La hija de Helena

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CAPITULO 26

—¿Segura que solo el té está bien?
Miro a Dalia y asiento. Dalia, así se llama la esposa de mí recién conocido padre. Después de nuestro encuentro el no ha dejado de hablar con Mauro y virginia, mientras que yo estoy en la cocina tratando de asimilar todo lo sucedido.
Miro a través de la ventana de la cocina que da vista a un pequeño jardín donde juega Iris, la otra hija de Jack.
Vuelvo de nuevo mi vista a Dalia y noto que está nerviosa, sus manos tiemblan ligeramente mientras lleva la taza de té a sus labios.
—Supongo que no es fácil tener aquí, ¿Cierto?
Ella abre enormemente sus pequeños ojos marrones al escucharme. Avergonzada, bajo la mirada.
—¡Claro que no! —se apresura a llegar a mí para levantar mi rostro—. Estás equivocada. Ven sentemos un momento.
Cuando tomamos asiento puedo detallarla mejor. Es bastante Bonita, su largo cabello negro haciendo contraste con su piel pálida, y los varios lunares que se esparcen por su rostro.
—Después de todo lo sucedido la vida de Jack no fue para nada fácil, no fue fácil para él seguir adelante. Se culpaba de todo, el mismo se castigaba y no se permitía ser feliz. Fue difícil sacarlo del hoyo en el que estaba.
—Yo no quiero estar en su vida para hacerlo sentir más culpable.
—A diferencia yo pienso que tú serás eso que le terminara de dar esa felicidad que tanto se merece.
—¿Para ti no será incómodo?
Ella ríe un poco y termino riendo con ella.
—No puedo molestarme e incomodarme con alguien que no está.
—Yo estoy nerviosa de salir y hablar con él.
—Jack es increíble.
Ella está muy enamorada. Cuando habla de él una sonrisa se dibuja en su rostro y es imposible negar que ella está verdaderamente enamorada de él.
Por la puerta de la cocina entra Jack con su hija en brazos. Nuevamente no aparta su mirada de mí, entonces es cuando los nervios empiezan a florecer.
—Mamá quiero jugo.
—Ven aquí princesa.
Iris pasa a los brazos de su madre y me es inevitable sonreír cuando empieza a preguntarle quien soy.
—¿Quieres salir a caminar un poco?
Bien, es ahora o nunca.
Este lugar me gusta bastante. Es tranquilo, fresco y bonito. El parque en el que llegamos solo hay unos pocos niños jugando tranquilamente, tenía tanto tiempo en no sentir esta paz.
—Me gusta este lugar. Es bastante tranquilo a diferencia de la ciudad.
—Fue una de las principales razones por las que vine a vivir aquí. Quería que Iris creciera en un lugar sin tanto estrés.
—Iris es hermosa.
—lo es. Es igual a su madre.
Uno de sus pies no deja de golpear el suelo y para mí es un consuelo no ser la única que esté nerviosa.
—Yo también estoy nerviosa.
Me gusta la forma en que sonríe.
—Eso es un alivio —le sonrió de vuelta—. Te pareces mucho a ella.
Su mirada recorre mi rostro y siento como si de alguna forma él estuviera buscando algo en mí para recordarla.
—Tienes sus ojos. Gracias a dios, porque sus ojos eran hermosos. Su cabello… Te pareces tanto a ella.
—Siento como si estar aquí es una tortura para ti.
Mi sorpresa es sentir que su brazo pasar por mi hombro y me paga más a su lado. El beso que deja a un lado de mi cabeza me proporciona una grata calidez.
—Tu eres prueba de que Helena fue real en mi vida, que la ame como un loco y que es hora de dejarla ir.
Me aparto y lo miro con ojos esperanzadores.
—¿La amaste?
—Estaba loco por ella.
—¿Entonces, por qué todo terminó de esa forma?
—Supongo que no todas las historias de amor terminan con un final feliz.
—El culpable de todo es Richard, ¿Cierto?
—No hay culpables. Por qué si hubiésemos sabido que todo terminaría así, ni yo me hubiera acercado a Helena, ni Richard hubiera encerrado a su hija.
—Pero…
—Después de tener a Iris comprendí que uno es capaz de cometer locuras por los hijos, incluso ahora que estás aquí no permitiré que nada te aparte de mí.
—Si tú perdonaste a Richard con tanta facilidad, ¿Por qué a mí se me hace tan difícil incluso decir su nombre?
—El tiempo es el que se encarga de todo. Richard supo que cometió un error, fue el quien después de varios años me dejó en libertad.
Niego, aún sabiendo eso mi corazón no se permite ablandar por Richard.
—No lo perdone con facilidad, incluso no se trató de perdonarlo, fue comprenderlo. La vida de ese hombre era Helena, era su única hija. Helena siempre fue enfermiza, por lo que la sobre protegía sin medida. Él perdió a su hija, a su esposa, había perdido el rumbo de su vida, y el odio lo cegó, y que mejor que desquitarse con el hombre que causó todo su dolor.
