La historia corta de Layla West

Tamaño de fuente: - +

D I E Z

Mi primer beso...

¿Pero que estoy haciendo? Anthony me está besando... abro los ojos, no me acuerdo en que momento los cerré.

Me separo de él, lo miro. Llevo sus dedos a mis labios, estoy sorprendida por su reacción y claro también de la mía.

Cuando salgo de mi trance, camino hacia mi carro, pero un agarre me lo impide.

— ¿Por qué te vas? ¿No te gusto?

No sé qué responder, jamás he estado en esta situación. Los nervios no me ayudan para nada. Trato de articular una palabra pero me es imposible.

—Layla, ¿Está bien?— me dice, pero ¿lo estoy?

—s... sí, ya me tengo que ir... mañana madrugo... y... y— maldición justo ahora mi lengua se trababa. ¡Por Dios!

— ¿Es tu primer beso?— me pregunta y abro los ojos como platos. Para que mentirle si es la verdad. Asiento.

Me abraza, y puedo sentir su corazón bombeando mil por hora.

—Anthony— digo, se separa de mí y me pone un dedo en mis labios.

Pega su frente con la mía, y suspira.

—Déjame disfrutar el momento— cierra los ojos y lo imito. Me siento en paz y en tranquilidad estando alado de él. Es como si todo el universo dependiera de esto.

Se aleja un poco, pero aun puedo sentir su respiración fuerte, cerca de mí. Me mira a los ojos y después a mis labios. Me besa de nuevo, y yo lo acepto. Me besa con delicadeza pero a la vez pasional.

Después de esa escena, paseamos por la playa. La temperatura de Miami, es maravillosa y ahora está mucho mejor.

—Ahora creo que ya es un poco tarde— saca su celular lo mira y me enseña, son casi las diez lo miro y asiente.

—Está bien, tienes razón. Te acompaño hasta tu auto— me da un beso en la mano sin quitarme la mirada, sonrió. Es muy romántico eso no lo puedo negar.

Me acompaña, llegamos al auto y me roba un beso, él me sonríe.

—Te veo mañana, me llamas cuando llegues.

—Está bien— saco las llaves del auto de la cartera y le saco el seguro. Me monto en el y arranco.

Me siento feliz, hace años que no me sentía así. Tengo ganas de gritar de llorar, pero de felicidad. Como quisiera que mi madre este en este momento alado mío para que aconseje.

Aun me acuerdo la primera vez que le conté que me gustaba un chico en el colegio.

Llego del colegio, busco a mi mama. Un olor a lasaña me llega, mi mama está cocinando mi comida favorita.

Corro hasta donde esta ella, me mira y sonríe. Le tengo que contar algo súper importante y sé que ella me puede ayudar.

—Hola mi amor, como te fue en el colegio— me dice, está batiendo una mezcla blanca, ha de ser la salsa bechamel.

—Hola Mami, muy bien— me quedo pensativa— ¿te puedo hacer una pregunta?

—Si Layla, dime ¿Cuál es?— me dice dejando la mezcla aun lado.

Me siento en un banco y dejo mi mochila en suelo.

—Como supiste, ¿Qué realmente estabas enamorada de papá?— Le digo, ella sonríe y piensa.

—Bueno... sentía que el corazón se me iba a salir cada vez que lo veía, me sudaban las manos y sentía una paz cuando estaba en sus brazos— apoyo mi rostro en mi mano y suspiro.

Mis papás están profundamente enamorados.

—Y ¿Por qué la pregunta Layla? ¿Alguien ya te robo el corazón?— dice tocándome la punta de la nariz.

Sonrió, ya me pescó.

—Bueno si y no— digo moviendo la mano de un lado al otro— es que me gusta un chico del colegio, tiene cabello castaño claro, sus ojos grises y piel blanca— suspiro— es perfecto.

—Que bien hija mía, pero escucharme no veas la portada del libro, léelo antes de arrepentirte

Levanto las cejas, ponga la cara de confundida.

— ¿Qué quieres decir?

—Que conozca primero el chico, antes de quererlo— sonrió, me pongo de pies y voy a darle un gran abrazo sé que fue buena idea preguntarle.

Sonrió, sé que gracias a ella soy como soy. Nunca voy a olvidar los lindos recuerdos que tuve con ellos.

Miro la hora, son casi las diez y media. Mañana tengo que madrugar como lo odio.

Gracias al trabajo vas a tener que comer, la palta no cae de los árboles, Layla.

Cuando alzo la mirada, alguien está en frente de mi auto, freno con las últimas. Mi corazón late rápido, la cabeza me late.

Cuando mi respiración vuelve hacer normal, bajo del auto lo más rápido que puedo. Y veo que el hombre que me detuvo es... Mi hermano.

Camino despacio hasta...

—Carl... pero ¿qué haces aquí?— digo con un hilo de voz. Mi corazón late demasiado rápido, trago saliva. Siento... no sé lo que siento.

— ¿Hermanita eres tú?— dice se acerca a mí, pero cojea. Los ojos se abren como plato cuando veo que tiene una herida en la pierna. Está perdiendo mucha sangre.

¡Dios que hago! Mis nervios salen a flotes, ya no respiro. Nunca me ha gustado ver sangre, me causa desmayo. Pero tengo que ser fuerte y soportar.



Malex

#13183 en Novela romántica
#2098 en Chick lit
#8564 en Otros
#3365 en Relatos cortos

En el texto hay: bullying, romance juvenil, romances

Editado: 02.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar