La hija de Helena

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CAPITULO 24

Virginia Holden a sus 36 años no tiene nada que envidiarle a una cría, su cabello rubio va perfecto con ese par de ojos marrones un tanto más claro que los de Wendy, puede decirse que es lo único que tienen en común.
Conocí a Virginia en una navidad; recuero que llegó llena de regalos y uno de esos tantos regalos era para mí, entonces me obligó a llamarla Tía Virginia y desde entonces se volvió una costumbre llamarla de esa forma. No fue muchas las veces que logré verla, pero por su mirada era innegable que amaba a su hija, entonces, ¿Por qué permanecer tanto tiempo alejado de su propia hija? La respuesta a esa pregunta es lo que más anhela Wendy, pero su madre no hace otra cosa más que alejarse.
Escucho a mí mejor amiga quejarse por no escuchar a su madre hablar, aunque yo también quiero escucharla, esa mirada que tiene me provoca miedo. Son tantos sentimientos encontrados que no sé cómo sentirme.
Virginia permanece sentada frente a mí con el profesor Mauro a su lado, Wendy se mantiene sentada a mi lado mientras los mata con la mirada y cada 5 segundos suelta algún comentario hiriente hacia su mamá. La amplía sala del hotel donde se hospeda la tía Virginia comienza a encogerse y el aire pareciera que estuviera fallándome.
¿Qué tanto tienen que contarme?
—¿Falta mucho para escucharte hablar?
Virginia se muestra herida ante el tono tosco de Wendy.
—Es que no sé por donde empezar.
—Que tal por la verdad —trató de hablar con la mayor fuerza posible, no quiero derrumbarme Justo cuando estoy por saber la verdad—. Vine a Nueva York para eso, pero lo único que he recibido desde que llegue son respuestas a medias, respuestas inconclusas que no llevan a nada.
—Tienes razón, no sabes lo mal que me siento.
—Pues no pareces sentirte muy mal, porque te tomaste bastante tiempo para decir la verdad —Wendy ataca de nuevo, lágrimas bañan de nuevo el rostro de Virginia y Mauro se mantiene neutral—. De no haber sido por esa foto jamás hubieras hablado.
—¡Lo que tengo que decir no es fácil de contar! —su mirada viaja de nuevo a mí, luce atormentada—. Tienes que perdonarme.
—No te perdonaré si no hablas.
—Helena era mi mejor amiga.
Esperaba esto, pero escucharlo de ella es más doloroso de lo que pensaba. Siempre supo que katherine no era mi madre.
—Era hermosa, tan dulce, inteligente. Cuando tocaba algún instrumento captaba la atención de todos. Yo era todo lo contrario. La chica escandalosa, perezosa, lenta para el estudio y sin ningún talento, mientras Helena era el orgullo de su familia yo era la vergüenza de la mía. Todo empeoró cuando conocí a Mauro —ella gira a verlo mientras que él mantiene su mirada en otra parte—. Él no era para nada el agrado de mi familia.
—Un hombre pobre que ayudaba a sus padres en una pequeña galería no era suficiente para la señorita Holden.
Por fin el profesor Mauro habla y sus palabras solo hacen que Virginia cierre los ojos con fuerza. Wendy permanece perpleja a mi lado y yo ni siquiera sé qué decir.
—Es cierto. Mi familia jamás querría a alguien inferior para mí, pero no me importo y seguí viendo a Mauro a escondidas. Para mi era excitante, todo lo que mis padres odiaban era lo que me atraía. Helena me convenció para llevar a Mauro a la fiesta de su décimo quinto cumpleaños, una fiesta en la que conoció a tu padre.
—Warren…
—¿Cómo es que sabes el apellido de tu padre? —al principio ella fue la sorprendía, pero sin duda la verdaderamente sorprendida soy yo. Todo es tiempo lo único que tuve fue su apellido—. Jack Warren, Helena solía llamarle y molestarle con su apellido por Ed y Lorraine Warren.
Me duele ver la sonrisa de nostalgia de mi profesor.
—Yo nunca supe que Helena había tendido un flechazo por el hasta que un día salimos con unas amigas y en la cafetería donde estábamos de casualidad trabajaba él. Entre todas le animamos para que se acercara él, aunque siendo sincera nunca pensé que aceptaría salir con ella por eso de la diferencia de edad, pero la edad fue lo menos importante para ellos.
