La historia corta de Layla West

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D I E C I N U E V E

Camino por un túnel negro, escucho lamentaciones. Esta oscuro pero puedo distinguir gente, están abrazos llorando pidiendo ayuda. Trato de acelerar el paso.

Al final veo una luz, es un incandescente. Camino hacia ella tengo que buscar la forma de salir de este lugar. Ya me estoy acercando.

—Layla no te vayas— escucho detrás de mí.

Me doy media vuelta, no veo a nadie pero escucho la voz una y otra vez. Esta se rompe.

—Layla— me doy media vuelta y veo a mi hermano. El corazón me late rápido y mi respiración se altera.

Corro abrazarlo, y el a mí. Las lágrimas ruedan por mis mejillas.

—Hermano mío, hermano querido—lo abrazo fuertemente, me separo y cojo su cara con mis manos. Él pone las suyas en las mías, están caliente. Sonrió.

—Tienes que despertad— me dice, tengo el ceño fruncido ¿Despertar? Y no lo estoy— tienes que hacer tu vida, aun no es tú tiempo.

—Pero yo...

—Siempre vamos a estar contigo, te vamos a cuidar— veo que se aleja, quiero abrazarlo, quiero estar con él. Pero estoy pegada al piso no puedo moverme— Despierta Layla.

Abro los ojos despacio, me siento inmovilizada. Escuchó pitido con sollozos... ¿De quién es?

Tengo un aparato, que tapa mi boca y la nariz, respiro por ahí. Muevo mis ojos, y veo unos ojos azules que los recuerdo muy bien.

Pero tiene los ojos rojos, sus mejillas están mojadas de tanto llorar. Eso me parte el corazón, Anthony es un hombre fuerte y verlo así es... Duro.

El me mira y su sonrisa se extiende, mi corazón late es como si me estuviera enamorando de el otra vez. Me da un beso en la frente, cierro los ojos y ese beso dura una eternidad. Los abro.

—Voy avisarle al doctor que ya despertaste— me sujeta la mano y camina hacia la puerta, sale de la habitación.

¿Llamar al doctor? Estoy en el hospital.

La puerta se abre entra un señor más o menos de unos sesenta años, cabello blanco, ojos mieles y la tez aceituna. Atrás de él, una enfermera y Anthony.

Me sonríe y se acerca a mí, me retira el respiratorio. Respiro mi propio aire. Aun escucho los pitidos.

—Bueno ¿Cómo se siente mi poderosa paciente?— me dice apuntando una lucecita en mis ojos.

Trato de hablar, pero tengo la boca reseca.

—A...gua— digo

—Claro, haz de tener la boca reseca después de tanto tiempo dormida— se acerca donde una enfermera, ella asiente.

Después de unos minutos me traen una bandeja con comida, sopa de pollo, ensalada del mismo, gelatina y agua.

Me acomodan la cama para poder estar sentada. Bebo el agua primero, me devoro la sopa y la ensalada. Me como la gelatina despacio.

—Bueno ahora si dígame ¿Cómo se siente?

—Me duele el cuerpo— trato de moverlo— ¿Por qué estoy aquí?— pregunto. Al recordar, todo me es borroso.

—Tuviste un accidente automovilístico, donde sufriste varios golpes en tu cuerpo, en tu cabeza. Estuviste una semana en coma— ¿Estuve en coma? ¡Una semana! Abro los ojos al escuchar eso— cuando llegaste aquí estabas grave, no te dábamos mucho tiempo de vida. Pero fuiste muy fuerte y te aferentes a la vida y luchaste mucho. Tuvimos que operarte, se te incrusto un vidrio en tu hombro del brazo derecho—veo que está cubierta por gasa.

>>Anthony jamás se separó de ti— lo miro, el doctor prosigue— creo que él fue tu fuerza. Te haremos unos exámenes más y podremos darte de alta.

—Gracias doctor— dice el, se dan un abrazo y el doctor sale de la habitación acompañado de la enfermera.

No despego de la mirada de él, quiero acordarme que fue lo que causo el accidente. Capaz él lo sabe.

Sienta en una silla que esta alado de la cama, me da una pastilla y me la tomó sin chitar.

Me recuesto en la cama, no lo dejo de mirar.

— ¿Qué es lo que provocó el accidente?— lo digo fría, creo que tengo una idea de que fue culpa de él.

El baja la mirada, la pregunta le incomoda. Miro su cara por primera vez, tiene un corte en el labio, también un moretón en la mejilla.

—Fuiste al local, Emily me comento que quieras verme. Pero antes que llegaras, Scarlet estaba hablando conmigo... Estaba tranquila hasta que comenzó a aproximarse más a mí, también estaba no se creó... que coqueteándome— creo que ya lo estoy recordando todo— le dije que se alejara. Pero de un momento a otro me beso, trate de alejarla hasta que escuche tus sollozos.

Mi corazón late rápido todos los recuerdo me invaden, la muerte de mi hermano, el beso y el accidente. El pitido de la maquina se hace más fuerte. Mi respiración se acelera.

Me aprieta la mano y cierro los ojos, las lágrimas me saltan. No lo puedo soportar. Como en una ciudad que pensaba que sería mi salvación, se convirtió en mi destrucción.

—Sal de aquí... ¡Aléjate de mí!— digo llorando, la voz se me rompe.

—Layla, escúchame— comienza a llorar.

— ¡SAL DE MI VIDA!— grito, lloro.



Malex

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En el texto hay: bullying, romance juvenil, romances

Editado: 02.03.2019

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