La hija de Helena

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CAPÍTULO 16

 

 

Allen

Conocí a Irene siendo tan solo un niño y juro que cuando la vi no podía ver a nadie más, entonces comprendí con los años que eso fue el amor a primera vista, que en realidad existía. Aunque era solo un niño, aun puedo recordarla como si tan solo hace unos instantes le hubiera conocido, con su vestido de flores rosadas, su cabello despeinado y ese diente faltante que le haca lucir condenadamente tierna.

Con el pasar de los años todo ella, incluyendo su belleza, sus defectos y cualidades me fue atrapando y enamorando cada vez más, como si fuera posible. En el momento en que por fin fue completamente mía una sensación extraña recorrió mi cuerpo haciéndome sentir invencible. Me sentía imparable y capaz de todo porque la tenía a mi lado y cuando de sus labios salió el primer te amo pensé que moriría y mi pensar cuando sus labios respondieron a mi primer beso no pude dormir durante esa noche, porque en lo único que pensaba era en poder saborear sus increíbles e inexpertos labios una vez más.

Era mía, completamente. Y me sentía afortunado.

En ese tiempo pensé tenerlo todo, una chica a quien amar, amigos en quien confiar, una madre que me amaba sobre cualquier cosa y un futuro brillante al lado de personas maravillosas. No obstante, cuando la felicidad te embarga es imposible pensar en los obstáculos que te pueda presentar el futuro, porque la felicidad te ciega de tal manera haciéndote sentir que eres capaz de superar todo sin importar lo que se presente. Puede que sea cierto, pero la felicidad necesita ir acompañada de fuerza, y hubo un momento en que la debilidad me venció.

Mi debilidad y los miedos de Irene me vencieron por completo dejándome hecho polvo, la amaba y ella a mí, ¿Por qué eso no era suficiente?

El separarnos fue lo más difícil que pude vivir en mi vida, creí por un momento que jamás nos encontraríamos de nuevo, que no podría ver ese azul asombroso de sus ojos, que no podría ser capaz de tocarla de nuevo, de hablar con ella, pensé que ella solo viviría en mi memoria… que justo ahora ella este aferrada a mi cuerpo es un milagro.

Poder tocarla de nuevo, hacerla mía, respirar su exquisito aroma, besarla, abrazarla… es un milagro.

Verla completamente desnuda pegada a mi cuerpo es una imagen que pensé que solo se mantendría guardada en mis memorias y que esta sensación incomparable jamás volvería a sentirla.

—Que estés aquí… los milagros deben de existir —le tomo por su pequeño mentón y le hago verme, porque sabía desde un principio que estaba despierta—. Te amo.

—Te amo —oírla decir que me ama me hace ser el hombre más completo sobre la tierra, esta sensación de calidez y de sentirme un hombre invencible solo lo hace ella cuando de su boca sale un te amo—. Pero sabes que esto está mal.

—Mientras me ames nada está mal para mí.

Mis palabras no parecen surtir el efecto que quería porque se aleja de mi para empezar a recoger su ropa, me molesta que lo haga, pero respiro profundo y trato de entenderla pues la situación en que ambos estamos no es nada fácil. Estoy tratando de ponerme en sus zapatos y la comprendo.

—Te vas —no puede evitar sonar dolido.

—Me voy, pero no porque quiera si no porque debo. Tengo muchas horas sin ir a casa deben de estar preocupados, Dash de seguro tuvo que haberle dicho…

—¿Vives con él?

Inevitablemente mi tono de voz sale brusco, el no molestarme se me hace imposible así que también empiezo a vestirme, al momento en que termino con lo mío observo que ya tiene su bolso sobre su hombro lista para irse, pero no quiero terminar de esta manera cuando pasamos tan buena noche juntos. Así que la jalo de brazo y la abrazo con fuerza para luego adueñarme de su boca.

Tengo a Irene de nuevo entre mis brazos es una oportunidad que no puedo dejar escapar por nada de este mundo. Me encanta sentir su cuerpo reaccionando a mis toques, amo sentir sus manos aferrarse sin querer dejar que me separe de ella, amor sentir su entrega, amo saber que me ama, amo saber que todavía a pesar de todo aun su corazón sigue siendo mío. No hay nada alrededor de Irene que odie.

—Dame tiempo —susurro—. Solo no quiero lastimar a Sarah, ni siquiera tenemos 3 meses intentándolo ―parece sorprendida por lo que le digo―. Sé que por esa cabecita tuya pasaron miles de cosas, pero la realidad es que lo mío con Sarah es reciente. Ella… ella prometió hacerme olvidarte, pero como comprenderás tu estas tan incrustada en mí que me es imposible olvidarte de la noche a la mañana y es porque condenadamente te amo de una manera que estoy seguro que no amare a nadie así.



YariiTorrez

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En el texto hay: romance, amor, drama

Editado: 20.11.2019

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