—¿Se amaban? —mi voz se corta un poco, pero trato de hacerme la fuerte—. ¿Ellos se amaban?
—Como locos. No había momento en que no quisieran estar juntos, era imposible que no se amaran.
—Entonces yo no fui un error, ¿Verdad?
—¿Error? —Niega—. Fuiste producto de un hermoso amor, Irene.
—¿Qué ocurrió que fui a dar con Katherine? Si se amaban tanto por qué…
—A veces el amor no es suficiente.
—¿Qué quieres decir con eso?
Virginia respira profundo y siento que se acerca la parte de la historia a la cual le tengo miedo.
—Tanto Helena como yo continuamos con nuestras relaciones en secreto, pensábamos que todo lo estábamos haciendo bien, pues llevamos meses sin ser descubiertas. Todo se fue al caño cuando en el décimo sexto cumpleaños de Helena nos fuimos de viajes a Londres.
—La foto… —Wendy también pareciera estar a punto de llorar. No sé qué estará pasando por su mente, pero luce bastante seria—. El profesor Mauro y tú eran novios…
—Éramos jóvenes y pensamos que podíamos con cualquier cosa, pero estábamos bastante equivocados —esta vez Virginia mira al profesor y pareciera que está parte de la historia fuera una explicación más para él que para mí—. Después de regresar del viaje, Richard había descubierto todo y está de más decir que todo se volvió un caos. Mis padres se volvieron locos y más aun cuando supieron de mi embarazo.
Bruscamente giré mi cabeza hacia Wendy y está lucia en shock. Sus manos temblaban ligeramente, sus lágrimas bajaban como cascadas y su boca se mantenía en una línea recta.
—Wendy…
Virginia intenta acercarse, pero Wendy se levanta de su asiento y se aparta bruscamente. Yo estoy impresionada y sin ninguna palabra que decir, si de esta forma me siento yo, ¿Cómo se sentirá Wendy?
—¡Wendy una mierda! Eres una mentirosa. Millones de veces te pregunte por mi padre, pero siempre me esquivabas y mis abuelos siempre me decían que él nunca me quiso, al igual que tú.
—Yo te amo, Wendy.
Ahora el caos está aquí, Virginia no para de llorar, Wendy solo grita, Mauro intenta apaciguar las cosas y yo… Yo me siento aún más perdida.
—Tu no amas a nadie, Virginia.
Mi mejor amiga sale corriendo de la habitación y en un intento de desesperación Virginia trata de ir por ella, pero Mauro la detiene.
—Yo iré por ella, termina de hablar con Irene.
Él no espera una respuesta y va tras su hija. Es tan raro, aún no logro asimilar que mi profesor sea el padre de mí mejor amiga.
—Sabía que llegaría este día, todo resultó peor de lo que espere. Lo siento.
—Tiene que disculparse es con ella. Sé que la perdonará, porque a pesar de todo Wendy te ama.
—Después solucionare lo de Wendy, ahora creo que debo terminar esta historia.
—¿Qué pasó con Helena después del viaje?
—Cuando mis padres descubrieron mi embarazo me encerraron. Durante nueve meses no supe lo que fue la luz del día, me alejaron completamente de la sociedad. Luego de dar a luz fue que puede saber de Helena y mi sorpresa fue saber que también estaba embarazada, mejor dicho, a punto de dar a luz. Con lo que no contaba era con que estuviera sumida en depresión total, según me contó Irene, tu abuela, no quería comer ni hablar con nadie y todo por unas supuestas fotos donde aprecia Warren con una mujer.
—¿La engañaba?
—Cuando vi la foto pude reconocer a la mujer. Era una prima de Warren que estaba pasando unos días en la ciudad, yo también la había celado con Mauro, pero ella no era más que una buena chica que estaba de paseo en Nueva York. Todo se volvió una mierda después que le conté quien era, ella entro en trabajo de parto y después de horribles horas tenia a Katherine contigo en brazos y mi única mejor amiga muerta.
Llevo las manos a mi boca para amortiguar mis sollozos, siento mi cuerpo descomponerse debido al dolor.
Virginia se ve tan destrozada, solo hace sentirme aún peor.
—Después de dar a luz Helena se complicó, en el apartamento no había lo necesario para socorrerla por lo que acabó muerta. Supe en ese momento que el causante del mayor dolor de Helena había sido Richard.
Niego. Me niego a creerlo.
—Mientras todos se enfocaban en Helena, Katherine y yo aprovechamos para salir a escondidas. No sé cuál fue el motivo de Helena enviarte a mí, o del por que dejarte en los brazos de Katherine, pero no me arrepiento de haber hecho lo que hice, porque era lo que ella quería.
—Quiero que todo sea una mentira.
—Yo tampoco tenía mucho poder, era una menor de edad con una hija de meses y unos padres furiosos dispuestos hacer lo que sea. Aceptaron ayudar a Katherine a cambio de que les cediera totalmente a mi hija… Y acepte. Era la única forma de mantener a salvo a la hija de mí mejor amiga.
—Todo es mi culpa, ¿cierto?
Su abrazo solo me hace querer llorar aún más.
—Yo no tenía opciones. Era una niña asustada, mis padres querían dar en adopción a mi hija y mantenerla a mi lado significaba mantenerme alejada, suena raro, ¿Verdad?
—No viniendo de los Holden.
—Mis padres no son los mejores del mundo, pero agradezco de que me hayan escuchado y las mantuvieran juntas. No sabes lo feliz que me hace que tú y Wendy sean tan buenas amiga.
—Quise sabe él verdad y ahora que la sé, no sé que hacer.
Tengo un dolor inmenso que no me deja pensar con claridad, la única persona que está en mi cabeza es Richard y del por qué me oculto todo esto, aunque no hay que ser muy inteligente para saberlo. Es porque el culpable de todo es él, el causante de este dolor que tengo es él, el llevo a su hija a la muerte.
—De Warren solo supe que estuvo en la cárcel.
—Está queriendo decir que…
—Se le acusó de la muerte de Helena. Para los Hoffman no les fue difícil culpar a Warren de todo, y más cuando Helena solo tenía 16 años y el 24.
Me levanto y voy de inmediato a la puerta de salida, ya es hora de que Richard me hable con la verdad.
—¿Qué piensas hacer?
—Hoy Richard Hoffman me dirá donde está mi padre.
Me suelto del agarre en que me tenia Virginia y salgo de la habitación. En el pasillo me encuentro a Wendy abrazada a Mauro, ambos me miran preocupados.
—Tengo que ir con Richard.
—Iré contigo.
Wendy se acerca y no duda en abrazarme. Ella me susurra palabras de apoyo mientras veo cómo Mauro habla con Virgina y luego se acerca a nosotras dispuesto a llevarme con el hombre que hace meses solo se hacía la victima conmigo.
Detengo cada una de mis lagrimas porque llorando no solucionará nada, ahora que sé parte de la verdad llego el momento de aclarar todo y que Richard de una vez por todas sea honesto conmigo, no merezco vivir engañada, no merezco que me mientan, no me lo merezco.
—¿Quieres que te acompañe?
Miro desde el auto el imponente edificio en donde he estado viviendo los últimos meses, ¿Seguiré viviendo aquí? No lo creo. No creo poder seguir viendo la cara de Richard después de que por meses estuvo pretendiendo ser la victima de algo de que en gran parte fue su culpa.
Wendy permanece expectante a mi respuesta, agradezco su apoyo, pero quiero hacer esto sola.
—Quiero ir sola. Además, creo que también tienes algo pendiente.
Elevo mi mentó en dirección al profesor.
—Pero quiero…
—Pero nada. Gracias por traerme profesor.
Trago grueso antes de salir del auto y entrar al edificio. El transcurso qué pasó en el ascensor se me hacen eternos, respirar se me vuelve complicado y mi mente está en estado de caos total. Soy un desastre total.
Entre todos mis problemas jamás pensé conseguir tal escena al momento en que se abrieran las puertas del ascensor. Una mujer afroamericana sale del despacho de Richard hecha una furia, Dash la sigue y él no luce mejor que yo.
¿Qué demonios está pasando aquí?
La mujer detiene el paso abruptamente y voltea hacia Dash.
—Te lo repito. Vuelves acercarte a mi hija y juro que no dudaré en denunciarte por acosar a una menor, así que será mejor que no la persigas. Aunque ya debe de estar bien lejos.
Ni siquiera me mira cuando pasa por mi lado para irse, mi corazón de parte cuando veo a Dash caer de rodillas.
—Se fue… —logra decirme cuando llego a su lado, mis manos tiemblan cuando toma su rostro entre mis manos. Sus lágrimas me desconciertan—. Él hizo que se llevaran a Kyia lejos de mí.