Aprieto su mano, brindándole la fuerza que necesita para continuar.
—Hace tiempo me culpa de todo, recordaba a Helena con dolor y añoraba todo lo que pudimos ser, pero agradezco a la vida de que ahora pueda recordarla con una sonrisa, sabiendo que la ame y que ella me amo a mí. Guardando en mi corazón todos nuestros buenos momentos y sabiendo que aunque sea un poco le brinde felicidad, porque ahora puedo decir sin dolor que Helena fue feliz a mi lado así como yo lo fui al lado de ella.
—Tuvo que haber sido difícil para ti.
—Lo fue, pero gracias a dios Lia apareció.
—¿La amas igual a como amaste a Helena?
Al ver su expresión me arrepiento de haber hecho eso pregunta.
—Nunca a más a una persona con la misma intensidad con que amaste a otra.
¿Y eso que quiere decir?
—Supongo que tengo que hablar con Katherine y agradecerle por todo lo que ha hecho por ti.
Katherine… Mi mamá. Ni siquiera he logrado comunicarme con ella, ni siquiera quiero imaginar como la debe de estar pasando sin saber nada de mí.
—Ella es mi madre, estuvo conmigo en todos los momentos más importantes de mi vida. Yo le debo tanto…
—Tranquila, ya tendrás tiempo para decirle todo eso y más —asiento dándole la razón—. ¿Qué tal si vamos a cenar? Estoy seguro de que debes de tener hambre.
Vamos de regreso y después de nuestra conversación algo se siente algo diferente entre nosotros, es como si cada uno supiera como se siente el otro y eso nos ayudara a tener mayor conexión padre e hija.
Justo frente a la casa de Jack se encuentra Wendy caminando de un lado a otro con su celular pegado a la oreja. Todo el silencio que reinaba en el lugar es interrumpido por ella, quien sabe con quien este peleando.
—¡No me importa! Ya te dije que tu amor te lo puedes meter por el culo.
Jack no puede aguantar la risa.
—Sin duda es hija de Virginia.
—¿en serio? —Le miro escéptica.
—De verdad, ahí donde ves a Virginia en su juventud fue terrible y con un vocabulario peor que el de su hija.
Lo acompaño en su risa y se me hace imposible creerle. Virginia es una mujer que derrocha clase, sería raro escucharla maldiciendo igual que Wendy.
—No quiero saber de ti, Izan. Y no te diré dónde estoy, si tanto quieres follar ve y follate a la zorra de Sarah.
Cuando termina la llamada podría jurar que casi lanza su celular, pero ya por último minuto se arrepiente.
Se da cuenta de nuestra presencia y corre de inmediata a abrazarme.
—Allen está loco por saber de ti y ni hablar de Dash.
—¿Ellos quienes son?
Pensé que Wendy no respondería a esa pregunta, pero con mi mejor nunca se sabe.
—El novio de Irene y su súper sexy primo.
—Oh… —Jack de verdad se ve incomodo—. Tienes novio.
—Si, pero Allen tampoco es la gran cosa —ella jala de mí para llevarme adentro y menos mal lo hizo porque no me hubiera querido imaginar que más hubiera hablado acerca de Allen—. Mejor vamos a cenar.
En la cena pasamos un rato agradable y me es imposible no pensar en las cenas que tenia con mis padres en Atlanta. No teníamos lujos ni cenas estrambóticas, solo cenas hechas con amor y la dedicación de mamá. Les extraño enormemente y las ganas de volver a casa me llenan.
Entonces es cuando me percato que mamá me dijo que cuando supiera la verdad volviera a casa. Ella sabía que de alguna forma yo iba a dar con lo que pasó realmente con helena y que sin duda iba a volver a su lado, porque la iba a personas y la iba a entender y por sobre todo que pase lo que pase yo la amo.
—¿Oye, que pasa?
Giro a ver a Wendy y noto que no es la única que me mira con preocupación.
—Esta cena con ustedes me hizo recordar a mamá y lo mucho que le extraño. Comprendí que tengo que volver a casa.
Jack estira su mano para tomar la mía.
—Yo te acompañaré.
Por la mirada de todos sé perfectamente que todos Irán conmigo y que no me dejaran sola, y eso de verdad me brinda alivio.
—Quiere ver la cara de mis abuelos cuando los mire juntos.
Wendy se ríe como si hubiera hecho el mejor chiste de todos, pero sus padres no opinan lo mismo.
—Esos no son chistes, Wendy.
Virginia le reprende, pero puedo notar que a Mauro se le escapa una pequeña risa.



YariiTorrez

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En el texto hay: romance, amor, drama

Editado: 20.11.2019

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