La guerrera durmiente: la maldición © [completa]

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 35 | Ella no debería de estar muerta

Nairi no dejó de llorar la muerte de Aurora. Continuó gritando, pataleando, suplicando. Todos inútiles esfuerzos de hacer que lo que estaba presenciando, aquel horrible escenario, fuera una mentira, una mala broma que su mente le estaba jugando, una ilusión, una pesadilla de la que despertaría.

Pero el cuerpo se estaba enfriando muy rápido. Tan rápido que, para el momento en el que Nanaia, Caelina y Atem llegaron a los aposentos del rey, Aurora tenía un color blanco como el mármol y su piel helada invitaba a alejarte lo más posible.

Nanaia ahogó un grito. Corrió hacia Nairi y observó la sangre alrededor de Aurora mientras comenzaba a llorar a la par de su amiga.

—¿Qué pasó —le preguntó entre sollozos a Nairi, pero ella no le contestó. No podía. Se había quedado muda—. ¡¿Qué pasó?!

Nairi siguió sin contestar. Nanaia tomó a Nairi de los hombros y la zarandeó, pero siguió sin reaccionar. Atem, que observaba la escena boquiabierto, se acercó a su novia y la abrazó.

Incluso Caelina, que siempre se había mostrado indiferente hacia Aurora —o incluso desfavorable—, soltó un par de lágrimas que se secó de inmediato. Entonces dio un paso adelante y separó a Nairi del cuerpo muerto de Aurora y lo tomó entre sus propios brazos mientras Nairi se desplomaba sobre el suelo, hecha bolita, y seguía llorando.

Las horas que siguieron fueron confusas. Nairi no entendía lo que pasaba, ni hacía nada a propósito. Dejaba que la gente la guiara, dejaba que las personas le dijera lo que tenía que hacer. Todo se sentía irreal, se sentía vacío, se sentía muerto.

Como ella.

Caelina habló. Nanaia habló. Atem habló. Halli habló. Todos hablaron enfrente de la numerosa resistencia, ejército que se había mantenido vivo en parte —quizá— a Aurora.

Nairi era consciente de los abrazos que recibía, pero no podía saber de quiénes eran. Oía las palabras de ánimo, pero no entendía lo que decían. Oía los sollozos, sentía las lágrimas, pero no entendía con exactitud si eran sólo de ella o si los demás lloraban.

Debían estar llorando, después de todo, era su líder. Y fue amiga de algunos desde que comenzó a trabajar en la carpa médica. Y fue protectora de otros cuando comenzó a trabajar de guardia. Y fue la inspiración de todos, justo cuando se paraba a dar sus discursos para motivarlos y para hacerles pensar que las cosas estaban mejor de lo que en realidad estaban.

Todo estaba mal.

Muy mal.

Porque ya no estaba.

Ni para ofrecer amistad, ni protección, ni inspiración. Ni amor. Ni energía. Ni alegría. Ni esperanzas.

Todo estaba vacío.

Todo estaba solo.

Nairi comenzó a ser consciente de lo que pasaba alrededor cuando Halli comenzó a sacudirla por los hombros, y luego le aventó un vaso de agua.

—¿Qué quieres? —contestó con la poca energía y ganas que tenía de vivir.

—Aurora no puede estar muerta.

Nairi parpadeó un par de veces, bastante confundida. Ahí estaba Aurora, en una mesa, rodeada de flores y de personas que iban a visitarla justo antes de su entierro.

—¿Tú la ves viva? —contestó, intentando sonar enojada, pero sólo sonaba cansada. Muy cansada.

—No, pero no debería de haber muerto.

—Ya lo sé. Fue injusto. No merecía morir, pero decir eso no la va a traer de vuelta.

—No me refiero a eso —insistió Halli. Tenía los ojos hinchados y la cara demacrada. ¿Cuánto había pasado ya? ¿Una noche? ¿Dos? No recordaba haber dormido más de una vez—. La herida que tiene, la apuñalada, no fue muy profunda. Tampoco debió de haber dañado algo muy importante, por lo que no se debió de haber desangrado tan rápido. No creo que sea posible.

—¿Y tú qué sabes? —espetó—. Trabajas cuidando personas en la carpa médica, no siendo el médico. Así que mejor cállate. No sabes de lo que hablas.

—Estoy bastante seguro. —Había un brillo en sus ojos que resaltaba através de la horrible pinta de muerto que tenía.

Pero estaba mintiendo.

—Si me traes a un médico que me confirme lo que me dijiste, te creeré. Si no, no quiero que me vuelvas a hablar nunca más. Ni que te acerques a mí. Jamás.



Leire Cortés

#3186 en Fantasía
#2223 en Joven Adulto

En el texto hay: retelling, magia, labelladurmiente

Editado: 16.09.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar