La hija de Zeus y Hera [1.2]

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Capítulo 27| Visitas al "asilo"

A I L E E N
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Salí del salón de té muy enojada con Artemis. Camine hasta llegar a mi oficina, escuche varios truenos en el olimpo. Debía controlarme o terminaría por hacer una tormenta muy poderosa. Pero me era difícil yo quería ver a mi abuelo Cronos, pero Artemis estaba tan negativo. A veces debería ser un poco como mis padres. Ellos toman una decisión y nadie puede cuestionarlos porque si no sufrirán su ira.

– vamos Aileen contrólate – le hable al reflejo de mi espejo, respire hondo para controlarme. Sentí que los truenos dejaron de aparecer en los cielos.

Tomé la tablilla con mis tareas y empecé a revisarlas necesitaba despejar mi mente. Además de que debía fijarme que el trabajo de los demás marche bien sino todo el mundo se volvería un caos. Hablando de caos me gustaría poder hablar con Alida, poder aclarar las cosas con ella y poder llegar a ser amigas. Los sonidos de unos golpes en mi puerta me sacan de mis pensamientos. En la puerta están mis primos mirándome sonriendo.

– vamos a ver al abuelo Cronos, Apolión descubrió una forma de verlo sin correr riesgo nosotros – hablo Ylenia levantando una mochila

– déjenme prepararme – corrí por unas cuantas cosas poniendo todo en mi mochila. Fui a mi habitación para cambiarme de ropa ponerme algo más cómodo, tomé mi brazalete escudo y mi peineta que se convertía en espada cuando lo necesitaba. En el tártaro no solo estarán mis abuelos y los otros titanes, sino que también muchos de los hermanos de mi papá que no lo quieren tanto debido a que el los encerró. También guardo algunos rayos conmigo, nunca se sabe cómo van a reaccionar con nuestra llegada.

Salgo de mi habitación encontrando a mi prima con su tridente en mano, en su muñeca su brazalete escudo, vestida con ropa cómoda. Mi primo a su lado tenía su casco puesto su anillo escudo y su espada estaba al costado de su cintura. Estábamos más que listos para irnos, Apolión saco un libro antiguo y recito un cantico en un griego antiguo. Se abrió un portal dejándonos ver al otro lado un enorme portón cerrado por una gruesa cadena. Atravesamos el portal y este se cerró tras nosotros dejándonos frente al enorme portón. Nos acercamos a las cadenas y pude notar tres símbolos.

– mmm... miren esto – señale los símbolos había un trueno, una ola y un cráneo – debemos utilizar nuestros poderes para abrir, esa es la llave – mire a mis primos que asintieron. Cerré mis ojos y sentí los rayos salir de mis manos golpe las cadenas y luego se unió el agua de Ylenia y el fuego de Apolión. Las cadenas desaparecieron para abrir el gran portón. Sonreí y cuidadosamente entramos al gran jardín del Tártaro, detrás de nosotros se cerró el portón y la cadena volvió a aparecer.

– la barrera de seguridad – exclamo Apolión encogiéndose de hombros

Seguimos caminando por el lugar y era un jardín enorme. Fuimos con sigilo para no llamar tanto la atención, no sabíamos que podía pasar. Caminamos por más de quince minutos dirigidas por Apolión llegamos a lo que parecía una estancia de té. Enfrente de nosotros una gigantesca mujer apareció de cabellos negros. Era nuestra abuela Rea que se sorprendió de nuestra presencia. En cuanto vio mis rayos el tridente de Ylenia y el casco de Apolión ella sonrió de felicidad.

– ustedes deben tener noticias de mis hijos – hablo con una voz dulce

– la verdad es que nosotros somos tus nietos soy la hija de Zeus y Hera, me llamo Aileen – hable un poco nerviosa

– hija de Poseidón y Nerea, soy Ylenia – se presentó mi prima sonriendo

– hijo de Hades y Perséfone, soy Apolión – saludo con la mano mi primo

– por los dioses ustedes son mis nietos – nuestra abuela nos abrazó – Cronos ven aquí tenemos visitas – ella grito mientras nos soltaba

– ya voy – se escuchó el grito de una voz profunda y masculina

– si llega a alterarse ustedes corran y váyanse lo más rápido que puedan no estuvo muy feliz con la última visita de nuestros hijos hace más de trescientos años – ella nos advirtió

Enfrente nuestro apareció un hombre gigante, tenía una barba algo larga sus ojos no podría describir su color. Tenía la apariencia de un guerrero, nos miró con curiosidad y cuando vio nuestras armas enfureció.

– ellos son los enviados por mis hijos – su voz salió estruendosa. Mire a mis primos y ellos estaban en posición de ataque.

– no esperen – grité demasiado fuerte jamás había gritado así. Juraría que se escuchó en todo el Tártaro.



Danny Baladon

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En el texto hay: hijadezeusyhera, princesadelolimpo, diosadelcielo

Editado: 07.05.2019

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