La historia corta de Layla West

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Q U N CE

Conduzco hasta mi casa, veo la hora en el auto y son más de las diez. Llego a mi casa y lo veo hay, está apoyado en el auto viendo mi casa. Veo que lleva puesto unos vaqueros negros, una camisa azul y zapatos deportivos. Esa ropa le que fabuloso. Me estaciono atrás del auto de él. Me ve y endereza. Me bajo del auto y me acerco donde. Veo que tiene el rostro cansado, como si no hubiera dormido bien, la barba le ha crecido un poco.

Voy a saludarlo y me interrumpe.

—Podemos entrar—tiene el ceño fruncido, aún está enojado. Espero que no rompa esta relación, eso sería doloroso.

Asiento, abro las rejas. Entramos y el la cierra, llego a la puerta de madrea la abro, entro y el al último.

— ¿Tu hermano está aquí?—me pregunta.

—No, salió antes que yo. Espero que regrese pronto—el asiente.

—Necesitamos hablar—ya se lo que siente cuando te dice esas palabras, mis tripas se revuelven y mi corazón lo tengo en la garganta.

—S... si, sentémonos—el asiente, camino hasta el mueble. Me siento y él lo hace al frente mío en el mismo mueble.

—Primero quiero que me digas, ¿A dónde te fuiste?—me corazón se detiene, todo alrededor mío se detiene. Sabrá que me fui a la fiesta de Edgar, me habrá visto... y si no sabe, mejor no meto la pata.

—Fui a dar una vuelta, es... que no me gusta estar encerrada aquí—el asiente, sabrá o no. Me mira y siento como si estuviera buscando la verdad dentro de mí.

El extiende su mano y la pone encima de mi mano, lo miro y mi corazón late con fuerza. Me sonríe y yo limito.

—Layla, estos días que estado alejado de ti me ha hecho pensar que no puedo estar lejos de ti—mi corazón late demasiado fuerte, en estos momento no se si llorar o gritar de emoción.

—Yo... pensaba que ya no me ibas hablar más...

—No Layla, tú me hiciste abrir los ojos. En verdad tengo que confiar en ti. Sé que eres una chica especial, alguien que en verdad no me va a defraudar—sería un buen momento de decirle la verdad.

Se acerca a mí y me besa, le devuelvo el beso. Poco a poco el beso dulce se vuelve apasionado, su mano va hasta mi espalda y baja hasta el filo de la blusa.

Me separo de él, no puedo mentirle tengo que decirle la verdad.

—Anthony, espera—lo miro, sus ojos brillan. Sus pupilas están dilatadas, las mías han de estar igual.

—Dime, ¿no quieres?— ¿Qué? Un momento ¿Qué me perdí? Mis mejillas están rojas, el piensa que pare ¿Por qué aun no estoy preparada? En verdad que soy muy ingenua.

—No... bueno si—resoplo—es quiero decirte algo, que no solo fui a dar una vuelta, es que...

No puedo, enserio ¡No puedo! Tengo miedo de lo que va a pasar si le cuento. Tranquila Layla. El que no arriesga, no gana.

— ¿Es que, Layla?— me pregunta, pero parece más una orden.

—No solo... Edgar...

— ¿Qué paso con ese...?—se lleva la mano a la nuca y se muerde los labios.

—Me mandó un mensaje invitándome a una fiesta en la playa...

— ¿Y fuiste?—asiento. Se levanta del mueble como se lo hubieran picado algo. Suelta una palabrota y patea el mueble que está un lado.

Me levanto yo me acerco a él.

—Anthony, escúchame...

— ¡Layla!, ¿Por qué fuiste? Sabes que ese hombre no me llena confianza, no quiero que estés cerca del ¡él! ¿Dime que paso ahí?

Se acerca a mí, puedo sentir su aliento. Está muy enojado. Tiene el rostro rojo de la rabia y si mejor me hubiera cerrado la boca.

—Nada, me mandaste el mensaje y vine corriendo hacia aquí—ya no diré nada más. Eso quedará solo para mí.

—Enserio, ¿no hicieron nada más? ¡Dime la verdad!

La rabia me invade, no dejare que este me grite.

— ¡No me grites! ¡Ya te dije que no pasó nada más! ¿Qué parte no entiendes?

Se acerca más a mí, pega su frente con la mía, creo que él es bipolar.

—Es que no te quiero perder... tengo miedo—me abraza.

—No me perderás Anthony, yo solo te quiero a ti. Y eso nadie me lo quitara.

Me mira y me besa. Me aprieta contra él, me empuja y quedo arrimada en el mueble, me levanta y me sienta encima.

Se despeja de mí.

—Mejor olvidemos del tema y vallamos algo más interesante—sonrió, me besa, apasionadamente. Llevo mis manos a su cabello y lo revuelvo.

Sus manos vuelan hasta el filo de mi blusa, siento como sube por mi espalda despacio. Nunca he llegado a esto, en verdad tengo un poco de miedo. Pero ahora eso está quedando en según plano y que pase lo que pase.

—Menos mal que eran amigos— ¡Mi hermano! Me despego rápido de Anthony, él se mueve hacia un lado, me bajo del mueble.

¡Qué vergüenza! Miro a mi hermano, está sonriendo y tiene los brazos cruzados.

—Bueno, me tengo que ir—dice Anthony. ¿Me va a dejar así, sin ayudarme?—te veo mañana—asiento, se acerca para besarme pero lo duda un rato. Me da un beso rápido en los labios y se va.



Malex

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En el texto hay: bullying, romance juvenil, romances

Editado: 02.03.2019

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