Aurora estaba tan cerca de ella, luciendo tan hermosa?

Aurora observaba sus labios, lo podía sentir. ¿Era demasiado pronto? Por más que llevaran una semana “saliendo”, apenas se habían visto. ¿Era eso lo que quería, o era que sólo miraba sin segundas intenciones y todo estaba en su cabeza?

Se fueron acercando. Nairi, dudando si esto era lo que de verdad quería Aurora, se movía con una lentitud impresionante. Un caracol habría recorrido más distancia en un minuto.

Entonces y de repente, Aurora se acercó más, cerrando la distancia, y esos diez centímetros entre ellas desaparecieron. Sus labios hicieron contacto y Nairi sólo quería hacer dos cosas distintas: separarse por la sorpresa que le habían causado todas las emociones de repente y acercarse más para seguir sintiéndolas.

Rodeó la cintura de Aurora con sus brazos, disfrutando incluso de ese toque. Aurora pasó sus brazos detrás de la cabeza de Nairi, y ella la dejó. Quería que el beso sucediera a la velocidad que Aurora decidiera.

Aurora la acercó más hacia ella y el beso aumentó de intensidad. Nairi jamás imaginó que la primera vez que besara a Aurora tendría la oportunidad de tocar su lengua, pero sucedió. De repente, Aurora dejó a Nairi meter su lengua y, con timidez, movió la suya en círculos.

Al final, Nairi se separó al oír un crujido proveniente de los árboles. Ahora que Nanaia no estaba para cuidar el perímetro, ellas tendrían que permanecer alerta.

Aurora la miró, más sonrojada aún, con los ojos brillantes.



Leire Cortés

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En el texto hay: retelling, magia, labelladurmiente

Editado: 16.09.2019

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