La guerrera durmiente: la maldición © [completa]

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 27 | El verdadero plan del rey

Nairi pasó las siguientes horas, hasta el anochecer, variando entre el sueño y la vigilia, siendo ambas igual de dolorosas.

Mientras soñaba, las imágenes del falso Yamin siendo degollado se repetían sin piedad. Mientras estaba despierta, sentía un vacío que no se iba y sólo se veía empeorado por el dolor del que todo su cuerpo era víctima.

Cerca de la media noche, Caelina la ayudó a levantarse y escabullirse hacia el campamento. Caminaron y pararon múltiples veces, pues Nairi apenas podía mantenerse en pie, o le fallaba la respiración y sentía que sus pulmones se salían de su pecho.

Tras vomitar un par de veces y casi dos horas de camino, lograron llegar al campamento, donde Nairi fue trasladada por muchos de los guardias más fuertes hacia la carpa médica, donde se sentó en una de las camillas.

Aurora la recibió entre lágrimas y la abrazó con mucho cuidado, intentando evitar apretar las feas heridas en su espalda.

—Me tenías tan preocupada —dijo—. Esperaba que hubieras salido de ahí con vida, pero tenía miedo de que las hubieran encontrado. Ya hace mucho que las estamos esperando, pero no se aparecían. Pensé que nunca te volvería a ver, me estaba volviendo loca pensando…

—Tranquila —le susurró Nairi con las últimas fuerzas que le quedaban.

Aurora, con la cara húmeda y enrojecida, se acercó a ella y la besó con ternura. Ese gesto se sintió como medicina para todos los dolores de Nairi, los del alma y los del cuerpo, pero se terminó en el momento en el que recordó que Yamin estaba muerto.

—Quiero dormir —dijo Nairi. Aurora asintió.

—Te dejaré dormir, pero primero tenemos que desinfectar tus heridas, ¿sí? No queremos que te pase nada malo.

«Después de la muerte de Yamin, sería el colmo que tampoco pudieran salvarme a mí», pensó Nairi. Asintió y, con la ayuda de Aurora, se acostó boca abajo. Aurora observó su blusa, llena de sangre y suciedad, y comenzó a cortarla con cuidado, dejando al descubierto sus heridas.

Llegó el doctor y comenzó a limpiarle la espalda hasta que las heridas eran claras y no tenían sangre alrededor, sólo la carne viva a la que lastimaba el viento.

Nairi había aguantado todo el tiempo con los ojos y dientes apretados. Apenas había gruñido y, en cuanto terminó el doctor, se quedó dormida.

***

El día entero había sido una montaña rusa de emociones para Aurora.

Primero había tenido que pasar por el proceso de decirle a Nanaia sobre su pasado, luego había recibido una de las peores noticias de su vida, una que le había hecho temer no sólo por la vida de Nairi, sino por la suya propia; luego había tenido que ir con Gyneth a pedir ayuda y, finalmente, había tenido que pasar por uno de los episodios más perturbadores y preocupantes que había visto en su vida: a Nairi torturada, a Yamin muerto a su lado, desangrado, las llamas y horas de preocupación.

Estaba a punto de perder la cordura.

Desde que había llegado Nairi al campamento, Aurora no se había despegado de su lado. Ella había estado inconsciente toda la noche y todo el día anterior, pero eso no había evitado que se mantuviera a su lado, quitándole el sudor de la frente y tomando su mano, esperando el momento en el que despertara.

Estaba consciente de que la muerte de Yamin era el peor evento que le había ocurrido a la resistencia. Yamin había liderado el movimiento desde el primer momento, y haberlo perdido era un duro golpe para todos.

Lo podía sentir: el ambiente en la resistencia era más denso de lo normal. No se oían las usuales risas y, a cambio, se escuchaban sollozos y lamentos. Las personas caminaban con la mirada gacha y no hablaban, sólo se consolaban con abrazos y apretones de mano.

Toda la tarde había sido así, y Aurora no podía seguir soportándolo. Estaba muy agradecida con Yamin, y esperaba que, donde quiera que estuviera, descansara o fuera feliz. Estaba segura que había cumplido con su propósito de vida, y había salvado miles en el proceso.

Pero no podía seguir viendo a tanta gente triste. Muchas de esas personas fueron en algún momento a la carpa médica mientras ella trabajaba ahí, a otras las había conocido mientras hacía guardias, en el entrenamiento o en como sus subordinados después de volverse comandante. A todos ellos les tenía aprecio. Habían sido buenos con ella y la habían apoyado cuando lo necesitaba, y ella había estado para ellos también, escuchando sus historias, las tristes y felices, y sentía como que los conocía desde siempre. Verlos tristes, sólo le rompía el corazón más y más.



Leire Cortés

#3249 en Fantasía
#2244 en Joven Adulto

En el texto hay: retelling, magia, labelladurmiente

Editado: 16.09.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar