La Hija del Pastor

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Capítulo diez

Pasé, prácticamente, toda la tarde con ella. El agua parecía no cesar, lo cual agradecía enormemente porque el calor era infernal y esto haría que se apaciguara un poco. Estuvimos la mayor parte del tiempo en la cocina, pero la enorme ventana hacía que la luz de los relámpagos nos diera directo a la cara.

―Vamos a mi habitación ―sugirió y ni bien había terminado de hablar cuando un nuevo estruendo nos hizo brincar.

La cara de la chica frente a mí se transformó y hacía todo por evitar llorar. Caminamos tan rápido como podíamos, antes de entrar un nuevo estruendo rugió por todo el lugar. Instintivamente se aferró a mi brazo. Corrió para meterse a la cama y se hizo bolita. Sonreí y me senté cerca de ella.

―Tranquila. No pasará nada.

―No te vayas a burlas de mí ―fruncí el ceño. Sonaba herida.

―¿Crees que tu miedo es motivo para burlarme? Aunque debo decir que es interesante ver tus matices.

―¿Conoces la palabra matices? ―rodé los ojos― ¿Qué matices?

―La chica fastidiosa, la chica nerd, la chica tonta, la chica que ahora mismo se ve como una niña aterrada por los estruendos ―sonreí―. Toda tú. No creí ver tanto de ti.

―¿Por qué?

―Se supone que debemos desagradarnos ―la sonrisa de su rostro nunca se fue. Después de unos segundos de silencio ella habló.

―No me desagradas para nada ―suspiró―. Me has mostrado que eres lo contrario a lo que al principio parecías. En estos días he podido confirmar lo que papá me dijo, eres una buena chica. Quiero que sepas que no tengo un mal concepto de ti, aunque eso no quite que seas una fastidiosa.

―Tú tampoco me desagradas ―si tan sólo supieras―. Esto no quita que seas una tonta.

El sonido que se hizo presente se debió escuchar por todo el estado. Incluso yo brinqué, me puse más cerca de ella que estaba en posición fetal y temblaba. La casa retumbó y casi sentía que se nos veía encima; nunca en mi vida había escuchado algo así. Leves sollozos escaparon de sus labios después de unos segundos.

―¿Puedo tomar tu mano? ― pedí permiso; primero, porque no quería que me rechazara y no quería que sintiera que me estaba aprovechando de ella. Después de segundos que me parecieron eternos, ella asintió. Con sumo cuidado, como si estuviera a punto de hacer una operación muy importante, tomé su mano derecha que estaba sobre su rodilla. La levanté con mucha cautela y la tomé entre las mías. Con mis pulgares comencé a hacer círculos sobre el dorso de su mano― Respira profundo, Anita ―notaba la lucha que hacía por respirar normalmente―. ¿Quieres saber algo de mí? ―dije en un intento por distraerla.

―¿A… qué le… temes?

―Le tengo pavor a las cucarachas. Podría decirte que temía estar sola pero lo poco que he aprendido en estos días es que he estado sola todo el tiempo ―sentí como apretó su mano con la mía.

―Ya no… Ya no estás sola ―agradecí que no me estuviera viendo porque hubiera notado que me sonrojaba.

No necesitábamos decir más, el apoyo era mutuo; ella también valoraba lo que estaba naciendo entre nosotras. Quizá no con la misma intensidad con lo que yo, pero era algo. Después de muchos minutos sus respiraciones se hicieron más lentas y pausadas; se había quedado profundamente dormida. Llevé su mano a mis labios y deposité un beso, tardando más de lo necesario. Con el mismo cuidado con el que tomé su mano así la dejé de nuevo en donde estaba originalmente. Salí de la habitación cuidando no hacer mucho ruido y dejé la puerta abierta por si ella necesitaba algo. Caminé al patio donde anteriormente había lavado mi ropa y me quedé debajo de la lámina que cubría una pequeña parte del lugar. El sonido de la lluvia era aún más estrepitoso debajo de ésta. Me abracé mientras las gotas de agua salpicaban sobre mis pies y a lo lejos podía oír el rugir de los truenos. ¿Qué habría pasado para que ella temiera de tal manera? Papá siempre dice que todos nuestros comportamientos tienen una raíz; ya sea desatada por experiencias propias o por querer ser como alguien más. Pero, según él, las actitudes más radicales vienen de fuertes experiencias que hacen que cambien nuestras perspectivas. Que veamos el mundo con otros ojos.

No puedo ni comenzar a imaginarme lo mucho que pudo haber vivido Ana, simplemente no puedo. El sólo recordar su cara de terror la otra noche hace que el corazón se me estremezca. Esa simple mirada me dijo más de lo que quería saber. Sus orbitas cafés de pronto carecieron de vida y se llenaron de miedo en su más puro estado. Me revuelve el estómago el saber que alguien la lastimó con tal saña que tiene pesadillas sobre eso, que no lo puede dejar atrás. Sin pensarlo dos veces le ayudaría a aligerar su carga, a hacer su transición en esta vida un poco más llevadera. Sólo quería verla sonreír y más aún cuando sabía que algo la tenía tan mal.



Ale May

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En el texto hay: lbgt, chicaxchica, religion

Editado: 21.10.2019

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