La guerrera durmiente: la maldición © [completa]

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Capítulo 34 | Todo va a salir bien

Llegó al castillo un par de horas después. Había ido lento, por más que quería correr hasta allá, pues necesitaba lucir impoluta. No quería que el rey sospechara nada.

Pensó también en Nairi. Ya se estaría preguntando dónde estaba, quizá iría a su cuarto y encontraría la carta que le había escrito, contándole su plan. ¿Era un suicidio? Quizá, pero Aurora esperaba con todo el corazón que no lo fuera.

Conforme se acercaba a la entrada principal, muchos guardias se le quedaron viendo, pero ninguno supo bien cómo reaccionar. Sólo la vieron acercarse a la puerta sin ponerle oposición.

Aurora tocó las grandes puertas de madera, y un par de guardias al fin se acercaron a cuestionarla.

—¿Qué hace aquí, Aurora de Nestan?

Aurora tragó saliva.

«Tienes que parecer segura.»

—He venido a hablar con mi señor, Athanaric de Makeda.

Un guardia se puso atrás de ella y comenzó a toquetear el contorno de su figura en busca de armas. Aurora sonrió. No iban a encontrar nada, no después de todo el volumen que tenía el vestido que había escogido. Cuando el guardia que la checó le dio el visto bueno a su compañero, éste prosiguió con las preguntas.

—¿Por qué?

—Porque vengo a ofrecerle un tratado de paz a cambio de mi mano.

El guardia se le quedó viendo con los ojos abiertos de par en par y la boca a punto de hacer lo mismo.

—Adelante.

Abrieron las puertas y acompañaron a Aurora hasta la sala del trono, donde Athanaric estaba sentado con la mirada perdida. En cuanto la vio, frunció el ceño, se paró y desenvainó su espada.

—¿Qué haces aquí?

Aurora recordó las clases de etiqueta de su mamá e hizo una reverencia tal y como le había enseñado.

—Mi señor —dijo. Se incorporó y agachó la cabeza, intentando mostrar un respeto que no sentía—. Como bien sabe, he estado en la resistencia. He visto de primera mano lo que sucede ahí, y sé que no están del lado correcto de la historia.

Si de algo le había servido las clases de etiqueta, leer y escuchar a su padre hablar, Aurora sabía cómo dirigirse al rey para que la dejara acercarse a él.

—Pero, por más equivocados que estén, mi señor, le dan resguardo a niños pequeños que no tienen a dónde ir, a ancianos que ya no se pueden mantener por sí mismos, a personas enfermas que necesitan de otras para seguir viviendo. —Hizo una pausa y levantó un poco la vista. El rey ahora se había sentado, pero mantenía desenvainada la espalda—. Por más equivocados que estén, no quiero que los inocentes a los que les dan asilo se vean envueltos en el fuego cruzado. No quiero que los inocentes mueran.

—Esos inocentes fueron a buscar ayuda a la resistencia y no a mí. ¿Por qué les debería de perdonar la vida?

—Porque no saben lo que hacen, y desconocen el tipo de rey que es, mi señor. Piensan que los quiere muertos, pero yo sé que usted sabe diferenciar entre los enemigos de los que son inocentes, de esas personas que no le han hecho nada y que no son una amenaza para su reino.

—¿Y qué sugieres? ¿Que los perdone, que olvide mis problemas con la resistencia? Eso es imposible. La resistencia es una amenaza, y tiene que ser exterminada.

—Estoy de acuerdo. —Qué amargas palabras—. Pero no estoy de acuerdo en asesinar inocentes.

—¿Qué propones, entonces? Te doy dos minutos para ir al grano, porque estoy muy tentado a asesinarte ahora mismo.

Los guardias a su lado se acercaron más a ella con sus espadas apuntándole. Aurora tragó saliva. Tenía que tener mucho cuidado con sus palabras. 

—Me casaré con usted, mi señor, si sigue interesado en darle la oportunidad a una joven como yo de ser su reina —dijo al fin. Se aguantó las ganas de vomitar y mantuvo su cara libre de cualquier expresión. Agachó aún más la cabeza.

—¿Y de qué me serviría casarme contigo?

—Tras la muerte de Yamin de Nestan, la resistencia me nombró líder de la resistencia, mi señor. Luego me di cuenta de todo el mal que hacen y de la necesidad de ser eliminados, pero era demasiado tarde. Tienen intenciones de asesinarlo, mi señor, y la mejor manera de protegerlo es casándome con usted.

—¿Por qué eso me ayudaría en algo?



Leire Cortés

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En el texto hay: retelling, magia, labelladurmiente

Editado: 16.09.2019

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