La historia corta de Layla West

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T R E C E

¿Alimentarme bien? Hace tiempo que no lo hago. Desde que estaba viviendo con mi tía, comíamos cuando queríamos.

—No— digo mirando a otro lado.

—También... Tienes varios hematomas por el cuerpo— dice tan despacio que parece susurro. Cierro los ojos fuertes. Intento no llorar, esos son recuerdos de mi vida anterior— ¿Quién te hizo eso?— dice con rabia.

Aprieta mi mano y me da un beso en la frente, abro los ojos.

—Eso son de los maltratos que sufrí en ese infierno, que le podemos llamar colegio— lo miro a los ojos, veo que siente lastima. No quiero que la gente la tenga—No me mires así— le digo

— ¿Así como?

—Con lastima— desvío la mirada.

Él me coge el mentón, y me lleva hasta su mirada.

—Amor no te miro con lástima... Solo preocupado, pero te voy ayudar. Veras que eso recuerdos van a quedar en el pasado.

Sonrió, me rueda unas lágrima por mis mejillas. Me da un beso en los labios, que gustosamente se lo devuelvo.

El doctor me da de alta, me dice que me puedo llevar a mi hermano mañana por la tarde. También me manda reposó, Anthony dice que se va ocupar que lo tenga, le sonrió.

Cuando voy a ver a mi hermano y le cuento, se pone contentó. Me haría bien estar con él y comenzar de nuevo.

. . .

Me llevo a mi hermano, Anthony se ofrece a ser nuestro chofer. Me dice que más tarde me traerá mi auto.

Cuando llegamos a casa, Carl la recorre de pies a cabeza. Le gusta, le indicó cuál es su cuarto y él lo acepta.

Lo dejo que descanse. Escuchó mi auto, salgo y abro la puerta de garaje para que lo entre.

—Deberías estar descansando— dice Anthony, bajando del auto y cierra la puerta.

—Estoy bien, te estaba esperando— digo, me da las llaves y entramos a la casa.

—Así que me esperabas a mí— me agarra de la cintura, y me da vueltas, grito y reímos.

Me da la vuelta y quedo enfrente de él, me da un tierno beso en los labios.

—Te voy a preparar algo de comer— dice el soltándole y caminado hacia la cocina. Lo sigo y me siento unos de los bancos que están en la isla de la cocina.

— ¿Y sabrá cocinar?— río.

—Para que usted sepa señorita, soy un gran Chef. Claro en mi imaginación— suelto una carcajada.

Después de preparar unos deliciosos Omelet, nos sentamos a degustarlos.

Me siento feliz, tranquila. Ahora sí puedo decir que estoy completa.

Nada puede salir mal.

Dos días después entro a trabajar de nuevo, Anthony me ayudo a sacar un certificado de salud. Le digo que todo tiene que ser cauteloso. Si nos descubren... mejor no pensar en eso.

La alarma suena, madrugar te odio, también le pedí que solo me pusieran en el horario de la mañana, así tendría más tiempo de cuidar a mi hermano. Aun no puede caminar bien. Lo tengo que llevar a terapia de próxima semana.

Me levanto y me doy una ducha rápida, me pongo mi ropa interior. Unos vaqueros negros y una blusa blanca. Lo peor que trabajo en un tienda de ropa y no me compro ropa, lo hare en mi día libre.

Camino al cuarto de mi hermano, me acerco a él.

—Carl... Carl—se mueve y abre los ojos.

— ¿Que paso hermanita?

—Me voy al trabajo, por favor no quiero que salga de la casa, hasta que yo llegue. En la refrigeradora hay...

—Layla, tranquila. Con esta pierna así, bajar las escalera va hacer difícil—cierto, no me he fijado en eso.

—Entonces ahorita te preparare algo...

—Layla—lo miro y sonríe—tranquila, yo puedo. Tengo muleta.

Suspiro, me despido y me voy al trabajo.

Parqueo el auto dos tiendas más atrás de mi trabajo. Me bajo, veo en celular la hora y falta cinco. Entro y camino directo a los Lockers.

— ¡Layla!—miro a un lado y veo a Emily, se acerca a mí corriendo. Cuando llega a mi sonrió, la brazo— ¿Cómo estás? Escuche que estabas en el hospital, ¿Qué te paso?

En verdad los cuentos llegan rápido, apuesto que Anthony, le conto a la supervisora y ella a los demás.

—Ya estoy mejor, solo tuve un decaimiento, es que... bueno mi hermano llegó a verme y tuvo un accidente y...

— ¡Un accidente! Y ¿Ya está mejor?

—Si gracias a Dios está bien.

—Señorita West, señorita Tomps. A qué hora se cambian, el local pronto va abrir—escuchamos a la supervisora, que está bajando las escaleras.

Caminamos rápido hacia los vestidores.

Una vez cambiadas, la tienda abre. La gente comienza a entrar y nosotros comenzamos a trabajar.

Estoy en los vestidores, ayudando a una clienta escogiendo un vestido de noche.

La puerta se abre y ella sale, se la ve divina. Una vez escogido su vestuario. Voy hasta las perchas de vestido de noche y pongo los demás vestidos en su lugar.

—Layla— giro la cabeza y veo a Edgar sonriendo, se acerca a mí—que bueno es verte de nuevo aquí, me dijeron que estabas enferma.

—Solo tuve un decaimiento, nada más. No es para tanto—acomodo los vestidos y sonrió.



Malex

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En el texto hay: bullying, romance juvenil, romances

Editado: 02.03.2019

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