La historia corta de Layla West

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S I E T E

Lo veo en sus ojos y no me lo creo Anthony, un magnate enamorado de una chica como yo. Por Dios ¿Dónde se ha visto esto?

Trató de zafarme de su agarre, pero él es más fuerte que yo. Mis nervios están cada vez más fuertes. Creo que ya no siento latir a mi corazón.

—Señor, por favor suélteme—trato de salir de su agarre.

— ¿Qué no me crees lo que estoy diciendo?— me paro en seco, mi respiración se vuelve más rápida. El mira hacia la puerta que esta media abierta, y esta es mi oportunidad, retiro mi brazo lo más rápido que puedo y salgo chispeadas de los vestidores. No se cómo lo hice, pero estoy afuera.

Me tropiezo con alguien y doy un pequeño grito, alzo la mirada y veo que es Scarlet. ¡Mis nervios!

— ¡Oh! Layla. Mira por donde caminas— me dice.

—Lo...lo siento, es que...

— ¿Por qué tan nerviosa Layla?— arquea una ceja, espero que no me haya visto salido de los vestidores. Lo dudo.

—Yo nerviosa— me río, una risa rara— es que... es mi primer día y pues...

— ¡Mira quién sale de los vestidores, es el Jefe! Es tan sexy...— dice mordiéndose el labio.

No quiero verlo, me aparto de ella y voy directo donde Emily. Señor mi corazón me late deprisa. Mis nervios hacen que me arda las orejas. Pero ¿Pero por qué Anth... ¡no el jefe! Me dijo eso? ¿Será una broma?

—Layla, estas bien. Te ves un poco pálida— dice ella acercándose a mí.

No creo que este pálida sino roja como un tomate, creo Emily necesita lentes urgentes.

—Si... es que esa... esa señorita me dejo bien agotada—digo sonriendo.

—Si pude darme cuenta, te tuvo aprisionada más de media hora y lo peor no se llevó nada— nos reímos, ella normal, yo falsa. Miro a los lados y no veo al jefe, mejor dicho no lo quiero ver por un buen tiempo.

Mis manos me sudan, espero que este día se acabe rápido, no aguantare más.

Me calmo un poco un poco y sigo con mi trabajo. Doblar y guardar.

. . .

Después de esa "Declaración", no vi más Anthony, para mí eso fue un gran alivio. Pero no he podido concentrarme. Pero gracias a Emily he podido hacer algunas ventas.

Ya es más del medio día y, mi panza comienza a pedirme comida.

—Layla, vamos a comer, conozco un restaurante donde te chuparas los dedos—sonrió.

—Bueno si es así vamos. No sabes cuanta hambre tengo— reímos juntas. Vamos a los Lockers y recogemos nuestra billeteras y los celulares.

Emily ha sido una excelente compañera, me ayudado mucho, es lo más cercano a una amiga. Es mi primer día y ya tengo una compañera-amiga. Ya estoy inventando palabras.

Caminamos dos cuadras más adelantes del local, entramos a un restaurante muy bonito y los precios que ni se diga. Elegimos una mesa cerca a la ventana y nos sentamos. Nos dan el menú. El lugar es agradable, el ambiente es excelente y muchas personas comiendo.

— ¿Qué vas a pedir Layla? Yo estoy entre la ensalada de pollo y la pasta... ¡no espera! hay pimientos rellenos, se ven riquísimo— dice Emily observando el menú.

—Bueno creo que voy a pedir una porción de lasaña con arroz verde, se ve apetitoso— digo dejando el menú en la mesa.

Una señorita se nos acerca.

—Buenos días Señoritas, soy Carmen y seré su camarera. Ya están listas para pedir— asiento

—Yo deseo una porción de Lasaña con arroz verde y una Coca-Cola bien helada— digo entregándole el menú.

Emily aún lo está revisando. Se soba el mentón y arquea una ceja. Me mira.

—Creo que tu opción de comida me interesa más— mira a Carmen— deseo lo mismo que mi compañera, pero en vez soda me trae un jugo de mora— Carmen anota todo y se va— no soy muy amante a la soda.

—Por Dios, si la soda es lo mejor que hay— nos reímos. ¡Sí! Amo la soda.

—Bueno, imagino que tú no eres de aquí, tu piel te delata— miro mis brazos blancos y sonrió.

—No soy de aquí, vengo de Boston para una vida nueva— ella asiente

La comida llega y comenzamos a devorarla toda; esta exquisita. En serio que esta para chuparse los dedos.

—Y ¿viniste sola aquí? — Una pregunta fácil de hacer y difícil de contestar para mí.

—Si— miro mi comida, creo que necesito desahogarme— mis padres murieron hace tres años, vivía con mi Tía y mi hermano... pero— siento que mis lágrimas me van a salir, tengo que ser fuerte.

—Layla— la miro— Lo siento por tus padres, yo cuando era pequeña perdí a mi mamá en un accidente, nos fuimos de vacaciones. Y ella quería tirarse en una cascada. Le dije que era una mala idea... pero de toda forma lo hizo— ella suspira, pero alza la mirada y sonríe— pero ella me cuida desde el cielo, también los hace tus papás.

Sonrío y tiene mucha razón. Mis padres estarían orgullosos, de ver en la mujer que me estoy convirtiendo.



Malex

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En el texto hay: bullying, romance juvenil, romances

Editado: 02.03.2019

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