Sé perfectamente que ese él es Richard. Como puedo ayudo a poner en pie a Dash y entramos al despacho donde Richard se encuentra bebiendo Wiskey a punto del colapso.
—Ni se te ocurra abogar por Dash, Irene. ¡Se ha vuelto loco! Solo un loco se relacionaría con una menor de edad, una menor de edad que es la sobrina de la empleada de servicio.
De un solo trago bebe todo el líquido de su vaso. Le miró fijamente y no puedo creer que todo esté tiempo me mantuvo engañada, haciéndome creer que era la victima de mi padre, que era un pobre hombre que perdió a su hija.
—Irene, ¿Por qué me miras así?
—Eso es lo que mejor sabes hacer, ¿Cierto? —frunce el ceño ante mi tono de voz distante y frío—. Separar a las personas que se quieren. Eso mismo hiciste con mis padres.
Dash me suelta de inmediato, mientras que el rostro de Richard pierde todo el color.
—¿De qué hablas?
Veo el vaso temblar entre sus manos, me duele rectificar que Virginia tiene la razón.
—Sabes de que hablo. Quiero que sepa que hace poco hablé con Virginia Holden —su boca se abre en asombro—. Si, hablé con la mejor amiga de tu hija y me contó todo lo que nunca has tenido el valor de decirme.
Se apresura a llegar a mí, pero algo lo hace detenerse.
—Puedo explicártelo.
—¿puedes? No creo que tengas el valor suficiente para explicarme cómo fue que sin misericordia alguna le hiciste creer a mi madre que mi padre le había engañado solo para mantenerles alejados.
Escucho a Dash jadear.
—¡Las cosas no son así! Tienes que escucharme.
—¿Escucharte decir más mentiras? Estás consciente de que fuiste el culpable de que tu única hija entrara en depresión durante su embarazo, ¿No? Eso la llevo a…
—¡no! ¡Yo no mate a mi hija! —el vaso se estrella contra el piso haciendo brincar—. ¡Fue él! ¡Él lo hizo!
—No fue mi padre.
—¡Yo no sabía que era su prima! —ambos estamos llorando, no quería hacerlo, pero este sentimiento es más fuerte que mi voluntad—. No lo sabía… Hice lo que cualquier padre hubiera hecho.
Niego, no puedo seguir escuchándolo y como si Dash hubiera leído mi mente, me toma de la mano y me saca de aquí.
¿Puedo creerle a Richard? La respuesta es no.
Desconfío de cada palabra que dice, de sus actos, de su mirada, de todo. No creo poder en algún momento de mi vida volver a creer en algo que diga.
Mientras Dash maneja siento mi cabeza dar vueltas, cierro mis ojos e involuntariamente lloro en silencio. Quiero hacerme la fuerte, pero no soy más que un saco lleno de problemas.
—¿En donde estamos?
Pregunto cuando entramos en un edificio, Dash no se ha atrevido a preguntarme nada acerca de mis padres y lo agradezco, no creo ser capaz de volver a repetir la historia de Helena.
—Necesitas tiempo a solas y alejada de tantos problemas, así que creo que sería buena idea traerte a mi apartamento.
No hago preguntas, no respondo, ni siquiera le miro, porque sé que también está destrozado. Lo que ninguno de los dos no esperamos es que Kyia estuviera en la puerta del apartamento de Dash.
Ella deja la maleta de lado y corre directamente a los brazos de él, aunque Dash luce bastante sorprendido no duda en abrazarla de vuelta.
—Eh huido.
Dash tenía razón en decirme que necesito tiempo a solas y por lo que veo este lugar no es el indicado, este par tiene muchas cosas de las que hablar y yo no quiere ser mal tercio. Sin decir nada doy la media vuelta y voy hacia el ascensor para irme, ignoro el llamado de Dash y bajo hasta llegar a la calla.
Saco mi celular y veo una llamada entrante de Dash, la ignoro, además veo también unas llamadas perdidas de Wendy y cientos de llamadas sin contestar de Allen.
Sorbo por la nariz y apago el celular.
Me adentro entre las calles de Nueva York y ruego a Dios de que pueda perderme y así olvidar el día de hoy.



YariiTorrez

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En el texto hay: romance, amor, drama

Editado: 20.11.2019

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